La invención de la brújula no fue solo un avance técnico; fue una revolución psicológica. Por primera vez, el ser humano dejó de mirar al paisaje para mirar a un objeto; dejó de interpretar la naturaleza para confiar en una fuerza invisible que poco comprendía: el magnetismo terrestre.
En esta entrada recorremos la historia y evolución de la brújula, desde sus remotos orígenes en los rituales mágicos de la antigua China hasta el instrumento de precisión que hoy llevamos en la mochila. Un viaje a través de textos olvidados y mapas antiguos para entender cómo una pequeña aguja imantada nos dio, finalmente, la libertad de perdernos.
TABLA DE CONTENIDO
- Introducción
- El origen chino de la brújula
- La primera brújula documentada: el pez apuntando al Sur
- De los rituales adivinatorios a la navegación
- Introducción y difusión de la brújula en el Mediterráneo: una cuestión abierta
- Historia de la brújula en Europa
- Evolución tecnológica de la brújula
- La historia de un nombre: etimología de la palabra “brújula”
- Cronología de la historia y evolución tecnológica de la brújula
- Conclusión
Introducción
Las culturas de todas las latitudes, antes de la invención de la brújula, habían desarrollado sistemas de orientación precisos y complejos. Estos sistemas se basaban en los mapas mentales y la observación de elementos naturales como el Sol, la Luna, las Estrellas y el Viento. A estas técnicas se sumaba la progresiva acumulación de experiencia directa en las rutas.
Un ejemplo notable lo ofrece el Pacífico. Los navegantes polinesios desarrollaron la “senda de estrellas“, un método que combinaba la observación de los astros con el análisis del oleaje, el viento y las nubes. Este sistema, aún en uso, permite navegar en mar abierto y arribar a las islas con gran precisión, compensando el abatimiento y la deriva con maestría.
Otro ejemplo fascinante nos viene del historiador noruego Ara Frode, quien relata que los vikingos soltaban cuervos para determinar la dirección de la tierra firme. También se dice que utilizaban un cristal especial para localizar el Sol incluso en días nublados y hasta una hora después del atardecer.
Sin embargo, la invención de la brújula tuvo un enorme impacto en la historia mundial, marcando un punto de inflexión en la navegación. Esto se debió a que todos los métodos de orientación basados en la observación de la naturaleza dependían de las condiciones climáticas y de la hora del día o la noche. Las estrellas pueden quedar ocultas tras densas nubes, el Sol solo es visible durante el día, y los vientos cambian de rumbo de forma repentina, influenciados por la orografía del territorio o la costa.
La brújula fue el primer instrumento de navegación capaz de establecer un rumbo sin depender de las condiciones ambientales, permitiendo a los marinos orientarse incluso con escasa o nula visibilidad.
No obstante no fue nada fácil. Como veremos a continuación, fueron necesarios siglos de avances tecnológicos para que la brújula se convirtiera en el instrumento preciso y fiable que conocemos hoy.
Origen chino de la brújula
Sabemos con absoluta certeza que fueron los chinos quienes inventaron la brújula. Pero, para que este dispositivo se convirtiera en la refinada herramienta de navegación que hoy conocemos, tuvieron que pasar siglos e intervenir diversas culturas tanto orientales como occidentales.
Los chinos conocían las propiedades de la magnetita, componente básico de la brújula, desde tiempos muy antiguos. La primera mención china a este mineral aparece en un documento que data de alrededor del 806 a.e.c., en una descripción del palacio de Chi’in Shi Huang Ti. Según el relato, el palacio tenía una puerta hecha de magnetita que permitía detectar armas ocultas, ya que al atravesarla, los objetos metálicos eran atraídos irremediablemente.

A pesar de esta temprana referencia, pasaron siglos hasta que los chinos desarrollaron un dispositivo capaz de indicar una dirección. Este primitivo antecedente de la brújula se menciona en un texto de la época de Wang Mang, único emperador de la dinastía Hsin (9-23 d.C.). Se trataba de una cuchara de magnetita, colocada sobre una placa de bronce. Gracias a sus propiedades magnéticas, la cuchara giraba hasta detenerse, con su mango señalando el sur y su parte cóncava apuntando al norte. La placa contenía inscripciones con los puntos cardinales, referencias a constelaciones y otros símbolos e informaciones importantes. Este artefacto, conocido como “Cucharón de su Majestad“, a pesar de indicar con claridad el norte y el sur magnético, tenía un uso ritual y adivinatorio, más que práctico.

Una segunda mención a este dispositivo se encuentra en el “Lung Heng”, obra del 83 e.c. atribuida a Wang Ch’ung, donde se describe un ritual adivinatorio practicado alrededor de una mesa, en cuyo centro había el plato magnético con la cuchara y, en sus bordes, las 28 constelaciones “hsiù” con las que los chinos dividían el cielo.
La primera brújula documentada: el pez apuntando al sur
El 1950 marcó un hito en la historia de la brújula. El investigador Li ShuHua, de la Columbia University, descubrió en un antiguo texto del 1040 e.c., el Wujing Zongyao, la primera descripción de una brújula funcional. El documento menciona un cuenco con agua donde flotaba un pez de madera con una piedra imán en su interior, conocido como “pez apuntando al sur“. Su autor, Tseng Kung-Liang, ofrece un análisis científico y experimental sobre su fabricación y magnetización.

Apenas unas décadas después, en 1086, más de un siglo antes de que en Europa se hiciera la primera mención a la brújula, el sabio chino Shen Kuo, en su obra “Meng Ch’i Pi T’an”, describe por primera vez una aguja magnetizada. Explica que la aguja era frotada con magnetita y luego colgada con un hilo de seda mediante un poco de cera. Esta innovación marcó un avance clave en la evolución hacia la brújula moderna.
El ingenio e imaginación China no se detienen. Entre 1100 y 1250, en el “Shih-Lin Kuang-Chi“, se documenta el uso de brújulas con magnetita incrustada en figuras de madera con forma de tortuga, equilibradas sobre un palito de bambú, que les permitía girar libremente y orientarse hacia el sur.
De los rituales adivinatorios a la navegación
El punto de inflexión en la historia de la brújula llegó con su aplicación a la navegación. La primera mención china sobre su uso marítimo aparece en el período 1111-1117, en el libro “Phing-Chou Kho T’an”, donde se describe cómo los pilotos de barco observaban la configuración de las costas, usaban las estrellas por la noche y el Sol durante el día, pero en condiciones de cielo nublado, recurrían a la aguja magnetizada que apuntaba al sur.
Esta tardanza en la adopción de la brújula para la navegación se debe probablemente a que la economía china estaba basada en la agricultura, con escaso comercio marítimo. La mayor parte de las mercancías se transportaban por ríos y canales, donde la brújula no era necesaria. Por ello, los chinos se interesaron más en sus usos mágicos y rituales que en su aplicación práctica.
Inicialmente, la brújula se utilizaba en geomancia, adivinación y feng shui. En esta tradición, los vientos eran considerados espíritus de la Tierra, y las aguas, un símbolo de purificación y renovación. La respuesta de la brújula a fuerzas invisibles, que hoy reconocemos como el campo magnético terrestre, se consideraba una manifestación mágica.
Desafortunadamente, la santa ignorancia de los occidentales nos impide ahondar más profundamente en la historia de la brújula. Los jesuitas, que ejercían un considerable control en China a principios del siglo XVII, prohibieron la lectura de libros sobre muchos temas, incluido el feng shui, y ordenaron la quema de estos textos. Muchos documentos de inmenso valor fueron destruidos.
Uno de los casos más impactantes fue el de Li Ying-Shih, un erudito convertido al cristianismo en 1602, que había reunido una biblioteca impresionante con manuscritos antiguos sobre adivinación y feng shui. Sin duda, estos textos muy probablemente contenías información preciosa sobre la invención, desarrollo y uso de la brújula. La destrucción fue meticulosa: tardaron tres días en quemar todos los libros de Li Ying-Shih. Además, los jesuitas también prendieron fuego a las tablas grabadas utilizadas para imprimir, asegurándose de que los libros prohibidos no volvieran a circular.

A pesar de cuando dicho, no se puede descartar que la brújula se utilizara en la navegación antes de lo documentado. Algunos historiadores sugieren que los chinos ocultaron el uso náutico de la brújula por razones estratégicas. Al transportar en sus barcos extranjeros y sacerdotes taoístas, ambos grupos visto con recelo, es posible cree que prefirieron ocultar cuidadosamente este conocimiento hasta el siglo XI.
Introducción y difusión de la brújula en el Mediterráneo: una cuestión abierta
No sabemos con exactitud cuándo ni por quién fue introducida la brújula en el Mediterráneo. Para el siglo XII, Venecia, Génova, Pisa y Amalfi se habían consolidado como ciudades-estado con intereses marítimos y conexiones tanto con Oriente como con el norte de Europa. Estas ciudades se convirtieron en centros de intercambio de ideas, descubrimientos e innovaciones en la navegación. Es plausible, aunque no comprobado, que en Amalfi —como se ha considerado tradicionalmente— se haya adoptado y perfeccionado la brújula con fines náuticos, encerrándola en una caja de boj y dándole una apariencia más cercana a la que conocemos hoy.
Otra hipótesis verosímil, plantea que el uso del imán fue transmitido a Occidente por intermediarios indios y árabes, que comerciaban con los chinos en el océano Índico. Durante el periodo de las Cruzadas (1096-1291), las relaciones políticas y comerciales entre Oriente y Occidente fueron intensas, y la península ibérica, parte activa y brillante del mundo musulmán, fue un lugar de profunda osmosis entre las dos culturas.
El primer testimonio escrito sobre el uso de la aguja magnética entre los árabes proviene del geógrafo e incansable viajero ceutí Al-Idrisi (1100-1166), quien, además de sostener la esfericidad de la Tierra, nos dejó una detallada descripción del Faro de Alejandría. Otro documento que confirma el uso del imán entre los árabes es un manuscrito de 1282 de Bailacel al-Kabiaki. Este texto narra un viaje entre Trípoli y Alejandría en 1242 y describe con precisión cómo los navegantes empleaban la brújula:
“(…) Los capitanes, cuando el cielo está oscuro y no pueden orientarse por las estrellas, toman un recipiente con agua y lo protegen del viento. Luego, toman una aguja fijada a un tubo para que flote y la colocan en el agua. Posteriormente, acercan una piedra magnética grande que cabe en la palma de la mano y la hacen girar sobre la superficie del agua. La aguja, siguiendo el movimiento de la piedra, gira a flote hasta que, al retirar la mano de repente, se alinea con el Norte y el Sur (…).”
Otra referencia a la brújula en el mundo islámico proviene del persa Awfi (1232-1233), quien relata cómo, durante una tormenta en el océano Índico, vio a marineros árabes utilizar un “pez de hierro imantado” flotando en un recipiente, clara señal de una derivación China del instrumento utilizado por los Árabes.

En cuanto a la disputa sobre quien introdujo el instrumento en el Mediterráneo, es significativo que en árabe la brújula se designe como “būṣala”, un término derivado del italiano. No creo llegaremos nunca a una conclusión, pero es importante tener en cuenta que el Mediterráneo, en aquel tiempo, era un hervidero de ideas y comercio. Los lazos entre el mundo musulmán y el occidente hacían del mar un espacio cultural único y compartido. El mismo Al-Idrisi fue, durante años, parte de la corte del Rey de Sicilia Ruggero II de Hauteville y los mercaderes Genoveses eran una presencia habitual en Cádiz, Sevilla, Málaga y en el Reino de Granada. Hasta los nombres de los vientos acabaron por traspasar las fronteras de los idiomas, así que Siroco viene del árabe, Mistral del Francés, Tramontana es un nombre italiano creado a partir del latín…
En cuanto a la disputa sobre quién introdujo la brújula en el Mediterráneo, resulta significativo que en árabe el término para designarla sea “el bossola”, de evidente similitud con el italiano. Tal vez nunca lleguemos a una conclusión definitiva, pero lo cierto es que en aquella época el Mediterráneo era un hervidero de ideas y comercio. Los vínculos entre el mundo musulmán y Occidente hacían del mar un espacio cultural único y compartido. Al-Idrisi mismo pasó años en la corte del rey normando de Sicilia, Roger II de Hauteville, y los mercaderes genoveses eran habituales en Cádiz, Sevilla, Málaga y el Reino de Granada.
Creo que sería sabio tomar una posición neutral: quizás la brújula nos llegó por diferentes caminos, llevada por gente de diferente piel, idioma y cultura, como siempre ha pasado entre las orillas de nuestro mar.
La historia de la brújula en Europa
Las extrañas propiedades del imán eran bien conocidas en Occidente desde la antigüedad. El primer europeo que describió las propiedades de la magnetita fue el filósofo griego Tales de Mileto (624-546 a.e.c.). Sin embargo, a pesar de este temprano descubrimiento, nadie pensó en aplicar el imán a la orientación.
La primera mención de la brújula en Occidente data del año 1186 e.c. en el libro “De Rerum Naturis”(enlace al texto completo en inglés), escrito por el abad agustino inglés Alexandre Neckam (1157-1217). No sabemos dónde vio la brújula, pero es poco probable que haya sido en Inglaterra. Se sabe que estudió en París y que acompañó al obispo de Worcester en un viaje a Italia. Dado que muchas fuentes afirman que los navegantes italianos fueron los primeros europeos en usar la brújula, es posible que la descripción de Neckam corresponda a una brújula náutica italiana.
La siguiente referencia aparece en versos dentro del poema “La Bible” del monje francés de Cluny, Guyot de Provins, escrito entre 1203 y 1208. No se sabe cómo obtuvo información sobre la brújula, pero se conoce que viajó a Oriente durante la Tercera Cruzada (1189-1192), por lo que pudo haber visto una a bordo de una nave rumbo a Tierra Santa.
Diez años después, en 1218, el obispo de Acre y cruzado Jacques de Vitry escribió con entusiasmo sobre la brújula, destacando no solo su utilidad en la navegación, sino también las propiedades atribuidas a la magnetita. De Vitry creía que protegía contra la brujería, servía como remedio contra el insomnio y hasta actuaba como antídoto contra el veneno. En este enlace encontrarás un artículo hermoso sobre el tema, pero necesitará registrarte (es gratuito).
En 1269, el científico francés Petrus Peregrinus de Maricourt escribió la “Epístola de Magnete”, un tratado sobre la brújula (texto completo aquí) en el que describió dos tipos: la brújula de pivote, donde la aguja estaba suspendida en el aire por un delgado tallo, y la brújula flotante. Peregrinus creía erróneamente que la Estrella Polar atraía la aguja magnética. Tres siglos después, el matemático y filósofo inglés John Dee (1527-1608) anotó en su propia copia de la “Epístola de Magnete” que Peregrinus estaba equivocado, pues en realidad la aguja se orientaba hacia el polo magnético.
El abogado y notario italiano Francesco da Barberino (1264-1348) publicó en 1313 los “Documentos de amor”, donde ofrecía consejos sobre la vida en el mar. Entre ellos, recomendaba construir una brújula en caso de naufragio. Otro italiano, el renombrado poeta Dante Alighieri, utilizó la brújula como metáfora de la atracción del alma hacia la rectitud y el amor eterno.
A partir aproximadamente del año 1300, la brújula se utiliza con una rosa de los vientos, que parece haber sido una invención del gran filósofo Mallorquín Ramón Llul.
En cuanto al norte de Europa, el uso de la aguja imantada llegó cuando ya se había difundido ampliamente en el Mediterráneo. Los barcos genoveses y venecianos solían fondear en Cádiz o Sevilla en su ruta hacia el norte de Europa, facilitando la transmisión de conocimientos sobre la brújula.

Evolución tecnológica de la brújula
Desde el cucharón Chino a las modernas brújulas hay un trecho y una historia… Como mencionamos, los chinos no solo inventaron la brújula, sino que también comenzaron a perfeccionarla. La primera gran mejora fue la sustitución de la magnetita por una aguja de hierro magnetizada. Esta aguja podía flotar en agua o suspenderse en el aire mediante un hilo de seda, lo que permitió que las brújulas fueran transportables y se pudieran usar a bordo de embarcaciones sin dificultad.
En sus inicios, la brújula se usaba solo cuando las estrellas no eran visibles, ya que los marineros no confiaban plenamente en ella. Sus principales problemas eran:
- Magnetización temporal
- Interferencia del hierro a bordo, que afectaba la precisión de la aguja.
- Desviación de la brújula respecto al Norte verdadero indicado por Polaris, un fenómeno que hoy conocemos como declinación magnética.
Este último problema no se pudo calcular correctamente hasta 1581, cuando Robert Norman publicó “El Nuevo Atrayente”, donde explicaba tanto la declinación como la inclinación magnética y describía un método para calcularlas.
A pesar de estos límites, los marinos, poco a poco, fueron mejorando el instrumento…
Innovaciones en la brújula durante la Edad Media
Entre los siglos XIII y XIV, la brújula se desarrolló rápidamente en el ámbito mediterráneo, especialmente en el Reino de Aragón y las Repúblicas Marineras Italianas, impulsada por el auge del comercio marítimo internacional.
Uno de los avances más importantes fue la sustitución de la aguja flotante por una aguja pivotante montada sobre un pivote dentro de una caja o carcasa. Poco después, se incorporó en su interior la rosa de los vientos, cuya invención se atribuye al mallorquín Ramón Llull.
El uso de la aguja pivotante está registrado por Ugo de Bercy en 1248 y por Petrus Peregrinus de Maricourt en su obra “Epístola de Magnete” de 1269, donde además describe una brújula con la rosa de los vientos integrada.
A pesar de estos limites, entre el siglo XIII y XIV, primariamente en el ámbito mediterráneo (Reino de Aragón y Repúblicas Marineras Italianas), la brújula se desarrolla rápidamente, probablemente debido al enorme crecimiento del comercio marítimo internacional. Cuanto a Flavio Gioia, legendario marinero que se decía que inventó en 1302 la brújula moderna, nunca existió. El origen de su leyenda se debió al humanista Flavio Biondo, que atribuía la invención del instrumento a los navegantes de Amalfi.
La suspensión cardán y la brújula líquida
En el siglo XVI, la suspensión cardán, que estabilizaba la brújula en movimiento, fue aplicada a los barcos. Se atribuye su introducción a Jannello Torriani, un navegante de la ciudad italiana de Cremona, quien la implementó en las naves de Carlos V. Esta innovación hizo que la brújula fuera más estable y su uso se volviera imprescindible en la navegación.
Durante los siglos siguientes no asistimos a ningún avance concreto a pesar de que todavía quedaban dos grandes problemas: las brújulas secas eran fácilmente perturbadas por golpes y vibraciones, mientras que las nuevas brújulas líquidas sufrían de fugas y eran difíciles de reparar.
La solución llegó solo en 1862, cuando se fabricó la primera brújula líquida con un sistema de fuelles que compensaba la expansión del líquido, evitando fugas. Este avance hizo que las brújulas secas quedaran obsoletas.
La brújula moderna: precisión y portabilidad
De acuerdo con el National Museum of American History, el 7 de abril de 1863 Edward S. Ritchie de Boston patentó una brújula líquida mejoradas, de mayor precisión. Se distinguía de sus predecesoras por tres características:
- La aguja magnética está cerrada herméticamente en un estuche metálico y tiene una densidad prácticamente igual a la del líquido
- El flotador de la aguja tiene forma de cilindros cruzados.
- Una cámara elástica compensa la expansión desigual del líquido y el cuenco.
Finalmente, en 1902, Johann Ritter von Bézard, un oficial de origen polaco al servicio del Ejército Imperial Austriaco, patentó un nuevo modelo de brújula portátil dirigida a soldados y exploradores: el Universal Bézard-Kompass (Brújula Universal Bézard). Esta brújula se destacó por la inclusión de una mira, compuesta por dos alambres transversales, y por incorporar un clísimetro y un nivel de burbuja en la tapa del instrumento. Gracias a estas innovaciones, la brújula Bézard permitía tomar rumbos con gran precisión e incluso apuntar de manera aproximada piezas de artillería. El único inconveniente era la falta de un líquido estabilizador, lo cual ralentizaba las mediciones.

En 1933, tuvo lugar la última gran revolución: el finlandés Tuomas Vohlonen inventó y patentó la primera brújula portátil rellena de líquido, diseñada para uso individual y deportivo, la cual es la que actualmente utilizamos viajeros y montañistas. Sin embargo, algunas fuentes, principalmente la firma Silva, afirman que la primera brújula líquida fue inventada por los hermanos Kjellström, fundadores de la empresa.
En los años siguientes, los instrumentos se fueron calibrando con una progresiva precisión y se les añadieron otros elementos en función del uso específico. Hoy en día, existen diversos tipos de brújulas, todas ellas herramientas altamente refinadas. Su fabricación toma en cuenta el área de uso específico para calibrar la aguja de manera óptima. En los bordes de la caja de la brújula se han añadido escalas comunes utilizadas en cartografía. Las marcas luminosas facilitan su uso durante la noche, mientras que el espejo integrado permite apuntar a una dirección u objeto a través de la cápsula de la brújula, manteniendo visible la aguja.
Cada vez que sostienes en la mano una brújula, esa que usamos a diario para orientarnos en el monte o explorar nuevos territorios, piensa que todo comenzó con un de madera flotando en un cuenco de agua. Fueron necesarios más de mil años, innumerables mares y la destreza de marineros de muchas razas para llegar al pequeño, preciso y confiable instrumento que hoy nos acompaña en nuestras andanzas por el mundo.
La historia de un nombre: etimología de la palabra “brújula”
A pesar de que la palabra “brújula” nos haga pensar en las brujas, su etimología proviene del italiano “bussola”, que a su vez deriva del latín tardío “buxis”, con el significado de “caja de madera de boj”, en referencia a la cajita de madera que contenía el imán. No debe sorprendernos que la brújula haya tomado su nombre de los italianos, ya que los mercaderes italianos, especialmente los genoveses, navegaban desde Italia hacia el Egeo y el Mar Negro, adquirían mercancías como alumbre o esclavos, cruzaban el Estrecho de Gibraltar, fondeaban en Cádiz o Sevilla y subían hacia los puertos flamencos e ingleses. Comunidades genovesas activas se encontraban en muchos de los principales puertos de la costa ibérica, y aún hoy quedan vestigios de su presencia, como los lienzos de la muralla del Castillo de los Genoveses en Málaga, o el hecho de que, hasta principios del siglo XX, la actual avenida de la Constitución en Sevilla se llamaba Calle Génova. También debemos considerar los estrechos lazos entre el Reino de Aragón y la Península Italiana, que favorecieron intercambios culturales y étnicos de todo tipo.
Por otro lado, los ingleses, alemanes y holandeses, que llaman a la brújula “compass” y “Kompass”, incorporaron en su idioma moderno otra palabra del italiano medieval: “compás”. “Compás” deriva del latín “compassus”, que significa “adorno de forma circular”, es decir, una roseta, más o menos subdividida y adornada, tal como el círculo graduado de la brújula o la rosa de los vientos. En italiano antiguo, “compás” también significaba “medida exacta”, como se indicaba en los portulanos, y con el tiempo, esta palabra pasó a usarse para referirse al propio portulano o mapa que formaba parte de aquel. En italiano, el verbo “compassare” se utilizaba en el sentido de “medir con precisión” y, posteriormente, también con el significado de “dibujar”, como en el contemporáneo “compasso”, que designa el instrumento de dibujo conocido como compás.
En Viaje a Edén amamos las palabras, por lo que añadimos la etimología de otras dos que se mencionan frecuentemente al hablar de la brújula:
- Magnetita. Se cree que la palabra “magnetita” proviene de una de las dos colonias griegas en Oriente: Magnesia del Meandro, en Asia Menor, o Magnesia de Sípilo, en Tracia, de donde, según una antigua leyenda, provenían los imanes.
- Imán. La palabra “imán” llegó al castellano desde el francés antiguo “aiemant”, que proviene del latín “adamas, adamantis”, que significa “duro” o “diamante”. “Adamas”, con el significado de “invencible”, fue un préstamo griego al latín.
Cronología de la historia y evolución tecnológica de la brújula
Antigüedad
- 624-546 a.e.c.: Tales de Mileto describe las propiedades de la magnetita, pero no la aplica a la orientación.
China y primeras brújulas
- Siglo II a.e.c.: Se menciona el uso de la magnetita en la adivinación (posible antecedente de la brújula).
- Siglo I e.c.: Se introduce la aguja de hierro magnetizada, flotando en agua o suspendida en el aire con un hilo de seda.
- 1040 e.c.: “Wu Ching Tsung Yao”: Se describe el uso del cuenco de agua con un pez flotante, que contiene una piedra imán y apunta hacia el sur, marcando un primer uso de la brújula en la adivinación.
- 1044 e.c.: “Yuan Ye” (escrito por Shen Kuo): Primer documento que describe cómo la brújula se usa para la navegación, mencionando su efectividad en la navegación marítima.
- 1111 e.c.: El “Song Shi” documenta el uso de la brújula en la navegación durante la dinastía Song.
Primeras menciones en Occidente
- 1186: Alexandre Neckam menciona la brújula en De Rerum Naturis.
- 1203-1208: Guyot de Provins hace referencia a la brújula en su poema La Bible.
- 1218: Jacques de Vitry menciona la brújula y la magnetita en su obra.
- 1232-1233: Awfi documenta el uso de la brújula en el Océano Índico.
- 1242: Bailacel al-Kabiaki describe el uso del imán para la navegación entre Trípoli y Alejandría.
- 1248: Ugo de Bercy menciona la aguja pivotante en la brújula.
- 1269: Petrus Peregrinus de Maricourt escribe Epístola de Magnete, donde describe la brújula de pivote y flotante.
- 1300 (aprox.): Se combina la brújula con la rosa de los vientos, posiblemente por influencia de Ramón Llull.
- 1313: Francesco da Barberino menciona la construcción de una brújula en casos de naufragio en Documentos de amor.
- Siglo XIV: Se difunde ampliamente en el Mediterráneo y se adopta la caja de boj como protección.
Avances tecnológicos en la brújula náutica
Siglo XVI:
- Se introduce la suspensión cardán, atribuida a Girolamo Cardano y aplicada por Jannello Torrioni en los barcos de Carlos V.
- 1581: Robert Norman publica El Nuevo Atrayente, donde explica la declinación e inclinación magnética.
Siglo XIX:
- 1862: Se desarrolla la brújula líquida con un sistema de fuelles para evitar fugas.
- 1863: Edward S. Ritchie patenta una brújula líquida mejorada con tres innovaciones clave: aguja sellada, flotador cilíndrico y cámara de expansión elástica.
Siglo XX:
- 1902: Johann Ritter von Bézard patenta la Brújula Universal Bézard, utilizada en aplicaciones militares con alambres de mira y clisímetro.
- 1933, Tuomas Vohlonen patenta la primera brújula portátil rellena de líquido, diseñada para uso individual y deportivo

Conclusión
La brújula cambió el arte de navegar, y con ella las posibilidades del comercio, de la guerra y de la economía, imponiéndose como una revolución tecnológica de primera magnitud, capaz de afectar el rumbo de la historia humana. Imagina un temporal en alta mar, en un barco hecho de madera, clavos y velas de lino, arrastrado por las olas y las corrientes, sin que los hombres de a bordo puedan saber dónde hay tierra, dónde está el rumbo, dónde la esperanza de salvarse. La brújula fue el primer instrumento en que los navegantes pudieron apoyarse en la inmensidad líquida del mar, y salir con rumbo hacia el mundo, sin depender de los caprichos del cielo.
Pues, hemos llegado al final, espero que la lectura haya sido placentera y de utilidad, lo último que falta es desearte que el próximo viaje acabe en otro viaje.
Un saludo desde Viaje a Edén

Escrito por Gabriele Burchielli


Vaya calidad de información, y bonita forma de relatar, casi parece una novela.
Muchas gracias Daniel, contar la historia de la brújula ha sido un poco como contarla historia de un amigo, hace años que nos acompaña. Un saludo