Una niña con los brazos levantados en medio de un camino entre los trigales, como si estuviese balanceádose; es el concepto de dirección y equilibrio que quisimos transmitir con los Puntos Cardinales
Libertad (Foto: Jay Hsu)

Puntos cardinales: una forma de ordenar el mundo

Ahora, la definición científica de puntos cardinales es: «los puntos cardinales son un sistema cartesiano de referencia utilizado para dibujar mapas y orientar la superficie terrestre; está formado por dos líneas de dirección perpendiculares, una de las cuales coincide con el eje de rotación terrestre, formando cuatro cuadrantes de 90 grados cada uno«. Pero no se trata solo de un hecho de geometría: los puntos cardinales son la consecuencia de procesos mentales fundamentales para el ser humano, y mucho tienen que ver con la emoción. Buena lectura.

Los Puntos cardinales: una forma de ordenar el mundo

La mente humana necesita ordenar y dar sentido a la realidad, y esto son los puntos cardinales: una forma, arbitraria como mucho de lo que hacemos, de entender, ordenar y relacionarse con la inmensidad del espacio terrestre y el movimiento. A través de ellos describimos el mundo, establecemos un arriba y abajo, un derecha e izquierda, calculamos coordenadas, nos relacionamos a todos niveles con el espacio geográfico y el movimiento; el espacio geográfico es lugar de vivencia, es hogar, el movimiento es vida. Mírate alrededor, ¿Qué experiencia tendrías del espacio y del movimiento si no tuvieses ninguna referencia?

El origen mismo de la palabra “cardinal” remonta a este ademán mental de ordenación; cardinal parece haber llegado al castellano desde el latín “cardinalis”, que entre sus significados tiene lo “de cosa principal”, “aquello sobre lo que otras cosas giran o dan vueltas”, en otra palabra “eje”. A su vez, “cardinalis” se originó a partir de la raíz indoeuropea “(s)ker” en el sentido de brotar o girar. Los puntos cardinales entonces, en su sentido más profundo, son los ejes alrededor de los cuales “damos vueltas”, alrededor de los cuales nos movemos; son la referencia espacial, los puntos firmes a partir de donde el ser humano traza recorridos, establece sentido, en definitiva los puntos cardinales son los pilares de nuestra forma de organizar mentalmente el espacio geográfico. Es curioso como el sentido de girar, remite nuestra imaginación al eje de rotación de la tierra, y a su revolución alrededor del Sol.

Por convención los puntos cardinales son 4: Sur, Norte, Este y Oeste, como 4 son los elementos que tradicionalmente se reconocen como base de la realidad, agua, tierra, aire y fuego…

Sur

Del Sur venimos, al Sur pertenecemos, desde el Sur empezamos. A nuestro gran Sol se debe el nombre Sur, que hemos incorporado del francés Sud, que su vez se originó del germánico “sunthaz” que quiere decir el lado del Sol; un hecho bastante lógico si el punto de vista de quien habla es el centro y norte Europa. La palabra “sunthaz”, así como el latín “solis” y el griego helios, brotó de la raíz indoeuropea “sawel” que significa Sol. Pero el Sur no es solo el deseo de un verano interminable y de un mundo lleno de luz; el Sur es uno de los extremos del eje de rotación de la Tierra. Para el caminante es también el punto cardinal de más fácil orientación, disponible de día y de noche: el Sol y la Luna cuando alcanzan el zenit de sus recorridos, marcan casi perfectamente el Sur, todos los días, a prescindir de la temporada. El Sur se llama también mediodía, o migjorn ahí por la costa levantina. Para quienes escriben, Sur es una forma de vivir, un paisaje definido, una cultura, una casa. En la brújula el Sur es 180°, en la Rosa de los Vientos es el punto cardinal de donde proviene el Mediodía.

Norte

Para muchos, hoy día, el Norte es el punto cardinal por excelencia; al Norte miran los mapas y es el Norte que se piensa como el “derecho” del mundo; pero no fue siempre así. Los mapas de los árabes miraban hacia sur; en España, hasta el siglo XVII, era muy común orientarlos hacia el Oeste; las culturas más antiguas tenían como referencia el Este. Fue la preeminencia económica y política que iban adquiriendo los imperios de Europa septentrional, a imponer el Norte como punto de referencia. El Norte es, junto con el Sur, uno de los extremos del eje de rotación de la Tierra. Polaris, la estrella del Norte, la guía por excelencia de largas noches de viaje, apunta al Norte. La brújula también señala el norte, pero no el Norte de los puntos cardinales, o sea el Norte verdadero, sino el Norte Magnético. En las culturas mediterráneas el Norte es la noche, el frío, la oscuridad, el inframundo. La palabra Norte llego a España cruzando los Pirineos, su origen fue el francés «Nord». Los franceses habían tomado esta palabra del antiguo germánico «north», que significaba “lo que está abajo o a la izquierda”. No tiene que extrañarnos, parece que las culturas antiguas ordenaban el mundo, o sea le daban direcciones, utilizando el Este como referencia, por ser el lugar donde nace el Sol; el Norte queda a la izquierda del Este. En definitiva, nuestros ancestros afinaban su comportamiento con la naturaleza: el sol dominaba la vida, al Sol se miraba para establecer una ruta. Los seres humanos hemos perdido esta sabiduría, sería hermoso volver por lo menos a desearla… De vuelta a la historia del nombre Nord, el germánico «north» parece originarse de la raíz indoeuropea «-ner». De esta raíz han brotado diferentes palabras en varios idiomas que se relacionan con la izquierda, el abajo y lo infernal, palabra que en la antigüedad solo se refería al más allá, sin un sentido tan marcadamente negativo, o de punición, como lo pensamos hoy; el más allá era la penumbra lejos del goce de la vida; pero no había ni llamas ni tormentos. En la brújula el Norte es 0° y también 360°, o sea el comienzo y el final del cómputo que siempre coinciden, la rueda que nunca para, el punto de sutura del limbo graduado. Al Norte se le conoce también como Septentrión, del latín “Septem Triones” que significa “los 7 bueyes de trabajo”, en referencia a las 7 estrellas de la Osa Mayor. En la Rosa de los Vientos Norte es el punto cardinal de donde viene el Viento de Tramontana.

Este

El Este, el gran Levante del mundo, la espalda por donde se asoma el Sol naciente, el punto cardinal que era el eje de la conciencia espacial del ser humano. La palabra Este tiene un largo recorrido, del francés «est» al inglés «east«, que durante la edad media había evolucionado de «est», «eest», «aest», hasta llegar, caminando hacia atrás en el tiempo, al antiguo inglés, “ēast” y de este al indoeuropeo «*aus», con sentido de “el brillar del sol naciente”. El nombre de Eos, la diosa griega de la aurora, viene de la misma raíz, así como el latín “aurum”, que significa oro. En la brújula el Este son 90° en la Rosa de los Vientos Este es el punto cardinal que corresponde al Viento de Levante.

Oeste

El Oeste, lecho del Sol, lugar donde la última luz del día se hunde más allá de las fronteras del mundo. En la cultura Mediterránea, sobre todo la griega, entre los puntos cardinales era el más dulce. De Oeste venía Céfiro anunciando la llegada de la primavera, a Oeste estaban los campos Elíseos, al Oeste el Jardín de las Hespéridas. La palabra Oeste llegó al castellano desde el inglés «west» pasando por el francés «ouest». West viene del indoeuropeo «*wesperos-«, o sea anochecer. La palabra griega Hesperia, con la cual los griegos designaban a veces Italia a veces España, tiene el mismo origen, su significado era “Tierra del anochecer”: para los Griegos ambas tierras estaban del lado del ocaso. Esta lejanía, que hoy no nos parece nada, junto con el misterioso vagar de la negra Nicte y la imaginación griega, transformaron lugares reales en tierras del mito. Odiseo arribó por las costas italianas, Hércules dio prueba de su fuerza en Iberia. En la brújula Oeste son 270°; en la Rosa de los Vientos el Oeste es el punto cardinal que corresponde al Viento de Poniente.

Conclusión

Creemos que el sentido profundo del viaje es volver a sentir el pulso del mundo, el latido de las direcciones, el encanto de percibir las distancias, de volver a vivir el movimiento, a vivir por el movimiento. Durante la mayor parte de nuestra historia fuimos nómadas: viajar, migrar, encontrar una dirección era nuestra forma de vivir, era lo que éramos. En la vasta calma de los horizontes, los puntos cardinales son los faros, los puertos seguros de donde poder establecer rumbos y trazar rutas, las líneas que unen el Sol con nuestros ojos: los puntos cardinales son una forma hermosa de sentir equilibrio, seguridad, y una más profunda conciencia de la realidad que nos rodea. Buena vida, Buen Viaje.

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Viaje a Edén es una progresiva liberación, una progresiva perdida de peso, el rechazo a lo innecesario, a la dura presencia de los objetos, en un intento constante de controlar el miedo hasta liberarnos; como un andar incierto que se convierte en pasos largos carrera salto: la verdad, si verdad hay, es un ademán. Estás leyendo una búsqueda, un intento de crear, encontrar o volver a un Edén, a un lugar donde ser nosotros mismos, en plenitud de cuerpo y espíritu, en armonía con el mundo, con sus ritmos, sus leyes que no se cuidan del calendario humano, siempre y solo miran al Sol.

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Foto antigua de una mujer sentada en el puertodel Musel con su diario del viaje en la mano. Creative Commons.

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