Es cierto que crecen plantas por todas partes, desde arenales hasta una acera en plena ciudad, pero no todas las plantas crecen en cualquier lugar… En esta entrada abordaremos un aspecto fundamental para la recolección de plantas silvestres comestibles: la importancia del hábitat, ya que conocerlo nos permite encontrarlas.
Tabla de Contenido
- El hábitat y la adaptación de las plantas
- Comprender el hábitat para una recolección eficaz
- El comportamiento de las plantas al cambiar de hábitat: el caso de la Acelga Marina
- Pequeños “oasis” y microhábitats inesperados
- Conclusion
El hábitat y la adaptación de las plantas
Las especies vegetales, al igual que todos los seres vivos, son el resultado de una continua adaptación a su entorno. Este progresivo “afinamiento” de sus características fisiológicas y morfológicas, con el fin de sobrevivir en entornos específicos, también implica que una especie no puede prosperar en cualquier hábitat.
Un ejemplo claro lo ofrece la Salicornia, una planta adaptada a suelos ricos en salitre. Para su desarrollo, el salitre no solo es beneficioso, sino esencial: sin él, no puede crecer. Por esta razón, nunca la encontraremos en la ribera de un embalse o un lago de agua dulce.
Las adaptaciones de las plantas a hábitats específicos y climas concretos también han evolucionado en función de su reproducción. Algunas especies dependen de polinizadores específicos y, aunque un hábitat pueda ofrecer un clima y un suelo adecuados, sin la presencia del polinizador, la planta no podrá establecerse en ese entorno.

Comprender el hábitat para una recolección eficaz
A pesar de que existen muchas especies de plantas silvestres que prosperan en distintos tipos de hábitat, no todas crecen en todas partes. Para quien recolecta plantas silvestres comestibles, conocer en detalle el hábitat de cada especie es tan importante como aprender a identificarlas.
Otra razón añadida es que, en caso de duda a la hora de reconocer un espécimen, el hábitat proporciona información útil para descartar posibilidades.
Algunas plantas necesitan sombra, otras pleno sol; algunas prefieren un ambiente húmedo, otras uno seco. Mientras unas requieren suelos ricos en materia orgánica, otras, como la tagarnina, prosperan en la arena o incluso entre las rocas. Observar el entorno y analizar la información permite enfocar la búsqueda con más precisión en lugar de buscar algo que ahí nunca encontraremos.
También se puede mirar el asunto del revés. Las plantas son indicadores, nos proveen informaciones sobre el entorno, ayudándonos, por ejemplo, a encontrar agua en la naturaleza.

El comportamiento de las plantas al cambiar de hábitat: el caso de la Acelga Marina
Para tener éxito en la recolección, es fundamental también comprender cómo varía el comportamiento de las plantas según su hábitat. Un caso claro es el de la Acelga Marina, también llamada acelga silvestre. Es una planta que necesita humedad, pero al mismo tiempo tolera bien el calor.
En el sur de la península ibérica, se recolecta desde febrero hasta finales de primavera, cuando, debido a la progresiva sequedad del ambiente, la planta se seca o sufre estrés hídrico hasta el punto de perder gran parte de sus hojas. En cambio, en la cornisa cantábrica, los veranos suelen ser lo suficientemente lluviosos como para permitir que la planta siga prosperando. En Asturias y Galicia, por ejemplo, hemos recogido acelga silvestre en Agosto.
Pequeños “oasis” y microhábitats inesperados
También existen pequeños “oasis”, porciones de terreno donde, por distintas razones, se generan condiciones propicias para que algunas especies que no deberían encontrarse allí puedan sobrevivir e incluso prosperar.
Tanto el Ombligo de Venus como la Ortiga no crecen en arenales, pero en las dunas de las playas de Castro Marim y Vila Real de Santo António, que por cierto cuenta con un faro hermoso, se encuentran a escasos 20 metros del límite de marea. ¿Cómo es posible?
Los arbustos que crecen en las dunas permiten que, alrededor de su base, se acumule progresivamente materia orgánica, ya sea producida por ellos mismos (hojas, ramas, restos de flores) o transportada por el viento. Estos elementos se descomponen y forman una fina capa de suelo fértil sobre la arena. Además, el follaje de los arbustos favorece la retención de humedad y protege a las plantas de una exposición solar excesiva. Esto nos permite disfrutar de la recolección de estas dos excelentes comestibles en un entorno tan inesperado como una duna.

Conclusión
Como siempre, nos gusta recordar que la recolección de plantas silvestres comestibles no se hace solo con los ojos, sino que nos involucra en todos los niveles, tanto sensorial como intelectual. También nos obliga a conectar realmente con el entorno, a tomar plena conciencia de él y volver a ser parte. Pues, hemos llegado al final. Si tienes dudas o algo no te resulta claro, deja un comentario y te responderemos lo antes posible. Un saludo desde Viaje a Edén y buena recolección.
Escrito por Gabriele Burchielli y Carmen Ruz Rábade



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