El 23 de enero de 1923 el Faro de Vila Real de San Antonio iluminó por primera vez la desembocadura del Guadiana. Eran los años dorados de una florida economía, impulsada por la pesca y las fabricas conserveras que existían a ambos lados de la frontera hispano-lusitana. Era una economía primariamente marinera, así como marinera era el alma de la gente que vivía y vive aquí: el faro marcó para siempre el paisaje de la Raya y la memoria de quienes aquí vivimos.

Tabla de contenido
- La Raya y el Faro
- Historia del Faro de Vila Real de San Antonio
- El accidente del 1921
- Arquitectura
- El Faro y su paisaje
La Raya y el Faro
No se puede hablar del Faro, ni de Vila Real, sin Ayamonte o Castro Marim; es como con las parejas, cada persona tiene su cuerpo, su vida, su cabeza y su historia, pero viven juntos, actúan en parte según el otro, se perciben y se presentan como conjunto, y como conjunto se les reconoce.
Esta extraña situación de mezcla en parte es hija de la división política, me refiero a la línea de frontera trazada por los gobiernos de España y Portugal, en parte es hija de la geografía, me refiero al largo fluir del Guadiana que marca una división solo aparente. Porque en realidad el río es primariamente un medio por donde desplazarse, puente líquido que une dos orillas y recurso: es el Guadiana que crea, identifica y delimita esta tierra del medio que llamamos Raya. Siendo el río un espacio compartido, compartida será también la identidad de su gente. Poco importa lo que piensa conscientemente un portugués o un español: la Raya rompe la frontera y se desparrama en los dos lados.
Por cierto, para quienes no estén familiarizados con estos parajes, la Raya es aquella larga banda de tierra que corre a los dos lados de la frontera Hispano-lusitana; como dijimos tiene su historia, su gente, su identidad y su función, que es coser dos paños de mundo y todo lo que contiene: Ayamonte, Vila Real y Castro Marim, son niños jugando en corro alrededor del Faro.


Historia del Faro de Vila Real de San Antonio
La primera referencia documentada acerca de un faro que se construiría en la margen derecha de la desembocadura del Guadiana es del 1758. La encontramos en un decreto del Marques de Pombal, que promovía la construcción de varios faros en puntos claves de la costa lusitana. Se llegaron a construir 6, entre ellos el Faro de Cabo do Roca, pero ningún trabajo se llevó adelante en Vila Real.
En 1866, Francisco Maria Pereira da Silva, hombre de mar, hábil ingeniero y inspector general de faros, elabora el Plan General de Alumbrado y Balizamiento de la Costa Portuguesa Marítima, en el que se preveía la construcción de un Faro en la “freguesia” de Vila Real de Antonio. Pero parece que, sea cual fuese la razón, no se tuvo mucha prisas, tanto que la primera memoria descriptiva del faro sería redactada solo en 1884, por los ingenieros Ricardo Peyrateu y Domingos Tasse de Figueiredo. Se tardó un año en aprobarla.

Cabe destacar que la memoria fue extremadamente meticulosa, incluyendo hasta el último detalle, desde los cimientos al dispositivo de relojería, que material utilizar, para hacer que y desde donde y como traerlo. Parecía todo listo y los trabajos a punto de empezar, pero la historia, el tiempo y la administración del estado tienen su caprichos. Pasaron unas décadas y de este maravilloso proyecto nada se llevó a cabo, a pesar de que quedó sentada la altura nominal que alcanzaría el Faro y su localización exacta.

El proyecto del actual faro de Vila Real de San Antonio se le debe al ingeniero José Joaquim Peres, los trabajos comenzaron solo en 1916. Parece ser que el cambio de proyecto se debió a una cuestión de coste. Peres proyectó una estructura más liviana, con unos cimientos menos costosos. Los trabajos no fueron especialmente rápidos, ya que terminaron en 1923, encendiéndose el Faro por primera vez en la noche del 23 de enero de este año. Estaba equipado con lentes Fresnel de 3ª orden, de 500 mm de distancia focal, con una rotación cada 12 segundos, producida por un reloj; la fuente luminosa era de petróleo. Los marinos de Portugal y España aquella noche tuvieron que sonreír, por fin una luz segura iba a guiarlos hacia casa.

El accidente del 1921
Recordamos que en 1921, el Faro fue testigo de un gravísimo accidente. Unos andamios que sujetaban parte de la estructura cedieron, provocando la muerte de dieciséis trabajadores. Como relata estupendamente un texto publicado en ocasión de una conmemoración filatelista para el centenario de la construcción del Faro e Vila Real, del cual no recordamos el autor:
“ (El accidente) Generó una ola de solidaridad contagiosa que sería efímera, pero suficiente para que grupos de personas, partiendo de la nada, se unieran en busca de algo para ayudar a esas familias. Esto es lo que sucedió, por ejemplo, con la “Concertina”, compuesta por varios músicos, entre los que destacamos a los señores Sebastião Matias dos Santos y su hermano José Maria Santos, João Piloto y António Branquinho, además de otros dos miembros cuyos nombres ya escapan a la memoria de los vivos, que recorrieron y tocaron en casi todo el Algarve, recaudando fondos para tan noble causa. Además de esta “Concertina”, se realizaron rifas, circularon varios partidos, todos con el mismo propósito. De estos varios testimonios escritos, pocos han llegado a nuestros días, yo mismo fui testigo de uno de ellos, en verso, que fue entregado a los bomberos. Incluso existe una fotografía de la “Concertina”, en posesión de uno de los familiares de uno de sus miembros.”
Arquitectura del Faro
El Faro de Vila Real de Santo António es una esbelta y elegante torre de 46 metros de altura, que recuerda las hermosas chimeneas de las fábricas de aquellos años. Una leve ondulación del terreno le otorga una altura nominal de 52 metros. Su alcance es de 26 millas nauticas (48 km).
La torre está coronada por una bella linterna roja, de hierro y vidrio. La blanca uniformidad de su fachada está interrumpida y ritmada por diez círculos grises, que marcan su progresivo ascenso. Cinco estrechas ventanas rectangulares dejan al sol el placer de iluminar el Faro por dentro. Construido con una base de cemento hidráulico, muros de mampostería de piedra y cal, y pavimentación de roca caliza, el Faro ha conservado su esencia y no sufrió modificaciones sustanciales en su aspecto exterior, pero no ha quedado exento de restauraciones y algunas modificaciones en su estructura interior.

En 1947, se conectó a la red eléctrica pública, reemplazándose la maquinaria de relojería que movía la óptica por un motor eléctrico, y la luz de petróleo por una bombilla de 3000 vatios. Tres años después, se dotó al Faro de un radiofaro, que se apagó en 2001. En 1960, se reformó el interior de la torre para la instalación del ascensor. En 1982 el encalado original fue reemplazado por un revestimiento de mortero de cemento y arena, con un acabado de mármolite y pintura de caucho clorado. Pero el cambio más grande, aunque menos visibles llegó en 1989, cuando se automatizó el Faro, que desde entonces no requiere de la cálida presencia del farero. Algo de nostalgia nos invade al pensarlo.

Un pasaje cerrado conecta directamente el Faro de Vila Real de Santo António con la casa del farero, un elegante edificio de dos plantas que combina funcionalidad y armonía arquitectónica. Su diseño está compuesto por dos cuerpos laterales de mayor tamaño que enmarcan el volumen central, más estrecho. La fachada, completamente blanca, se distingue por grandes ventanas rectangulares con marcos grises y elegantes balcones en la planta superior del cuerpo central. Mientras que los cuerpos laterales cuentan con tejados de tejas, el cuerpo central presenta un techo llano con un remate que evoca la estética industrial. Su estilo sobrio y equilibrado se integra perfectamente con el casco antiguo de Vila Real de Santo António, reflejando la esencia arquitectónica de la villa.
En este sentido, el Faro de Vila Real de Santo António se encuentra a menos de 500 metros del Guadiana y a 2 kilómetros de su desembocadura. La muy céntrica plaza del Marqués de Pombal está a un kilómetro andando. Es como si el Faro fuera un vecino más del pueblo: de noche y de día su cabeza roja asoma tras la vuelta de la esquina, o lo vemos, firme y atento, vigilando la entrada de los puertos, del río, y de nuestra memoria.

El Faro y su Paisaje
El paisaje de la Raya es híbrido y cambiante. El océano empuja el agua tierra adentro a través de sinuosos esteros, marismas y salinas, recorriendo el ancho y silencioso cuerpo del Guadiana. Las líneas divisorias entre agua y tierra se desvanecen bajo el flujo y reflujo de las mareas, que transforman constantemente el paisaje, abriendo y cerrando caminos, cubriendo y descubriendo la tierra, de modo que nada permanece siempre visible ni siempre oculto.
Este entorno también se distingue por una ondulación suave y constante, sin brusquedades, que hace que la tierra se asemeje al mar cuando la recorren anchas y elegantes olas de fondo. A veces, parece que es el propio mar el que ha impreso a la tierra este curioso movimiento ondulatorio, que se transmite al caminante. A medida que avanzas, la línea del horizonte sube y baja rítmicamente, como en el vaivén cuando monta a caballo.
En esta alternancia rítmica, en esta hermosa dualidad que refleja la naturaleza fronteriza de la Raya, el Faro de Vila Real se erige como un extraño centro. Porque, te asomes desde el mar, el campo, un pueblo o una colina, lo único que verás, siempre, apareciendo y desapareciendo en el vaivén de los días, de los caminos y las mareas, es su blanca silueta, su brillante destello barriendo la Raya, recordándonos que existe un camino hacia casa.
Espero que llegues aquí de noche y te asomes al Guadiana, donde el río se entrega al Atlántico. En la oscuridad, las luces de los tres pueblos se entremezclan en un solo resplandor que sabe a lejanía, como si hubiese alcanzado una Samarcanda de Occidente. En la otra orilla, en la quietud de las aguas nocturnas, verás una luz más alta que otras luces. Es el Faro de Vila Real de Santo António, es la luz de la Raya, que acuna nuestras noches en la frontera. ¿Dónde está el límite? ¿Quién es quién?
Escrito por Gabriele Burchielli



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