La familia Amaranthaceae agrupa un conjunto amplio y diverso de plantas que, aunque a menudo pasan desapercibidas, han acompañado al ser humano desde hace siglos. Muchas de ellas han sido alimento básico, otras plantas medicinales, y no pocas han prosperado en los márgenes: cunetas, solares, cultivos abandonados o terrenos removidos. Aprender a reconocer las amarantáceas nos permite entender mejor el paisaje que habitamos y las dinámicas entre naturaleza y actividad humana.
Para conocer más sobre la recolección de plantas silvestres, hemos preparado esta breve guía de iniciación.
Tabla de contenido
Hábitat de las amarantáceas
Las amarantáceas destacan por su extraordinaria capacidad de adaptación. Se pueden encontrar en una diversidad de hábitats sorprendente: praderas, pastizales, arenales, esteros, márgenes de ríos y lagos, entornos urbanos, jardines, huertos y grandes extensiones de cultivo. Son plantas que toleran bien suelos pobres, compactados o alterados, lo que explica su presencia frecuente en zonas intervenidas por el ser humano.
Es un grupo monofilético (todos sus miembros vienen de un ancestro común) que comprende alrededor de 175 géneros y más de 2,500 especies, algunas de gran interés alimenticio.
Muchas especies son originarias de África y América, pero se han extendido por todo el mundo gracias al transporte de semillas, la agricultura y el comercio. En la península ibérica, algunas amarantáceas forman parte habitual del paisaje agrícola y ruderal. Un ejemplo claro es la remolacha azucarera, que llegó a ocupar grandes superficies de cultivo en Andalucía occidental y tuvo un impacto económico notable.

Cómo reconocer las amarantáceas
Tipo de planta y porte
Las plantas de la familia Amaranthaceae pueden ser herbáceas anuales o perennes, aunque también existen arbustos y, de forma excepcional, árboles. La mayoría de las especies que encontramos de manera espontánea en nuestro entorno son herbáceas, con tallos más o menos erectos, a veces ramificados desde la base. Suelen presentar un crecimiento rápido y una gran capacidad para colonizar suelos.

Hojas
Las hojas son siempre simples, nunca compuestas, y pueden disponerse de forma alterna u opuesta a lo largo del tallo. El pecíolo suele estar bien desarrollado, aunque en algunas especies las hojas pueden ser casi sésiles.
La forma de la hoja es variable: ovalada, lanceolada o romboidal, con márgenes enteros, ondulados o ligeramente dentados. Es habitual encontrar hojas basales más grandes y hojas superiores progresivamente más pequeñas.

Flores e inflorescencias
Las flores de las amarantáceas son generalmente pequeñas y poco vistosas, rara vez solitarias. Se agrupan en espigas, panículas o racimos densos, que pueden ser axilares o terminales. Estas inflorescencias compactas son uno de los elementos más característicos de la familia. El color de las flores suele ser verdoso, blanquecino o rojizo, sin un contraste llamativo.

Estrategia reproductiva y polinización
Dentro de la familia encontramos especies monoicas, con flores masculinas y femeninas en la misma planta, y especies dioicas, en las que cada individuo presenta flores de un solo sexo. Esta diversidad reproductiva contribuye a su éxito ecológico.
La polinización puede ser anemófila, realizada por el viento, o entomófila, mediante insectos, dependiendo de la especie y del entorno en el que crezca.
Frutos y semillas
El fruto suele ser un utrículo o una núcula, y de forma muy excepcional una baya. Las semillas son pequeñas, duras y a menudo brillantes, lo que facilita su dispersión y explica la facilidad con la que muchas amarantáceas reaparecen año tras año en los mismos lugares.

Uso de las amarantáceas
Uso culinario
Varias especies de esta familia han sido y siguen siendo alimentos fundamentales. El Amaranto, por ejemplo, se cultiva por sus semillas ricas en proteínas y minerales. Otras especies, como la Acelga Marina, han sido consumidas tradicionalmente como verdura silvestre, aprovechando hojas jóvenes y tiernas.
La remolacha y la acelga de cultivo pertenecen también a esta familia, lo que muestra hasta qué punto las amarantáceas están presentes en nuestra dieta cotidiana, aunque no siempre seamos conscientes de ello.
Uso medicinal
En la medicina tradicional, algunas amarantáceas se han utilizado por sus propiedades antiinflamatorias, digestivas o remineralizantes. Infusiones de hojas o semillas han servido como apoyo en trastornos digestivos leves o como complemento nutricional en épocas de escasez. Aunque hoy su uso medicinal es más marginal, forma parte de un conocimiento popular ligado al aprovechamiento del entorno cercano.
Conclusión
Reconocer las amarantáceas implica identificar un grupo de plantas frecuente en entornos agrícolas y alterados, estrechamente ligado a la actividad humana. Son especies que aparecen con facilidad en suelos removidos, cultivados o en abandono, y cuya presencia refleja procesos de uso y transformación del territorio.
Su observación permite superar la consideración simplificada de “mala hierba” y situarlas dentro del paisaje vegetal, atendiendo a su interés ecológico, alimentario y cultural, así como a su relación con las prácticas humanas a lo largo del tiempo.



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