Primer plano de una saco de Lindano entre los escombros de una fábrica abandonada
Lindano abandonado en una fábrica (Autor: desconocido)

La fábrica abandonada de Inquinosa: historia, exploración y ética

Sabiñánigo, en el Prepirineo Aragonés, ha sido el escenario de uno de los mayores episodios de contaminación por Lindano en España. Entre 1978 y 1992, la empresa INQUINOSA S.A. vertió miles de toneladas de residuos de Lindano al medio ambiente. El compuesto, un pesticida organoclorado clasificado como contaminante orgánico persistente, sigue presente en los suelos y se ha filtrado en los acuíferos alcanzando las aguas del cercano río Gállego.

La fábrica que generó el desastre permanece abandonada, de fácil acceso y llena de residuos tóxicos. El problema, lejos de resolverse, continúa sin una solución definitiva: el proceso de descontaminación y demolición del edificio ha quedado paralizado por falta de fondos. Parece que la salud del ciudadano no es una prioridad.

Exploramos la fábrica abandonada de Inquinosa S.A. en agosto de 2025: todavía en su interior quedan toneladas de residuos por tratar. En este artículo trataremos la historia de Inquinosa S.A., del desastre que provocó, de nuestra exploración y de la fábrica en su actualidad.

TABLA DE CONTENIDO

Introducción: el Lindano, qué es y sus efectos tóxicos

El Lindano es un potente pesticida de bajo coste de la familia de los organoclorados, que se produjo masivamente, sobre todo a partir de los años ´60. La sustancia y los desechos de su producción, que constituyen entre el 80 y el 90% de la producción, son altamente tóxicos. Sus efectos a largo plazo incluyen: daños al hígado; alteraciones en el sistema inmunológico, la reproducción y el desarrollo; favorece el hipotiroidismo, cáncer de mama, malformaciones en el tracto urogenital en niños expuestos en el útero; provoca problemas de fertilidad masculina. Sus desechos afectan gravemente a los sistemas neurológico, inmunológico y reproductor: los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), como el naftaleno y el antraceno, son sustancias cancerígenas y neurotóxicas. En el 2000 la Comunidad Europea ha prohibido su uso.

La contaminación por Lindano sigue siendo un problema de primera magnitud debido a sus peculiares características, que incluyen:

  • Persistencia: se degrada muy lentamente
  • Tener una alta capacidad de bioacumulación: se acumula fácilmente en los tejidos grasos de los seres vivos, contaminando la cadena alimentaria hasta llegar a tu mesa.
  • Alta movilidad: se desplaza fácilmente y rápidamente por el aire y por el agua, contaminando áreas muy alejadas donde nunca se ha utilizado ni producido.

Por esto el riesgo para salud y medioambiente no se limita en el tiempo y, desde los lugares donde se produjo o utilizó, se extiende a extensas áreas del mundo, contaminando el ser humano a través del agua y de la cadena alimentaria. El dramático legado de Inquinosa es ahora un problema de todos.

Desechos tóxicos encerrados en tanques de seguridad amarillos después de la primera actuación de descontaminación del gobierno de Aragón
Desechos tóxicos en tanques de seguridad después de la primera actuación del gobierno de Aragón

Historia de Inquinosa S.A. desde su constitución al cierre y abandono

La historia de Inquinosa S.A. Comienza en Euskadi. En los añs `60 y ’70 las crecientes políticas sobre el uso del lindano y problemas legales de Bilbao Chemicals, hicieron que esta empresa se recolocara en Sabiñanigo, como una nueva entidad que en apariencia no tiene ningún vínculo con la empresa Vasca: Inquinosa S.A. Bilbao Chemicals era a su vez una filial de la multinacional farmacéutica Boehringer Ingelheim.

Según el registro mercantil, Industrias Químicas del Noroeste S.A. (Inquinosa) se constituyó en 1973 con un capital social de 1,6 millones de pesetas y sede social en Pozuelo de Alarcón, en la Comunidad de Madrid. La fabrica se levanto en un solar del polígono industrial Castro Romano en Sabiñnigo (Huesca) y produjo Lindano de 1974 hasta el 1988. A partir de este año, y hasta el 1992 importó el producto del extranjero, cesando totalmente su actividad dos años después, en 1994, momento en que se abandona la fábrica. En su interior se dejaron toneladas de residuos tóxicos sin que la empresa se preocupara de ponerlo bajo seguridad: desde hora en adelante sería un problema del estado y de los ciudadanos. Curiosamente fue solo años después, en 2012 que Inquinosa S.A. Depositó su última cuenta anual en el registro mercantil. Para escaquearse de los crecientes problemas judiciales acarreados por su actividad, Inquinosa operó a través de diferentes compañías subsidiarías.

Numerosos sacos negros y grises de material tóxico en una nace de Inquinosa
Material tóxico abandonado

Durante sus años de actividad la fábrica generó una cantidad de Lindano y desechos tóxicos difíciles de calcular. En varias ocasiones se planteó el desmantelamiento de la fábrica de Inquinosa, pero nunca se llevó a cabo. El problema es la presencia de residuos tóxicos en su interior, que necesitan ser tratados.

Cuatro bidones de desechos de la producción de Lindano abandonado en la fábrica de inquinosa
Desechos del Lindano en Inquinosa

El responsable directo del desastre ambiental ha sido Jesús Herboso Pajarroso, ex director y accionista principal de Inquinosa, que aparece ligado también a las firmas Belplast Petrochemicals, Own Decision o Eurochem. Extrañamente, en los registros solo constan a su nombre dos locales en Bilbao de 105 metros cuadrados, compartidos con decenas de copropietarios.

El Juzgado de Huesca ha embargado esos bienes dentro de la ejecución de la sentencia de 2003, que condenó a Herboso y a la empresa por daños ambientales y cuya indemnización de 6,5 millones de euros nunca se abonó. El embargo alcanza sus acciones en Inquinosa y dos parcelas de la fábrica, porque el resto del solar pertenece a una inmobiliaria. No se han hallado más bienes a su nombre en España. Ni siquiera figura como propietario del chalet de Pozuelo de Alarcón, sede social de Inquinosa. Más informaciones sobre Herboso en este artículo del heraldo.

Cabe destacar que hasta el 2016 el estado ha invertido en la descontaminación 53 millones de euro. En ningún caso se consideró a la empresa responsable también de haber abandonado la fábrica sin estocar adecuadamente los desechos restantes.

Fotos de una nave con desechos tóxicos abandonados antes de la actuación del gobierno de Aragón
En el interior encontramos fotos de antes de la intervención del gobierno. Muestran el estado de las sustancias tóxicas abandonadas por la empresa
Vista general de la nave del cuerpo central de la fábrica abandonada de Inquinosa
Nave del cuerpo central

El emplazamiento de la Fábrica abandonada de Inquinosa S.A. y como acceder.

La fábrica de Inquinosa S.A., actualmente en estado de abandono y sin vigilancia, se encuentra en el Polígono industrial Castro Romano de Sabiñanigo (Huesca), pequeña ciudad del Prepirineos Aragonés con una relevante historia industrial.

Llegar a la fábrica es fácil. Sales de Sabiñanigo en dirección sur por N-330ª. En pocos minutos te encontrarás bordeando el polígono. Justo al final, donde se encuentra un auto lavado, toma la izquierda por Calle Polígono Industrial Castro Romano. Al final de la calle una cancela gris cierra el paso. Se salta con extrema facilidad para acceder a un carril de asfalto que bordea una nave industrial, pasa delante del EDAR y se para en frente de la cancela de Inquinosa.

La cancela de la fábrica parece estar hecha para ser trepada. Se trata de una verja de metal de entramado rectangular, en sus huecos caben cómodamente los pies y las manos se agarran con facilidad.

El acceso está prohibido. Durante la semana, siendo un polígono industrial, es más difícil ocultarse. Nosotros entramos un sábado, solo tuvimos que escaquearnos de un trabajador del cercano EDAR.

Recuerda que la zona está altamente contaminada. Cuando entré no sabía de la realidad de la situación, probablemente hoy no volvería. Si eliges explorar el edificio hazlo durante el tiempo estrictamente necesario y utilizando EPI.

Reja de la cancela de entrada de la fábrica abandonada de Inquinosa S.A. con edificios al fondo
Reja de la cancela de entrada

Exploración urbana de la fábrica de Inquinosa S.A.

Son las dos de la tarde de un sábado de agosto. El sol encandila el mundo. La calor seca el aire y atenaza la tierra; poco se mueve; el día y la hora están llenos de silencio. No tengo que esperar para saltar la cancela sin ser visto. Al otro lado un carril de asfalto, bordeado por vallas y moreras, se desliza entre una larga nave industrial y el descampado de una empresa. Desde aquí ya se ve la fábrica de Inquinosa.

Recorro el carril con calma, nadie puede verme, hasta llegar a la entrada del EDAR. La cancela está abierta, un coche está aparcado en frente. Doy unos pasos atrás, me pego a la valla y observo. Nadie se ve, nada se escucha, puertas y ventanas de los edificios están cerradas. Cruzo rápido el corto tramo al descubierto. Alcanzo la entrada de la fábrica y la trepo de inmediato, saliendo de la perspectiva del EDAR. La fábrica está sin vigilancia.

El área es extensa, un gran rectángulo llano, solo en parte asfaltado, que responde a una pura lógica organizativa. La mayoría del lado izquierdo del recinto, tomando como referencia la entrada, está ocupado por la fábrica, un gran edificio de tres plantas formado por varios módulos. Al lado opuesto están la oficina y en frente de ella, pegado a la entrada, otro edificio de dos plantas, probablemente un almacén, flanqueado por dos grandes silos. Resulta una especie de “patio” alrededor del cual se disponen las construcciones separadas por anchos espacios. Quedan también trazas de algunos edificios derribados. Según reportan los periódicos, se comenzó la demolición, pero afectó pequeñas estructuras secundarias, como el vestuario de los obreros.

El edificio principal de la fábrica es perfectamente blanco, solo las esquinas de los muros y las líneas que corresponden al nivel de los pisos están pintadas de rojo. Resulta un entramado dulce, acogedor, evocador, que brilla fuerte bajo el sol del verano.

La fábrica no se defiende: las puertas están abiertas sin que nada obstruya el paso. Me acerco a una de las entradas.

Vista lateral de la fábrica abandonad de Inquinosa en 2025
Vita lateral de la fábrica
Vista general frontal de la fabrica abandonada de Inquinosa en 2025
Vista frontal de la fábrica
Foto exterior de las oficinas de la fñabrica abandonada de inquinosa, con rotulación y escalera
Oficinas de Inquinosa

Un olor nuevo, duro, violento, innatural, me rodea y ciñe, ataca la mucosa, roe la garganta y deja la boca absorta, muda, como si una extraña heroína de los sentidos aturdara la percepción. No me muevo, mi respiro ahora ocupa la mente. Sigo con aprensión el va y ven del pecho: un miedo sutil y delicado, desde la boca serpentea y se acomoda en mi espíritu. No pasa nada, hoy no, no pasará nada: pero sé, que desde el aire, el veneno está colando en mi sangre. Entro.

El olor se vuelve más agresivo. Llevo un pañuelo a la boca como si sirviese de algo. No quiero respirar, el cuerpo me pide de irme, pero soy incapaz de dominarme y sigo adentrándome en el edificio. Deambulo, aturdido, la mente no emite señal: he descubierto un mundo nuevo, un mundo que no imaginaba. No encuentro trazas de vida. No se escuchan insectos, no cruzan el suelo la veloces lagartijas; de las duras plantas y de las fuertes trepadoras, que suelen repoblar los lugares abandonados, no existe traza. Ningún pájaro cruza en vuelo la amplias naves de Inquinosa. Como asustada la vida rehuye el edificio. La fábrica esperaba, abierta, a que algo o alguien entrara, a que algo o alguien por fin entrara y rompiese la interdicción que la vida puso en este lugar envenenado que ya no pertenece a la tierra.

Foto desde arriba del suelo de un área de producción de HCH de Inquinosa con cuerda, escalera y desechos tóxicos
Vista desde la tercera planta de una de las naves de producción del HCH

La fábrica es una larga serie de amplias naves rectangulares, interconectadas a través de grandes puertas y escaleras de metal. El oxido ha comenzado a devorar herramientas, rejas, materiales, plataformas; el brillo del metal ha dejado espacio a los oscuros colores de la degradación. Abandonados por doquier, cúmulos de materiales e informes que casi parecen carne. Los ventanales han caído con esfuerzo al suelo, pero no encontrará trazas de aves, ni plumas, ni excrementos: los seres vivos rehúyen la fábrica.

Vista cenital: sacos de material tóxicos degradado en una nave de Inquinosa
Sacos degradados de desechos.

Me muevo rápido, empujado por algo que nunca he sabido controlar, subo y bajo escaleras, me asomo a los enormes agujeros del los suelos donde antes subían y bajaban maquinarias o materiales. Evito tocar las barandillas como si sirviese de algo; sobresalto estúpidamente cada vez que rozo una superficie. A lo largo de los muros, y arriba en la planta alta, un laberinto de tuberías recuerda nidos de serpientes. Y cada vez, y siempre que me asomo, al fondo, lejos como una vida entera, como condenándome, las montañas recuerdan como hubiese podido ser el mundo.

Pasillos y tuberías del bajo techo del edificio de producción de Lindano de Inquinosa S.A.
Bajo techo del edificio de producción del Lindano
Puente de metal de una estructura de la planta alta del edificio de producción de Lindano de Inquinosa S.A.
Puentes de metal de una estructura del edificio de producción de Lindano

Hace más calor, el sol estira la carne de los edificios y hace los olores más agresivos. Percibo como el polvo tóxico se pega al sudor y a la grasa, paso la mano sobre la piel como si pudiese quitármelo de encima. Me muevo, con desorden, incapaz de parar pero deseando huir. Los espacios se confunden y se borran como en un sueño. Necesito parar y pensar con esfuerzo para entender de donde he venido. Me siento dentro de una telaraña y más intento escapar más la telaraña me aprieta, me bloquea, me ahoga, esperando a que la araña, rápida y silenciosa, me pique el cuello y me entregue a la lenta muerte por veneno.

Nave del edificio de HCH de inquinosa, con tanque, base de cemento para maquinara y desechos tóxicos al fondo
Nave del área de producción del HCH técnico

De golpe me fijo en el blanco, en las anchas paredes de blanco que todavía resisten al tiempo. En una esquina están unas viejas fotos. Se hicieron cuando comenzó el intento frustrado de descontaminación y demolición de la fábrica. Los canallas de Inquinosa abandonaron fustes, botes, sacos de materiales tóxicos, como si nada fuese. No tuvieron la decencia ni siquiera de ponerlos en unos contenedores. Se quedaron años tirados al suelo para que el viento y la lluvia los llevasen al cuerpo de la gente de Sabiñanigo, al agua del río Gállego, al agua de Zaragoza, al gran Ebro que ha llevado el veneno al mar, a sus peces y de ellos a nuestras mesas y nuestros cuerpos.

Vista desde arriba de una nave del área de producción del Lindano de Inquinosa S.A.
Nave del área de producción del Lindano
Plan de emergencia encontrado en la fábrica de Inquinosa
Plan de Emergencia

Me duele un poco la garganta, me pican los ojos, pero no paro, atravieso todos los edificios, almacenes, oficinas, busco y rebusco. ¿Qué? Estoy entendiendo lo que significa realmente la ausencia de vida, estoy tocando con mano el sentido del deseo de exterminio, la locura de la mente que descubre el mundo que le espera a quienes reniegan de la vida: estamos convirtiendo el mundo en un infierno.

Interior de una nave de producción del Lindano de Inquinosa S.A.
Interior de una nave del cuerpo central de la fábrica

Salgo por fin, ya casi corriendo, salto la cancela, vuelvo al mundo normal. Llevo pegado a la ropa y en la piel el sabor de la muerte. Tengo sed, no quiero beber, no quiero que el agua lleve por dentro lo que tengo que tener en la boca. Es estúpido, pero me defiendo como puedo.

Miro al sol alto que vierte al mundo su don de luz y fuego. Desconoce a los humanos, no se cura de nada, vive en su mundo de estrellas mudas mirando hacia algo que nunca entenderemos y que, como niños pensamos de poder controlar y someter a nuestros deseos. Pienso en el Lindano, en la facilidad con la que tiramos al campo y en casa veneno. Pienso a lo que nuestro estilo de vida conlleva en contaminación. Pienso en cuanta gente ha muerto por cáncer y leucemia, por nuestros juguetes de plásticos y nuestra necesidad de mango o café. Somos una sociedad de asesinos.

Un almacén de dos plantas con cubos de sustancias tóxicas en la Fabrica Inquinosa S.A. después del abandono
La fábrica se abandonó con toneladas de contaminantes sin sellar (Autor: desconocido, la encontramos el interior de la fábrica, la retocamos digitalmente)

Un problema de todos

El mundo no está hecho por compartimentos separados. Desde Sabiñanigo el agua del río Gállego lleva el Lindano al Ebro y a Zaragoza. Del Ebro el Lindano fluye al Mediterráneo. El viento recoge el Lindano que evapora del agua y de la humedad de los terrenos contaminados, transportándolo a distancias impensables. Los animales se contaminan, son comidos por otros que a su vez llegan a nuestra mesa. Cada vez que vertimos al medioambiente estamos contaminando al mundo entero y somos todos los que pagamos las consecuencias. Deberíamos salir todos a luchar para construir un sistema que no lo permita. Demasiadas veces se culpan solo jueces, empresarios y políticos. Ellos tienen una grave responsabilidad, la de favorecer, defender, ocultar o cumplir el delito. Pero nosotros, el pueblo, somos también culpables, culpables de mirar en silencio unos pocos puercos, privos de cualquier sombra de real inteligencia, que se hinchan los bolsillos a costa de nuestras vidas. Culpables de participar activamente en el sistema que está convirtiendo el mundo en un infierno, culpables de seguir la misma actitud, la misma mentalidad que nos moja las manos de sangre.

Texto y foto de Gabriele Burchielli

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