Fue la economía la que vació a los pueblos. El modelo económico que tiene en las urbes su centro de dirección y producción provocó la migración. Al mismo tiempo, el modelo social y de entretenimiento urbano, junto con su producción artística, se impusieron como el único digno, relegando la cultura popular a ser un rastro negativo del mundo campesino, un fenómeno que ha culminado en lo que hoy se conoce como la España Vaciada.
Como paradoja, ahora que la cultura popular ha muerto y que los conocimiento tradicionales se han convertido en folclor, se intenta promoverla y recuperarla, pero siempre desde un punto de vista “culto” nunca desde dentro. Hasta el gobierno ha llegado a a la conclusión que las dinámicas culturales están a la base de cualquier sociedad, siendo necesaria una dinamización cultural del mundo rural
Desequilibrio Territorial y Reflujo
La despoblación y el progresivo convertirse de las ciudades en espacios saturados, caros, ruidosos, origen de malestar físico y mental, han generado un movimiento de reflujo hacia los pueblos, sobre todo en términos de segunda vivienda y eco turismo, pero, aunque en menor medida, de personas que quieren salir del mundo urbano y de su modelo económico, social y cultural.
Al mismo tiempo, han nacido asociaciones de vecinos o culturales, plataformas a nivel nacional, como venteaviviraunpueblo.es, e iniciativas de los propios ayuntamientos, que se esfuerzan para anclar la población a los pueblos y a la vez generar un flujo migratorio de repoblación.
La repoblación se enfrenta a enormes problemas de orden económico, pero también sociales y culturales, exacerbados por la carencia de servicios públicos e infraestructuras adecuadas. Vaciados de sus gentes y de sus formas de vivir, los pueblos se han quedado sin ocasiones de ocio, sin cultura, sin ocasiones para estar juntos: a la dificultad de generar economía se suma la dificultad de generar vida social.
El límite de replicar modelos urbanos
El problema se ha abordado muchas veces con iniciativas y actividades de todo tipo que quieren revitalizar la cultura y generar ocasiones de diversión en aldeas y pueblos, a la par que se ha intentado despertar a su economía. Pero, con las debidas excepciones, estas iniciativas copian modos y modelos urbanos, es decir, se vuelven a proponer pautas económicas y culturales propias de aquel mundo que ha decretado la lenta muerte por asfixia demográfica de los pueblos.
La Imposición Cultural
Repetir los modelos de la urbe a pequeña escala no es promover el pueblo: es colonizarlo culturalmente. No se trata de organizar un concierto de jazz, una exposición de pinturas o montar un café literario al estilo de Barcelona o Valencia: se trata de que el pueblo vuelva a tocar música, a bailar, a pintar, a crear historias en el pueblo. No se trata de hacerlo en un escenario, más bien lugar urbano, sino otra vez en las tabernas, en las casas, en las calles y en las plazas de los pueblos.

La cultura popular ha sido anónima y participativa. El pueblo mismo inventaba y transmitía sus bailes, construía sus instrumentos, tocaba sus músicas: era el motor vivo de su estar juntos y de las horas de ocio y de recreo. En otras palabras, el pueblo era el dueño de su vida cultural a pesar de la constante obra de deslegitimación por parte de los poderes.
El cambio de los modos de producción, el éxodo rural masivo hacia las ciudades, y la visión de la cultura popular como un rasgo campesino poco deseable, acabaron por desterrar y matar la cultura popular, convertida hoy día en operación comercial y cultural que poco tiene que ver con el pulsar vivo de la sangre.
2025: Reinventar el Territorio
Estamos en el 2025, el proceso de despoblación sigue sin parar. Los pueblos se vacían; la compra obsesiva de una segunda casa transforma sus cadáveres reformados en parques de atracción o esparcimiento de la población urbana, en su desahogo necesario. Una parte consistente de los que se mudan a un pueblo son jubilados o teletrabajan, sin crear una economía anclada en el territorio y su gente. Las iniciativas culturales a menudo se limitan a copiar los modelos urbanos sin sentar las bases para una vuelta a la creación de una nueva cultura y expresión artística popular, anónima y de tradición oral.
La ciudad, su modelo económico, cultural y social, ha vaciado a los pueblos y se ha impuesto como manifestación visible de un sistema profundamente jerárquico, elitista, afectado por una pobreza endémica, inviable en términos de recurso, sostenibilidad y medio ambiente, dañino para el cuerpo y duro para el espíritu.
La única forma con que el pueblo y los seres humanos que lo habitan, o quieren volver a habitarlo, puedan volver a brotar, fuertes de vida y de futuro, es reinventarse el mundo, es crear una forma nueva de generar economía y una forma nueva de estar juntos, de ser manada, familia: de ser pueblo.
Escrito por Gabriele Burchielli
Foto: Carmen Ruz Rábade



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