Bonita piel de cabra marrón usada como alternativa a la colchoneta inflable durante los viajes, una alternativa duradera y respetuosa con el medioambiente
piel de cabra, Castro Marím, Portugal (Autor: Viaje a Edén)

Piel animal: alternativa a la colchoneta inflable

Cuando hablamos de equipamiento para acampar, la colchoneta inflable o la esterilla, juntos con la mochila y una navaja bien afilada, suelen ser uno de los imprescindibles. El mercado, como en tantos otros ámbitos, nos ofrece una infinidad de productos para todos los bolsillos, caprichos y situaciones. Todos se fabrican mediante procesos altamente contaminantes, a menudo en plantas industriales al otro lado del mundo, y no siempre son tan eficientes como prometen las marcas y aun menos indispensables.

Existe una opción sorprendentemente cómoda, efectiva, barata, duradera y con un impacto ambiental casi nulo para sustituirlas: la piel animal, un material que nos acompañó fielmente durante la mayoría de nuestra historia. Esta alternativa a la colchoneta inflable y a las esterillas de acampada convencionales no solo ofrece ventajas funcionales: es una elección ética, es una postura concreta hacia el medio ambiente, la vida y el viaje.

Tabla de contenido

Ventajas de la piel animal como alternativa a la colchoneta inflable

Una piel bien curtida ofrece un aislamiento térmico excelente con un peso y volumen mínimos. Una piel de cabra, según el tamaño y grosor, pesa entre 150 y 300 gramos; una de oveja, entre 300 y 400 gramos. Ambas se pliegan fácilmente, resisten cortes, golpes y abrasiones, y no necesitan fundas ni cuidados especiales.

A diferencia de las colchonetas inflables, las más valoradas por su comodidad y aislamiento, las pieles no llevan químicos, no se pinchan, no se rompen y duran años. Son agradables al tacto, y el saco de dormir no resbala sobre ellas.

Su capacidad aislante es sorprendente: en invierno, con fuerte humedad por lluvia o cuando nieva, protegen eficazmente del frío y de la humedad. No tenemos que extrañarnos: es el mismo aislamiento que protege a los animales que viven a la intemperie, sin casa, sin tienda y sin colchón inflable.

El confort y el aislamiento dependen del tipo y del grosor de la piel: a más grosor, mejor aislamiento y comodidad, pero también más peso. Según la situación y el tipo de viaje, elegiremos la piel adecuada, balanceando, como en mucho otros casos cuando se trata de material, entre peso y prestaciones.

A este respecto, a diferencia de las colchonetas inflables, una piel puede recortarse fácilmente con un cúter y adaptarse a las medidas del usuario. Esto es especialmente útil para personas de baja o mediana estatura, que suelen verse obligadas a cargar con esterillas de 2 o 2,20 metros —medidas estándar pensadas para abarcar todo el mercado—. El resultado: quien mide 1,60 acaba llevando 60 centímetros de material inútil.

La piel es más versátil respecto a la colchoneta inflable

La piel es una herramienta más versátil que una esterilla. Sirve como capa térmica en caso de emergencia, envoltorio protector para el equipo o incluso como fuente de material para reparar, atar o improvisar herramientas. Basta cortar una tira para arreglar una mochila, reparar un zapato abierto, fijar un toldo o un cabestrillo.

Para quienes queremos viajar ligeros, seamos exploradores, senderistas, mochileros o practicantes de bushcraft, la versatilidad es invaluable porque nos permite reducir el peso y el volumen del material.

Alternativa a la colchoneta: Qué tipo de piel elegir según el clima

Casi cualquier piel animal que cubra el torso y parte de las piernas sirve como alternativa a la colchoneta inflable. En España las más fáciles de encontrar —y a buen precio, entre 30 y 50 euros según el tamaño— son las de cabra y oveja merina.

La piel de oveja es ideal para climas fríos y acampadas invernales. Su lana espesa ofrece más aislamiento y comodidad, aunque también más peso. Carmen y yo, hartos de reparar esterillas inflables y decididos a reducir el plástico en nuestra vida, compramos nuestra primera piel de oveja de camino a León, en Santa María del Páramo. Nos la vendió Genaro, un curtidor habilísimo, que aprendió el oficio de su tatarabuelo (en su página internet viene el número de teléfono, por si necesitáis una piel, son una maravilla). La piel pesaba unos 800 gramos y cabíamos los dos. En el invierno leonés fue una bendición: cada noche agradecíamos el calorcito que nos proporcionaba, felices de haber tomado esa decisión.

La piel de cabra, más fina y ligera, es adecuada para estaciones cálidas o climas templados. Aísla menos y ofrece menos comodidad, pero pesa solo entre 150 y 200 gramos en tallas medianas. Fue nuestra segunda elección y, salvo en condiciones de frío extremo, es la que usamos habitualmente por su peso reducido.

Una mujer eligiendo unas pieles en el antiguo taller de un curtidor.
Carmen y Genaro examinando unas pieles en el taller de Santa María del Páramo (Autor: Viaje a Edén)

Razones éticas y medio ambientales para sustituir la esterilla sintética por una piel

Elegir una piel en lugar de una esterilla industrial no es solo una decisión práctica: es, sobre todo, un acto ético y político. Los productos industriales recorren miles de kilómetros, se fabrican con plásticos derivados del petróleo, dependen de procesos altamente contaminantes y requieren grandes inversiones para sostener su producción y distribución. Cada vez que compramos uno de estos artículos contribuimos a la degradación del entorno y alimentamos un sistema económico que destruye el territorio y concentra el poder.

Las pieles, en cambio, pueden obtenerse localmente, aprovechando lo que sería un desecho de la producción cárnica, sin grandes complejos industriales, sin residuos tóxicos, sin intermediarios y sin beneficiar a las grandes cadenas globales. Es una forma de apoyar economías locales, más justas y sostenibles. Es una manera de resistir a un modelo económico concentrador, desigual y destructivo. Es una forma de proteger las trasmisiones de los conocimientos tradicionales y defender la verdadera cultura del pueblo.

Prescindir de fábricas, envíos, plásticos y marcas no es volver al pasado. Es avanzar con sentido. En nuestra época, cuidar el mundo —y cuidarnos— se ha convertido en un acto revolucionario.

Genaro el curtidor en su taller explicando su forma de trabajar las pieles
Genaro en su taller de Santa María del Páramo (Autor: Viaje a Edén)

Conclusión

Si buscas una opción resistente, aislante, ligera, ecológica, económica, ética y versátil, las pieles son una alternativa real y efectiva a la colchoneta inflable y a la esterilla de acampada. Hace años que hablamos de cambiar el modelo económico y proteger el medio ambiente. Muchos de esos cambios son complejos y enfrentan barreras políticas, intereses económicos y resistencias sociales. Pero otros están al alcance de todos. Cambiar el champú por vinagre y bicarbonato. Cambiar la pasta de dientes por arcilla blanca. Cambiar la esterilla por una piel animal. Depende solamente de nuestra voluntad.

Para viajeros, exploradores, caminantes y otros amantes de la vida y del viaje, este cambio no solo es posible: es útil y ventajoso. Mejora la eficiencia y reduce el peso global de nuestro equipo, simplifica el material que llevamos aumentando su versatilidad y nos conecta con una forma más sensata y sobria de estar en el mundo.

Aquí terminamos. Si quieres compartir tu experiencia, tus dudas o una opinión, tienes un espacio de comentarios justo aquí abajo. Mientras tanto, te deseamos buen viaje y buena vida.

Escrito por Gabriele Burchielli

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