Tabla de contenido
- Los orígenes de Costa Esuri
- España en los años 90: un contexto de transformación
- Las maniobras urbanísticas para aprobar el proyecto
- La expansión del proyecto: Puente Esuri Resort
- Martinsa Fadesa y el colapso del proyecto Costa Esuri
- La crisis de 2008 y sus consecuencias
- Conclusión: Costa Esuri el legado del exceso
Los orígenes de Costa Esuri
Le dieron nombre antes de nacer, Puente Esuri. La denominación de este enclave proviene de su proximidad a Castro Marim, cuyo nombre romano era Esuri. Además, la antigua vía romana que conectaba con Lusitania, la vía XXI Esuri-Pax Iulia, atravesaba el norte de la actual provincia de Huelva.
Puente Esuri se encuentra en Huelva, al norte del término municipal de Ayamonte, una ciudad fronteriza que forma parte de la raya, la frontera natural del río Guadiana. Al otro lado del río, se encuentran los municipios portugueses de Castro Marim y Vila Real de Santo António, que, junto con Ayamonte, conforman un paisaje de singular belleza, donde la naturaleza y la historia se entrelazan, dejando huellas de puestos fronterizos, conserveras, actividades de contrabando y esteros donde reluce la sal. Todo ello forma un rico patrimonio, junto a un ecosistema único, las marismas, fruto de la constante interacción del Guadiana y el Atlántico. Las marismas se extienden por ambas orillas y han sido testigos de siglos de intercambio cultural y comercial, un comercio del que aún queda un testigo silencioso que se erige en la desembocadura, iluminando las noches del Guadiana y de los navegantes que se adentran en el vasto Atlántico, el faro de Vila real de Santo Antonio.
El territorio que hoy ocupa Puente Esuri, más tarde conocido como Costa Esuri, está rodeado de caminos y arroyos. Entre ellos se encuentran el arroyo de la Salina, que da origen al Estero del Dique, parte del arroyo Pedraza y, en gran medida, el río Guadiana y sus marismas. Hacia el interior, lo delimitan el camino de Valdepía y el camino natural del Guadiana (Gran Recorrido 114).
Por el centro del territorio discurrían algunos arroyos estacionales, hoy casi inexistentes debido a la alteración del entorno, como el arroyo de los Quesos y el Regajo del Pozo del Alcalde. Además, la vereda de la Zaballa (23 km de longitud) atraviesa el campo de golf abandonado y algunas urbanizaciones, para disgusto de algunos vecinos que parecen olvidar que las ovejas pastaban allí mucho antes que ellos. Al final, todos queremos carne de animales que hayan vivido en libertad, pero no siempre aceptamos lo que eso implica.
Todo este conjunto pertenecía a grandes fincas llamadas los Rejustos y los Botones, y a pequeñas fincas como la Casa de los Quesos, finca del Dique, Casa de la Salina y Casa de la Isabelona, conformaban 450 hectáreas. (Mapa interactivo con las ubicaciones de las casas)

En 1990 un grupo de empresarios compraron estas fincas de los Rejustos y los Botones, todas ellas de suelo rústico, a excepción de las pequeñas construcciones ya existentes. Estos empresarios decidieron crear un holding donde los principales socios fueron Fadesa y Baranda Azul S.A, empresa dedicada a la construcción, compraventa, permuta y urbanización de toda clase de bienes inmuebles. Mientras tanto, deciden poner solución a su primer problema: 450 hectáreas de suelo no urbanizable a orillas de un paraje natural como el río Guadiana y sus marismas. A un ciudadano de a pie le parecería algo realmente imposible de solucionar, pero no a unos grandes empresarios, que firman un convenio con el Ayuntamiento de Ayamonte en el que éste se compromete a recalificar los suelos para su construcción.
España en los años 90: un contexto de transformación
España en los años 90 vivía una transformación acelerada. Sevilla inauguraba la Expo 92; Barcelona acogía los Juegos Olímpicos; los trenes de alta velocidad comenzaban a conectar las principales ciudades; Los del Río convertían la "Macarena" en un fenómeno global; y la televisión aún reunía a toda una generación frente a los mismos programas en la misma franja horaria. En el ámbito político, el país estuvo bajo la presidencia de Felipe González (PSOE, 1982-1996) y, posteriormente, de José María Aznar (PP, 1996-2004). Andalucía, por su parte, era gobernada por Manuel Chaves (PSOE, 1990-2008). En Ayamonte, el holding tejió sus acuerdos con los alcaldes de la época: Isaías Pérez Saldaña (PSOE, 1991-1996) y Rafael González González (PSOE, 1996-2007). Junto a ellos, negociaron, ajustaron planes y sellaron pactos que darían forma al futuro de Costa Esuri.
Las maniobras urbanísticas para aprobar el proyecto
Sin embargo, en 1993, la empresa encargada del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Ayamonte encontró serias dificultades para encajar la recalificación de estos terrenos dentro del marco normativo. Ante la complejidad del proceso, el Ayuntamiento optó por la vía más rápida: en lugar de desarrollar el PGOU, recurrió a unas Normas Subsidiarias más flexibles para aprobar la recalificación. Finalmente, en enero de 1995, la Comisión Provincial de Urbanismo dio luz verde a esta maniobra, convirtiendo los terrenos en urbanos sin llevar a cabo la Evaluación de Impacto Ambiental exigida tanto por la legislación estatal como por la andaluza (Ley 7/94 de Protección Ambiental).
La expansión del proyecto: Puente Esuri Resort
En 1998 se aprobó el Plan Parcial y, en 2003, FADESA adquirió los terrenos y se convirtió en promotora del proyecto Puente Esuri Resort. En 2005, firmó nuevos convenios con el Ayuntamiento para recalificar 300 hectáreas adicionales, bajo el eslogan: "Una nueva Marbella a orillas del Guadiana". El plan incluía 650 hectáreas urbanizables, dos campos de golf, 3 hoteles, colegio, 2 centros deportivos y 2 centros comerciales, uno de ellos con 1.000 plazas de aparcamiento, locales comerciales y restaurantes, y, por último un puerto deportivo bajo el puente Internacional (España-Portugal).

Martinsa-FADESA y el colapso del proyecto Costa Esuri
Fadesa y su sueño marbellí, fue un grupo inmobiliario gallego creado por Manuel Jove en 1980. Su expansión, tanto a nivel nacional como internacional (Marruecos y Portugal), tuvo una intensa actividad constructiva, incluyendo apartamentos, viviendas, hoteles, campos de golf y bodegas de vino.
En 2006, Martinsa adquirió Fadesa por 4.045 millones de euros. Esta empresa, también del sector inmobiliario, pertenecía a Fernando Martín Álvarez, quien pasó a dirigir la recién creada Martinsa-Fadesa. Mientras tanto, la actividad constructiva en Costa Esuri seguía en marcha: el hotel estaba en construcción y uno de los campos de golf ya estaba operativo.
Las primeras urbanizaciones construidas en la zona fueron Marina Esuri, Vista Esuri y Las Lomas de Esuri, en 2005. A estas les siguieron Las Encinas en 2006; La Colina, La Jara y Albatros Golf en 2007; y Albatros Golf II en 2008, creado para ser ruinas, al igual que un gran centro comercial, que esperaba su apertura en verano de ese mismo año, una apertura que nunca llegó.

En los años más críticos, aún quedaban proyectos por ver la luz: la urbanización Sea and Sun en 2009 y algunas obras por aprobar, en ese mismo año surgió un nuevo intento de revitalizar la zona con la construcción del puerto deportivo Marina Esuri, un proyecto de carácter privado impulsado por Pescanova, empresa gallega pesquera y comercializadora de productos del mar. Aunque, como muchos otros planes en Costa Esuri, este plan quedó en el aire debido a la inestabilidad financiera y la entrada en concurso de acreedores de Pescanova en 2013. El Guadiana, esta vez, salvaba sus aguas.
Para entonces, Martinsa-Fadesa ya no podía sostener su deuda y en 2008 se declaró en concurso de acreedores, con un pasivo que alcanzaba los 7.000 millones de euros.

Martinsa-Fadesa formaba parte del G-14, un grupo que reunía a las principales inmobiliarias de España y que fue creado en 2007 con el propósito de defender sus intereses y coordinar estrategias en el sector, evitando así la competencia. Su papel en la burbuja inmobiliaria y la crisis posterior dejó en evidencia los riesgos de un mercado dominado por unas pocas empresas con intereses especulativos.
Actualmente, Martinsa-Fadesa sigue en proceso de liquidación, enfrentando dificultades para vender sus activos y saldar sus deudas. Además, su expresidente, Fernando Martín, ha sido implicado en la trama Gürtel por el pago de comisiones corruptas.


La crisis de 2008 y sus consecuencias
El año 2008 marcó un antes y un después en la economía global. La crisis financiera, originada en Estados Unidos con el colapso de Lehman Brothers y la crisis de las hipotecas subprime, se extendió rápidamente por todo el mundo, afectando de manera directa a España. La burbuja inmobiliaria estalló, arrastrando consigo a gigantes del sector como Martinsa-Fadesa. El desempleo se disparó, especialmente en el sector de la construcción, y España pasó de vivir una época de bonanza a una crisis económica que dejó millones de parados y un sistema financiero en crisis. En aquel momento, el presidente del gobierno era José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE), cuyo mandato se vio fuertemente marcado por las dificultades económicas. Los bancos, que habían concedido préstamos hipotecarios sin suficiente control, se encontraron con una cantidad enorme de impagos y muchas entidades necesitaron ser rescatadas con dinero público. A nivel social, se acentuaron las desigualdades y aumentó la precariedad laboral, lo que llevó a un clima de descontento que, años más tarde, se traduciría en movimientos como el 15M o Occupy Wall Street.
La burbuja inmobiliaria de 2008 se gestó durante años de expansión económica en los que se construyeron viviendas de forma descontrolada, impulsadas por la especulación y el fácil acceso al crédito. Bancos y cajas de ahorros concedieron préstamos hipotecarios sin garantías suficientes, mientras promotoras y constructoras desarrollaban proyectos sin un respaldo real de demanda. Cuando la crisis estalló, los precios de la vivienda se desplomaron, dejando a miles de familias atrapadas en hipotecas impagables. Los bancos dejaron de conceder crédito, lo que generó una oleada de desahucios y la paralización de miles de proyectos urbanísticos, entre ellos Costa Esuri.
Costa Esuri, que alguna vez fue vista como una promesa de crecimiento y modernidad, experimentó un giro sombrío. Los ambiciosos proyectos inmobiliarios que comenzaron a principios del siglo XXI se detuvieron bruscamente debido a la crisis económica y la especulación desmedida. Hoy, en lugar de la vibrante urbanización y el bullicio de las construcciones, el paisaje está marcado por el abandono. El centro comercial, que alguna vez fue concebido como el corazón comercial de la zona, se encuentra en ruinas, con sus pasillos vacíos llenos de escombros. Lo mismo ocurre con el hotel, que, sin terminar, se ha convertido en un cuerpo inerte sobre una colina, como un esqueleto convertido en carroña. Un poco más allá, un conjunto residencial que en su día prometió ser un nuevo vecindario próspero ahora está cubierto por la maleza, con edificios desmoronados y la sensación de que el tiempo se ha detenido. Estos lugares, abandonados por la acción humana, se han convertido en un terreno fértil para los gatos y para exploradores urbanos (urbex), quienes encuentran belleza en la ruina de estos espacios olvidados.

Conclusión: Costa Esuri, el legado del exceso
Costa Esuri es el resultado de una ambición desmedida que nunca debió materializarse. Lo que una vez fueron marismas, arroyos y pastos quedó sepultado bajo hormigón y proyectos grandilocuentes que ignoraron por completo el valor del entorno. En lugar de respetar el paisaje, se impuso la especulación; en lugar de preservar un espacio de riqueza natural, se sacrificó en nombre de un urbanismo sin sentido.
Hoy, Costa Esuri es un recordatorio de cómo la codicia transforma la tierra en escombros. Algunas urbanizaciones siguen en pie, con una vida a medio gas; calles que llevan a ninguna parte; construcciones varadas en el tiempo, convertidas en esqueletos de un proyecto fallido. Todo esto es el legado de quienes vendieron promesas sin preocuparse por las consecuencias.
Mientras tanto, el Guadiana sigue ahí, ajeno a la avaricia humana. Sus aguas, que un día vieron pastar ovejas y discurrir arroyos, ahora reflejan un absurdo complejo fantasma; reflejan el tiempo que sigue su curso, indiferente a los planos que se dibujaron. La naturaleza, paciente, reclama lo que le arrebataron; el asfalto se resquebraja, las raíces emergen y el silencio pesa más que cualquier discurso de prosperidad. Costa Esuri no es desarrollo ni oportunidad; es la prueba de que no todo lo que puede construirse, debe hacerse.
Escrito por Carmen Ruz Rábade



Se nota que hace mucho que no visita costa ESURI
Gracias a los que vivimos allí y a los que están apostando por invertir en servicios
Poco a poco se está convirtiendo en un gran pueblo con muy buenos vecinos
Y seguiremos apostando por un paraíso que es donde vivimos
Buenas tardes María José, actualmente estamos viviendo (temporalmente) en Costa Esuri, que, a pesar del cariño que le tenemos, no es un pueblo, sino una urbanización de viviendas primariamente vacacionales. De hecho le falta uno de los atributos principales de un pueblo: la plaza. Lo servicios son casi inexistente (2 bares y 1 supermercado) debido a la falta de población en relación con la gran extensión del área. El número de las casas vacías es decididamente más alto de las ocupadas, sea temporalmente o de forma estable. Nos alegra que considere Costa Esuri un paraíso y que tenga buena relación con los vecinos, nosotros también gozamos de la cercanía del Guadiana, del silencio y de quienes hemos conocido aquí, pero el afecto personal no cambia la realidad del presente de Costa Esuri, quizás podrá cambiar su futuro.