El Rinella Movie Park nació como una apuesta ambiciosa de los estudios cinematográficos malteses Mediterranean Film Studios para superar su crisis financiera, pero su vida fue breve. Concebido como un parque temático inspirado en el cine, nunca logró despegar y terminó sumido en el abandono. Hoy, sus ruinas yacen juntos al mar, eco de un intento fallido y de un pasado efímero transformados en un fácil Urbex a menos de una hora en autobús de La Valletta. En este artículo, recorremos su historia, exploramos lo que queda de él y reconstruimos con la imaginación el parque que quiso ser y nunca fue.
Tabla de contenido
- El origen de Rinella Movie Park: un sueño nacido en el mar
- El nacimiento de los Mediterranean Film Studios
- La creación de Rinella Movie Park: un parque temático inspirado en el cine
- El declive y cierre de Rinella Movie Park
- Un legado en el olvido
- Explorando el Rinella Movie Park en 2025
El origen de Rinella Movie Park: un sueño nacido en el mar
Como todo lo relacionado con Malta, la historia del Rinella Movie Park comenzó en el mar, concretamente en la costa mediterránea española. En 1963, Benjamin “Jim” Hole, un reconocido experto en efectos especiales, estaba filmando algunas escenas en la región cuando tormentas y mal tiempo enloquecieron el mar, poniendo en riesgo el rodaje.
Al año siguiente, durante una visita a Malta, Jim tuvo la idea de construir un tanque para rodar escenas acuáticas sin depender de los caprichos del tiempo, en preparación para su siguiente película, “The Bedford Incident”. El tanque se ubicaría cerca del mar: la misma naturaleza ofrecería el horizonte para los rodajes. El proyecto fue subvencionado por el gobierno británico, que en ese entonces administraba Malta.

El nacimiento de los Mediterranean Film Studios
Después del rodaje de la película, el gobierno maltés decidió conservar el tanque para futuros proyectos cinematográficos. Con el tiempo, se construyó un segundo tanque más pequeño a su lado. Así nació Malta Film Facilities (MFF), que más adelante cambió su nombre a Mediterranean Film Studios (MFS) y finalmente en Malta Film Studio (MFS).
La empresa estuvo gestionada por funcionarios gubernamentales hasta mediados de los años 90, cuando el gobierno maltés, en su proceso de privatización de empresas estatales, vendió MFS al empresario canadiense Charles J. Falzon. A pesar de la gestión privada y de las muchas películas y series que se rodaron en sus instalaciones, los MFS nunca alcanzaron la rentabilidad esperada. Para quienes quieran profundizar en la historia de la empresa, dejo este enlace en inglés.

La creación de Rinella Movie Park: un parque temático inspirado en el cine
En 1996, los tanques de MFS se utilizaron como garantía para obtener un préstamo bancario destinado a la construcción de un parque temático inspirado en el cine: el Rinella Movie Park. La inauguración se convirtió en un evento nacional al que asistieron el Primer Ministro y otras personalidades destacadas. Cuentan que fue impresionante. Payasos, magos, cantantes, actores y músicos animaban las calles de Rinella, acompañados por una impresionante Brass Band que desfilaba como una serpiente por las calles del parque. Fue todo un éxito, y pronto Rinella Movie Park entró en el corazón de muchos malteses.


Aunque en Europa ya habían abierto parques de atracciones como “Mirabilandia” y “Gardaland” en Italia o “Port Aventura” en España, en aquellos años en Malta no existía ninguna atracción similar y que ofreciese tanta diversión. Había dos espectáculos de muñecas al día, uno a las 12 y otro a las 18:00, había conciertos, espectáculos de magias o de payasos y musicales como “Grease” o “Singing in the rain”. Desde el momento de apertura, hasta el cierre, cada hora ofrecía una diversión diferente.
El declive y cierre de Rinella Movie Park
A pesar de su éxito inicial y la gran acogida por parte del público maltés, Rinella Movie Park cerró sus puertas en el 2000, solo 4 años después de su inauguración, por razones de rentabilidad. MFS era una empresa ya endeudada, y la apertura del Rinella Movie Park generó otra deuda considerable con el banco; algunos piensan que el mismo parque fue la gota que colmó el vaso y acabó por arruinar aún más a MFS.
Cabe destacar que en aquel tiempo Malta tenía una población de 378.132 habitantes, el turismo no había alcanzado la cifra de hoy en día y el parque estaba abierto todo el año… Por mucho que fuese una atracción única en Malta, la situación en la que comenzaba su andadura no era de las más felices.


Un legado en el olvido
Hoy en día, MFS ha vuelto a estar bajo control del Estado maltés, que busca atraer inversores para revivir la empresa, a pesar de que se siguen rodando películas tras película en esta bella isla, como se puede averiguar de Screen Malta, su página internet oficial. Mientras tanto, el abandono, el tiempo y un incendio han reducido Rinella Movie Park a ruinas. Sin embargo, lo que para algunos es una tragedia, para otros es una delicia: junto con el Lazareto de Manoel Island, el parque se ha convertido en uno de los destinos favoritos de los amantes del urbex.
Explorando el Rinella Movie Park en 2025

Las ruinas del Rinella Movie Park se encuentran junto al MFS, en Malta. Una estrecha carretera de asfalto conduce desde Triq Santu Rokku hasta la cancela de entrada. No hace falta saltar; basta con bordearla hasta encontrar un agujero en la red y acceder por ahí. Luego, al seguir el muro que rodea el parque hacia la derecha, se llega enseguida a la puerta de acceso. Está abierta, ni siquiera hace falta empujarla.
Al entrar, nos encontramos con un pequeño edificio a la izquierda, donde aún cuelga un cartel con los precios de las entradas en lira maltesa. Malta adoptó el euro en 2008, lo que nos recuerda el tiempo que este lugar lleva abandonado. A nuestra derecha, se abre un gran espacio diáfano: una nave que en su día fue una sala de juegos. Hoy, poco queda más allá de algunos murales que aún colorean las paredes y restos de paneles de madera que alguna vez decoraron o dividieron el espacio.


Un poco más adelante tropezamos con la Taquilla y el “Welcome Center”. Tiene varias habitaciones pintadas de rojo que se distribuyen a los dos lados de un pasillo; varias puertas dan al exterior. De hecho, saliendo de una de las puertas, nos encontramos frente al muro lateral de la sala de juegos. Lo bordeamos hasta alcanzar otra nave larga y de tamaño parecido, pero esta vez el interior está dividido en varias habitaciones. En una de ellas, unas jaulas parecida a la de los palomares llenan un cuarto por entero; en otra estancia hay unas maletas de cuero abiertas y vacías, la siguiente está ocupada por un escritorio. Ignoramos el sentido de todo esto. Salimos y entramos en una tercera nave; aquí lo más atractivo son los restos de hojas de lo que fue el escenario del teatro de marionetas.



Seguimos la exploración. Los edificios están distribuidos armoniosamente entre ellos sin que haya un centro verdadero; cada uno hace referencia espacial a los edificios cercanos. También las líneas de los tejados se desarrollan a diferentes niveles, creando una rítmica alternancia. A pesar de esto, una plaza extrañamente dedicada a Cristóbal Colón es el espacio abierto con más superficie. La presiden un enorme tiovivo, el cadáver de unos columpios y la proa de un submarino que se utilizó realmente durante el rodaje de la película U-571. Créeme si te digo que, de pronto, un conejo blanco aparece en una esquina y nos mira un rato antes de esconderse otra vez en las entrañas de Rinella, como si fuese un personaje de Alicia en el País de las Maravillas…




Uno de los edificios que se asoma a la plaza conserva elementos góticos en su interior. Suponemos que debió ser un homenaje al gótico isabelino y a la época de Colón. En el mapa turístico del parque que conseguimos, esta estructura aparece identificada como una antigua sala de armas.

A poca distancia se encuentra la atracción que más fascinó al público de Rinella Movie Park: la experiencia Titanic. Este gran edificio albergaba una impresionante recreación de los pasillos y salones del famoso barco, montados sobre plataformas mecánicas que simulaban el impacto contra el iceberg. Los suelos se inclinaban, las paredes se abrían, y los visitantes podían experimentar la sensación de un naufragio. Imagino que algunos de los visitantes gritaron, más por coherencia que por miedo real. Un incendio arruinó todo, a excepción de una sala con espejo que no carece de belleza, el negro del hollín crea contrastes de extrema belleza bajo la luz violenta del sol maltés.


Salimos del Titanic, bordeamos un muro y una larga escalera nos lleva a Jumanji, un antiguo restaurante temático donde en su día se servía pizza. Hoy, apenas quedan restos de su pasado.

Seguimos recorriendo las ruinas de este parque de atracciones abandonado, este mundo de cowboys, piratas, soldados, ensueños del mar y del cine, subiendo escaleras, bajando a sótanos sin luz. Pero el tiempo, el abandono y el fuego han dejado poco, más allá de los edificios; las decoraciones y el mobiliario han desaparecido, las plantas han vuelto a retomar el espacio que siempre les ha pertenecido.





En medio de una tarde de febrero, con el sol alto y fuerte, rodeados por el silencio, el sonido de nuestros pasos se apaga de pronto, sin eco, como si fuese engullido por el Sol. De las risas y de la alegría del público de Rinella queda solo el extraño espejismo creado por nuestra imaginación y que tiene aquella fuerza que todos conocemos, por la cual la ilusión, hermana de la esperanza, es a menudo más fuerte que la realidad, y nos hace vivir sueños, o engaños, sin que puedan convertirse en la realidad de lo vivido.
Alcanzamos el techo del edificio más alto de Rinella y miramos a nuestro alrededor. El Mediterráneo brilla tranquilo, nos llega su olor, nos golpea su belleza y la promesa de un viaje infinito. Me pregunto por qué necesitamos tanto para reír: ¿el mundo de por sí no es un parque de atracciones más grande y bonito? La aventura verdadera es la que conlleva riesgo y nos premia con un rico don de adrenalina o dolor. Vacíos y débiles, los edificios retoman lentamente su naturaleza de material desordenado: piedra y madera para sustentar las plantas y el paso ligero de reptiles, gatos, un conejo blanco y algún que otro ser humano.
Escrito por Gabriele Burchielli



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