La Piscina abandonada de Pesués es un elegante obra de diseño que poco encaja con el entorno. Parece haber caído del cielo al centro del habitado, de golpe, en un noche cuando todos dormían. Imagino los paisanos levantarse por la mañana y mirar boquiabierto tan tamaña obra. Pero las más prosaica realidad es diferente: es el enésimo caso de incapacidad política mezclado, como siempre, al completo desinterés por las cosas públicas que nutren una buena parte de quienes mal administran las instituciones. Otro caso similar fue el puerto de Navacerrada privatizado por la incapacidad política.

Allá por los primeros años del nuevo milenio, el gobierno de Cantabria, formado por PRC y PSOE, promovió la construcción de 6 piscinas en diferentes ayuntamientos de la región, comprometiéndose a hacerse cargo de los costes de gestión durante los primeros años. Pensamos que más que amor al deporte tiene que haber sido amor al dinero que circula cuando se trata de construcción.
Algunas de las piscinas se construyeron, se abrieron al público y siguen funcionando. El destino de Pesués fue otro. En Marzo de 2005 comenzaron las obras con un presupuesto de 2,6 millones de euros y plazo de ejecución de 15 meses. La empresa adjudicataria de las obras fue Ascán. En 2011, cuando las obras estaban todavía por terminar, llegó un cambio de gobierno, con el PP reemplazando el PSOE en la gestión de Cantabria.
En 2013 acabaron las obras, pero Ascán decidió retener la estructura por un presunto impago. Comenzó una pugna legal entre Ascán y Ayuntamiento, hasta que, en 2015, el tribunal superior de justicia autorizó el ayuntamiento de Pesués a tomar posesión de la piscina. Pero, mientras tanto, el gobierno de Cantabria, dirigido por el PP, rechazó hacerse cargo de los costes de apertura y mantenimiento. El Ayuntamiento declaró que, no pudiendo sostenerlo, la piscina quedaría cerrada. Escribimos en junio de 2025 y la piscina sigue en completo abandono.
A menudo se habla de la corrupción de los políticos. En este caso, como en muchos otros, es simplemente incompetencia e incapacidad de los políticos y de todos aquellos otros personajes que ocupan cargos decisivos y que, lamento decirlo, no saben hacer nada, ni siquiera mantener una carretera sin baches. El pueblo dejamos la administración del estado a personajes que profesionalmente no valen absolutamente nada.
Asistimos constantemente, como en este caso, al gasto de millones para construir grandes edificios cuando, si de veras el objetivo es solo nadar y entrenarse, se podría hacer todo más sencillo, menos “monumental” y con menos gastos de construcción y sobre todo de mantenimiento. Pero para las diputaciones poco importa, el dinero es público, no suyo. Hablando de Pesués resulta ridículo que se levante una obra antes de haber hecho un plan para su viabilidad a largo plazo, así como que el cambio de gobierno se traduzca en el abandono de una estructura que ha costado millones. Ni siquiera están haciendo un mantenimiento básico para que la Piscina se mantenga en buen estado en vista de una abertura futura. A ver si un día de estos les daremos la espalda al estado y recuperaremos los nuestro.

El edificio tiene una superficie construida de 2.512 metros sobre tres plantas: semisótano, planta principal y graderío para acoger hasta 80 espectadores. El proyecto corrió a cargo del estudio Fernandez Abascal – Muruzabal.
Entrar es fácil. Es bastante con rodear el edificio y elegir entre un par de ventanas rotas o un par de puertas forzadas. Entramos por las puertas, llevamos mochilas y llueve…

La sala de las piscinas es hermosa. Está formada por una rítmica alternancia de mármol y cerámica, revestimientos sintéticos y acero, vidrio y madera, que juega con la luz modulando sabiamente tonalidades de gris, blanco y azul claro, que encajan armoniosamente con la madera de pino.


El resultado da una profunda sensación de armonía, paz, equilibrio, liviandad, casi como si estuviésemos sentados en una nube, o el edificio fuese tan ligero como para levantarse al siguiente resoplar del viento. Desde los enormes ventanales se ven destellos de campos, un veredilla que se pierde entre el verde, el colegio y las casas adosadas de los vecinos de Pesués. Cierro los ojos e imagino lo bonito que sería si hubiese agua en las vascas y algún vecino para echar una charla. Luego pienso que costó demasiado para no amargarse un poco…


Desde la sala principal de las piscinas, se accede a bien organizados vestuarios, baños, a las gradas para los espectadores, a la entrada principal y su pequeña oficina y alguna otra habitación que serviría para los servicios añadidos. En el sótano el complejo y costoso aparado para calentar, purificar, mantener y distribuir el agua al edificio parece haber sido montado ayer.



Seguimos explorando el edificio curiosamente en perfecto estado. Normalmente al abandono sigue el vandalismo y sobre todo el expolio de material eléctrico u otras partes útiles. Pero no ha sido el caso. Quitando la suciedad, algunas latas y pequeños tanques rojos que algún chaval del pueblo vació sobre el suelo, se diría que mañana la Piscina de Pesués podría abrir puertas.

Los amantes del urbex encontrarán en la Piscina de Pesués un lugar extraño e insólito. El arcano labrar del tiempo que transforma la obra humana en ruina o la densa memoria de la vivencia humana, dejan el paso a la curiosa alegría de un lugar bien diseñado, prácticamente nuevo, lleno de luz y espacio, que carece de cualquier historia o vivencia por no haber sido nunca utilizado.
Estoy sentado, escribiendo, con un café recién hecho con el hornillo de acampada y bien podría estar esperando a la novia o a un colega que acaban de entrenarse. No sé si los otros exploradores me entienden: estoy en el medio de un lugar abandonado pero a la vez es todo tan perfecto, hermoso, pero de una forma tan corriente, que es como si estuviese en un lugar normal. Pero no, es un lugar abandonado, hasta hemos pasado la noche aquí para defendernos de la enésima tormenta que este maravilloso cantábrico no para de soltar.
No sé donde iremos ahora, quizás seguiremos la costa hacia Francia o viraremos a Sur siguiendo el curso del Deva. Espero encontrarte otra vez aquí, por las páginas de Viaje a Edén o quizás en persona, en otro de día viaje que todavía desconocemos. Un saludo, o no, hoy estoy muy alegre, un abrazo, un gran abrazo.
Hasta pronto
Escrito por Gabriele Burchielli
Foto de Carmen Rúz Rábade



comenta