Bote medicina leprosería de Trillo, Guadalajara.
Interior de la Leprosería de Trillo (Viaje a Edén)

Leprosería de Trillo (Guadalajara)

Dedicamos este breve escrito a la memoria de los últimos 25 habitantes de la Leprosería de Trillo.

Una memoria solo imaginada

Es algo tuyo, al comienzo. Nada se ve, todo acaece por dentro, acaece en silencio. Pasan algunos años desde que te toca la sangre a cuando te das cuenta, a cuando sabes y sientes que Ella crece, dentro de ti. Comienza despacio, unos ligeros hormigueos en las manos y en los pies, casi como cosquillas. Luego llega aquel extraño cansancio, como si el sueño no bastara para devolver fuerza y alegría, pero nada se ve, todo acaece por dentro, acaece en silencio.

Te despiertas una mañana cualquiera y miras el espejo. Con la punta de los dedos extiendes un poco la piel de la mejilla. Acercas aún más la cara al espejo. Hay una mancha. Es chiquita, rojo pálido. Ella comienza a mostrarse. Desde ahora tendrás una percepción perfecta y absoluta del tiempo: con lentitud obsesiva, un poco, solo un poco, cada día, la Lepra labrará tu cuerpo. Todas las mañanas, en frente del espejo, exploras minuciosamente la superficie todavía lisa de tu cuerpo, analizas los cambios, imperceptibles casi, en los dibujos que Ella está trazando. Día se suma a día, mes tras mes todo se hace más evidente, para ti, y para los demás.

Las manchas se han extendido, aparecen protuberancias como gordos parásitos, llagas húmedas de secreciones, pero la Lepra no se detiene, sigue labrando tu cuerpo, deforma piernas y brazos, tuerce los labios, te quita la sensibilidad: sin la advertencia del dolor te quemas, te cortas, te llenas de cicatrices.

Son años intensos para tu carne: Ella sigue ejecutando su obra silenciosa hasta darte el aspecto de un monstruo. Pero, sepultado en los pliegues de la enfermedad, todavía estás tú, que nadie ya ve, que nadie recuerda. Te arrastras solo ahora, por el disgusto, y el miedo que los otros tienen a que Lepra entre en sus cuerpos, y haga con ellos lo que acaba de hacer contigo.

Las ruinas de la Leprosería de Trillo

Se llega a la Leprosería de Trillo por un desvío señalizado de la CM-2115. Después de unos 200 metros una barra impide el tránsito a los coches, hay que seguir andando. Poco mal, el entorno es bonito, y lleno de árboles, y el día hermoso: estamos en junio, la primavera está a punto de estallar en el verano. La primera instalación que se encuentra es un pequeño cementerio, quizás algún Leproso llegando habrá pensado en un chiste un poco macabro: relájate, que ni de muerto saldrás de aquí. Hay que reírse, sobre todo de lo que da miedo y de lo que duele. El cementerio es pequeño, un cuadrado de tierra y hierba de unos 50 metros de lado, rodeado por un muro; los nichos se abren en las paredes. La tierra también acogió algunos cuerpos, unas bellas y sencillas cruces de hierro marcan todavía los lugares de las sepulturas. Siguiendo el camino se tropieza con la iglesia y las estructuras que ocupaban las monjas que asistían a los enfermos. Ahora la zona ha sido cedida en uso a la Comunidad de La Sagrada Familia, que por lo menos la restauró. Tropezamos con un joven que nos confunde por clientes. No, no vinimos para un retiro espiritual. Al conocer nuestras intenciones, el joven intenta asustarnos delicadamente, visitar la Leprosería está prohibido y la Guardia Civil les dijo de avisar por si viese algún intruso. Nos miramos. Queda claro que no me lo creo ni él insiste. Una breve charla de circunstancia, un saludo cordial y seguimos. Unos 300 metros a la derecha se divisa lo que fue el Hospital y la Leprosería verdadera.

La Leprosería de Trillo está formada por una gran área ajardinada donde abundan bellos, grandes, viejos árboles; anchos viales vertebran el espacio y ponen en comunicación los muchos edificios que conforman la Leprosería. La relación entre edificaciones y espacios abiertos está decididamente en favor de los últimos: más allá de la profunda armonía que transmiten, parece que el arquitecto apoyó delicadamente los edificios para no molestar a la naturaleza de alrededor.

Son todos blancos, sencillos y elegantes, de una a tres plantas. La base de los muros es de piedra, el alzado está cubierto de cal blanca, las ventanas son grandes y rectangulares. Las estancias para los enfermos tienen balcones. Destaca el Hospital, con una bella portada de piedra, y la que parece haber sido una sala poli funcional para ver películas, jugar a las cartas y estar juntos como apetece, es la única estructura que tienen grandes ventanales en arco que permiten a la luz de inundarla por dentro.

Los interiores dan tristeza. Un mar de material, medicinas, herramientas, mobiliario, han sido abandonados como si fuesen basura. No hay justificación posible más allá del desinterés y de la profunda ignorancia de quienes gestionaron el cierre. Las estructuras llevan todos los signos de un fuerte deterioro al que se le añade el vandalismo gratuito y los espolios: la Lepra del tiempo ha labrado la obra humana, más años de abandono y nadie reconocerá nada, todo estará sepultado debajo de los pliegues de la enfermedad…

Me temo que los amantes del paranormal no encontrarán mucho aquí, por otro lado las almas más meditativas gozarán de un lugar hermoso, hecho para la paz del cuerpo y el sosiego del alma, donde el aire huele a hierba, la luz está libre de correr por todas partes y los edificios son demasiado pequeños y alejados para cubrir la vista del cielo: todo es una invitación a sentarse, respirar, buscar equilibrio. Pero una extraña mezcla de nostalgia, paz y tristeza, revolotea alrededor del alma: la Leprosería era una isla de tranquilidad y cuidado en las tempestades del mundo: a los últimos 25 habitantes tuvieron que echarlos. No nos extraña, su casa era bonita y acogedora.

Historia de la leprosería de Trillo, Historia de un abandono

La historia de la Leprosería de Trillo comenzó el 15 diciembre del 1943, era un miércoles, por Europa todavía resonaba la voz grande de la Guerra. La Navidad se acercaba, quizás había nevado. Paradojas de la Historia, la leprosería de Trillo se llenaba de enfermos solos, rechazados, mientras que en el resto de España las familias se buscaban, se juntaban, para pasar las festividades, a pesar de todo. Quizás que sintieron, tiene que haber sido tan diferente, entrar en un lugar por primera vez, después de un largo viaje, cruzando un país que temblaba todavía por los golpes recibidos, llevando en la sangre el peso de la Lepra y en el alma un futuro robado.

La Leprosería de Trillo se construyó en el mismo enclave donde en 1770 Carlo III inauguró un balneario, que entre alternas fortunas había llegado hasta el estallido de la Guerra Civil. Tras el abandono de las instalaciones y su parcial demolición, se levantó la Leprosería, cuyo nombre oficial era Instituto Leprológico Nacional de Trillo. En internet encontrarán informaciones un poco confusas al respecto, pero el Balneario ocupaba una cercana ubicación diferente a la de la Leprosería.

La Leprosería de Trillo se configuró como un poblado independiente. Junto con el hospital había zonas residenciales, los archivos, las áreas para el personal, una iglesia con estructuras anexas donde vivían las religiosas que se ocupaban de los enfermos. Había, lavandería, comedor, biblioteca, escuela, cine, salas de estar, farmacia y jardines.

Más allá de los profesionales de la salud y de las religiosas, en el centro trabajaba personal de mantenimiento, jardinería, sastres, etc. Muchos de los servicios eran ofrecidos por empresas externas. Del pueblo de Trillo no eran muchos lo que se atrevían a trabajar en la Leprosería: el miedo a la Lepra era todavía fuerte.

La antigua Leprosería de Trillo era un mundo en el mundo, perfectamente delimitado pero no por muros, todo estaba abierto hacia el exterior, sino por el sentido de identidad y el peso de la enfermedad que lo aislaba y hacía diferente del pueblo y de su gente. Era una sociedad un poco extraña, hecha por hombres y mujeres de ciencias, monjas, trabajadores laicos de todos los tipos y leprosos curados y por curar, que interactuaban cada uno con sus razones y sus objetivos. Tiene que haber sido hermoso desde un punto de vista humano, pena que no se pensó de salvar del olvido no solo los edificios, sino algún testimonio de aquel mundo tan extraño a mis ojos, tan delicado, tan diferente.

Pasada la década de los 40, la incidencia de la Lepra comenzó su parábola descendente. En 1996 la Leprosería de Trillo contaba con solo 30 pacientes, con una edad media de 69 años, y que habían pasado en Trillo una media de 35 años (sé que queda un poco frío hablar de vidas y vivencias en términos de media y porcentajes, pero los números pueden hablar tal y cuanto un poema si lo llenamos de imaginación). Todos ellos estaban curados, pero era obvio que no tenían ningún lugar donde ir: su hogar era el Leprosería de Trillo. 19 de ellos venían de Andalucía, 2 de Extremadura, 2 de Galicia, 2 de Valencia, 1 de Castilla-La Mancha, 1 de Castilla y León, 1 de Asturias, 1 de Marruecos y 1 de Filipinas. En 1999 quedaban 25 residentes, los acompañaban las dos últimas monjas. Todos fueron dados de alta. La Leprosería cierra. Comienza el abandono. No sé lo que fue de aquellos 25, creo que lo vivieron como un destierro; más después de tantos años juntos eran amigos, o más, familia ya, la única que tenían: han sido condenados a una nueva soledad, justo en el umbral de la muerte, justo para cerrar los ojos después de un último trago amargo.

La Leprosería de Trillo se cerró de golpe, sin preparar las estructuras, que empiezan un rápido proceso de deterioro y, lo que es peor, se abandonan todas las maquinarías médicas, medicinas, ordenadores, impresoras, material fotográfico para las radiografías, todo, todo lo que permitía el funcionamiento de una estructura médica tan grande: millones de euros de material que hubiese podido ser aprovechado por otras estructuras sanitarias. Hubiese sido una cosa de nada, de nada, unos papeles firmados, algún transportista, un poco de interés y el servicio sanitario nacional habría salvado millones de euros en material, más la propia estructura. Pero nada se hizo, los políticos demostraron otra vez el más profundo desinterés por la cosas públicas y desprecio por la sociedad española en su conjunto; la historia confirma otra vez algo que ya conocíamos: la clase política de España está hecha por incapaces que han perdido cualquier sombra de decencia. Pero esto no es todo, el carrusel sigue.

Al quedar “limpia” de Leprosos toda la zona despierta el interés del turismo. Muy cerca del Leprosería de Trillo, justo donde hubo los balnearios de Carlos III, el 1 de agosto del 2005 se inaugura un nuevo balneario con instalaciones completamente nuevas, gestionado por una empresa municipal llamada Trillo Gestión Municipal. Los baños cierran nuevamente en 2022 para reabrir en marzo de 2023, pero esta vez gestionado por una empresa privada, el Grupo Biblu, empresa valenciana especializada en centros termales. Según fuentes oficiales el ayuntamiento de Trillo perdía en la gestión del balneario algo como un millón de euros al año. En lugar de despedir a quienes evidentemente no eran capaces de hacer su trabajo, como siempre el público se cede al privado. Ahora, la concesión dada a Biblu es de 25 años, e incluye también el complejo turístico el Colvillo. El canon por la explotación le costará a Biblu 1.025.500 de euro, que serán abonados a lo largo de los 25 años de contrato: durante los primeros cinco años la cuantía será de 1.100 euros al año, hasta llegar a los 76.000 euros anuales durante los últimos siete años de contrato llegando al total de 1.025.500 euros. Esto quiere decir que el alquiler de las dos enormes estructuras le sale a Biblu 3.418,33 euros al mes: regalado. Ha pasado y sigue pasando en toda España y se justifica siempre con la misma mentira: la falta de rentabilidad. Si es rentable para el privado lo es aún más para el estado, si solo se quiere o se deja trabajar a quienes saben. Pero es más fácil malvender el patrimonio público al señorito de turno, es la mentalidad, es la forma con que la elite usa los recursos del país para su uso y disfrute.
La Iglesia y la estructura religiosa anexa al Leprosería de Trillo fueron restauradas y son actualmente utilizadas por la congregación religiosa de la Sagrada Familia; mientras que el gordo de la estructura sigue en completo abandono y solo despierta el interés de los amantes del Urbex y de lo paranormal.
El Estado, el pueblo y la memoria histórica han perdido otra vez.

¿Qué es La Lepra o enfermedad de Hansen?

La Lepra o Enfermedad de Hansen, es una enfermedad infecciosa crónica causada por la bacteria de Mycobactenium Lepral que tiene dos formas comunes de manifestarse como tuberculoide o lepromatosa, que es la más grave. Ataca la piel y los nervios periféricos aunque también otros órganos como hígado, ojos, testículos, laringe etc. (Fernanda Pastrana Fundora y otros). Provoca úlceras cutáneas, protuberancias en la piel, daño neurológico, debilidad muscular, sobre todo en brazos, manos, piernas y pies, y como consecuencia la perdida de sensibilidad al tacto, calor, dolor; da lugar a deformaciones. La enfermedad de Hanssen hoy día es curable y requiere un tratamiento multimedicamentoso de entre 6 y 12 meses. Los pacientes dejan de ser infecciosos con el avance del tratamiento. Su transmisión es a través de las microgotas de saliva que expulsamos por la nariz y boca.

La exclusión social de los leprosos

“… leproso es, es inmundo, y el sacerdote lo declarará luego inmundo; en su cabeza tiene la llaga. Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada.”
(Biblia, Antiguo testamento, Levítico 13:44 – 13:46)

Poco importa que fuese occidente o oriente: por todas partes el leproso era un ser inmundo. Hasta entrado el siglo XVIII, las abominaciones del cuerpo se consideraban signos visibles de la depravación del alma y de una venganza divina; no siempre una visión del mundo cargada de espiritualidad lleva a territorios hermosos.

En la cultura occidental y cristiana el leproso era un ser del mal y en la antigua China la causa de la lepra era vinculada a un castigo por graves faltas morales. En Japón, dado que los enfermos no podían ser purificados a través de los rituales, también fue considerada como castigo o manifestación de pecado. En la India se consideró la lepra como la peor de las enfermedades, y una penitencia para los más grandes pecadores por acciones realizadas en esta y en las vidas anteriores (Skinsnes y Elvore, 1970). En todos los casos el estigma afectaba al enfermo, a su clan y a todo su linaje familiar. (Alexis Romero Salazar).

El ser pecador consiste en haber violado la moral, el haber cometido pecado es un paso previo a cierto proceso de deshumanización, y sobre todo es requisito indispensable para proceder al aislamiento o abandono de la persona que padece la enfermedad, eliminando cualquier sentido de culpabilidad frente a una acción que es dictada primariamente por el miedo al contagio: el enfermo no es persona. A pesar del descubrimiento del Bacilo de Hansen y de los avances de la ciencia, el aislamiento compulsivo, forma elegante para decir encarcelamiento, parecía ser la única solución viable. En 1897, la Primera Conferencia Internacional de Lepra, realizada en Berlín, propone el aislamiento compulsivo como un medio para impedir la propagación y recomienda una notificación obligatoria y la vigilancia de los enfermos (Dinig, 1960).

Esto implicaba que el Leproso era objeto de una búsqueda y captura policial, a la cual seguía una reclusión en hospital de hasta por vida. Entra en juego aquí otro elemento: la culpabilidad del enfermo en relación con su estado. Esto justifica la ejecución de todas las acciones coercitivas, y configura el aislamiento como punición, no como una necesidad terapéutica.

Hoy la situación es diferente, desde un punto de vista médico y por la asistencia que el estado proporciona a los enfermos de Lepra. Pero, todavía, los milenios de exclusión, el miedo y el rechazo siguen persiguiendo a los leprosos: mejor callarse, mejor no decir nada, sobre todo si la enfermedad está siendo curada por tiempo y no ha dejado todavía rastros en el cuerpo.

Breve historia de la Lepra y situación en España.

La Lepra parece ser una enfermedad originaria de las zonas tropicales; una de las hipótesis más acreditada dice que proviene de la India, donde se han encontrado descripciones de la lepra en textos religiosos hindúes fechados alrededor de 1500 años antes de nuestra era. En Egipto fue hallada una momia con signos de padecimiento de lepra. Tanto en el antiguo como en el nuevo testamento se menciona la lepra como castigo divino. Griegos y romanos establecieron leyes que excluían a los leprosos de la vida social y se cuestionaba si la lepra era hereditaria o no. Pero es en la Edad Media cuando la enfermedad se extiende por toda Europa, causando una alta incidencia de muertos. El aumento de enfermos empujó a la creación de leprosarios para aislarlos e impedir la propagación de la enfermedad; quienes quedaban libres en la calle debían llevar una campana que avisara de su paso. Se creía que no existía cura, que la causa de la lepra era la corrupción del alma; muchos consideraban la lepra hereditaria.

No será hasta 1874, cuando el noruego Armauer Hanssen descubre el bacilo de la lepra (Mycobacterium leprae), que se establece la lepra como una enfermedad contagiosa de carácter infeccioso. A pesar de que, bien entrado el siglo XX, todavía no se encuentra la cura, despacio la medicina comienza a ganar la batalla a la Lepra, hasta que, en 1980, se da con el tratamiento adecuado: una mezcla de medicamentos utilizados anteriormente, o sea una fórmula multimedicamentosa. Desde 1995 la OMS proporciona gratuitamente los medicamentos contra la lepra.

Según la OMS: “la incidencia de la lepra en países y áreas subdesarrolladas hace difícil el registro de casos y su tratamiento. En 1966 se conocían 2.850.000 casos, en 1976 se registraron 3.600.000, en 1986 fueron 5.350.000 y en 1996 se han notificado 926.259.”

A principios de siglo XX, en España, la Lepra era una enfermedad arraigada que iba en aumento. En 1915 hubo entre 1500 y 2000 enfermos que seguirían ascendiendo; esta difícil situación dio lugar a la formación de sanatorios-leprosaerias y hospitales que se encargaban del aislamiento y cura de los enfermos. Algunos hospitales fueron los de la orden de San Juan de Dios, San Lázaro de Santiago, el bello Hospital de Granada y el de Sevilla.

El sanatorio-leprosería de Fontilles (Alicante) se fundó en 1907, fue una de las leproserias más grandes de Europa y actualmente es la única que sigue funcionando y tratando a los enfermos. El sanatorio-leprosería de Trillo (Guadalajara) se inauguró en 1943, buena parte de los edificios se encuentra en estado de abandono desde el 2000. A finales del siglo XX la lepra contaba con 406 casos registrados en España, y 5 casos nuevos al año. Actualmente se le considera una enfermedad eliminada pero no erradicada y se detectan 9 nuevos casos cada año.

Istituto Leprológico Nacional de Trillo
8 de Junio de 2023
, poco antes del atardecer

Galería de Fotos de la Leprosería de Trillo

comentarios

  • Muy buen reportaje, como antiguo morador de ese complejo te doy la enhorabuena por haber plasmado brevemente lo que alli acontecio

    • Luis, tus palabras, las de un hombre que vivió y habitó Trillo, son las más bellas que hubiesemos podido desear. Y si en algun momento quiere compartir tus recuerdos y tus vivencias, aquí tienes un lugar para hacerlo. Muchas Gracias.

    • Hola Luis, soy familiar de una persona que estuvo ingresada allí y estamos escribiendo algo parecido a sus memorias y te estaría eternamente agradecido poder hablar con alguien que, aunque no lo conociera, si pudiera documentar su historia.

      • Hola Paco, es bonito que este artículo se esté convertiendo en un punto de encuentro. Espero que Luis te conteste, pero, si dentro de un tiempo no recibes respuesta, escribenos por privado (el correo lo encuentras en contactos); puede que Luis no haya seleccionado recibir notificaciones de su comentario, en este caso si no vuelve por aquí no sabría ni que le has escrito. Un saludo.

Viaje a Edén es una progresiva liberación, una progresiva perdida de peso, el rechazo a lo innecesario, a la dura presencia de los objetos, en un intento constante de controlar el miedo hasta liberarnos; como un andar incierto que se convierte en pasos largos carrera salto: la verdad, si verdad hay, es un ademán. Estás leyendo una búsqueda, un intento de crear, encontrar o volver a un Edén, a un lugar donde ser nosotros mismos, en plenitud de cuerpo y espíritu, en armonía con el mundo, con sus ritmos, sus leyes que no se cuidan del calendario humano, siempre y solo miran al Sol.

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