foto color aficionados futbl mirando partido estadio derecho reservados
En el estadio (Fuente desconocida)

El anfiteatro de Itálica se desarrolla con perfecta circularidad, en esta calor tan innatural para un otoño ya maduro. Las bocas de los grandes arcos se levantan en un silencio lleno solo de polvo. El peso de los siglos ha roto la simetría del edificio, el tiempo se hace visible al ojo humano como ruina: aquí estuvo Itálica famosa… Dentro del anillo de fuego del anfiteatro se celebraba la boda de la masa y el poder por medio de la sangre, por medio de la muerte convertida en juego, en espectáculo. La circularidad siempre ha representado el infinito: el anillo de oro de los esposos celebra la voluntad, esperanza o deseo de que el vínculo nunca se rompa. La eternidad es una condena más allá de nuestro alcance.

Todas las sociedades humanas acumulan tensiones, las tensiones pueden estallar en rebelión o reajustes de poder y de los privilegios que el poder conlleva. Es oportuno entonces, que las tensiones se desahoguen de forma controlada, para que no rompan el orden establecido con tanto esfuerzo.

Cualquier sistema jerárquico, como el nuestro o el de los romanos, necesita la sumisión del individuo a la jerarquía, la jerarquía es posible en virtud de la desigualdad. Existen quienes mandan porque existen los que obedecen, los placeres son exclusivos solo si la mayoría no está admitida, la pobreza da sentido a la riqueza, tenemos una idea clara de luz porque percibimos la oscuridad que viene de su ausencia: el poder necesita la impotencia de la masa. Injusticia y desigualdad son un mal necesario para que nuestra sociedad exista.

La consecuencia natural de esta situación de disparidad, es la tensión entre quienes detienen privilegios y quienes no los tienen, o sea tensión entre las clases sociales. A esta tensión se suman las tensiones entre etnias, religiones, grupos de poder, y más.

Las tensiones minan el correcto desarrollo de la maquinaria social, hasta podrían estallar en rebelión o reajustes de poder y de los privilegios que el poder conlleva: es oportuno entonces, que las tensiones se desahoguen de forma controlada, para que no tengan un efecto negativo. Es un discurso circular, como el anfiteatro, como el anillo de los esposos.

Ahora bien, más fuerte es la disparidad, más fuerte será la tensión generada, más fuerte es la tensión y más grande es la necesidad de desahogo. Nadie podría esclavizar un profesional durante una semana o una vida entera, sin la promesa del finde libre o de las vacaciones.

En el anillo perfecto del anfiteatro, el pueblo de Roma desahogaba sus tensiones. En un mundo físicamente violento, quienes podían desear un reajuste lo realizarían con una acción violenta: el desahogo perfecto es gritar, mirando a un hombre con la carne abierta, que derrama su vida sobre el polvo. No es en absoluto algo cruel, ni bárbaro, al revés, es algo perfectamente civil, perfectamente organizado, perfectamente coherente: perfectamente urbano. El imperio romano era el primer mundo de la antigüedad Europea, la cara técnicamente desarrollada del continente, con mucha filosofía y muchas leyes escritas. Le debemos a los romanos esta altísima clase política, mezcla de “pan y circo” y “palo y zanahoria”: controla el hambre, razón de toda rebelión; infunde el miedo, paso primero de la sumisión; dale a las tensiones una salida inocua y preservarás el sistema.

Piensa ahora en un estadio, uno cualquiera: estamos en frente del mismo edificio, cambia solo el tipo de juego. En una sociedad más domesticada y más hipócrita, como la nuestra, el rechazo a la sangre vuelve inservibles los espectáculos de gladiadores. También tenemos que considerar que la jerarquía y la sumisión se realizan a través de la democracia, un sistema que no permite una violencia tan evidente y que se basa en la ilusión de igualdad. Entonces, la lucha a muerte del anfiteatro se han convertido en deporte y lucha al éxito del fútbol: en una sociedad donde quienes desean un reajuste sueñan con tener dinero para pagar caprichos sin límites, el mejor espectáculo que se puede ofrecer es lo de un jovencito que gana millones haciendo lo que cualquiera puede, aunque con menos elegancia: correr detrás de una pelota. Personas más maliciosas que yo, dicen que es lo que hacen los perros, prometo que nunca lo he pensado, los perros raramente ocupan mis pensamientos.

La forma del anfiteatro y del estadio de fútbol es la misma por ser igual su función: desahogar parte de la masa, quitar tensión social, confirmar la relación entre masa y poder, confirmar la lógica de la sumisión. Lo que ha sido, eso mismo será. Y lo que se ha hecho, eso mismo se hará; y no hay nada nuevo debajo del sol recita la Biblia. El círculo del tiempo, el anillo, la inmutabilidad del destino: la injusticia y la desigualdad son un mal necesario para que nuestra sociedad exista.

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Viaje a Edén es una progresiva liberación, una progresiva perdida de peso, el rechazo a lo innecesario, a la dura presencia de los objetos, en un intento constante de controlar el miedo hasta liberarnos; como un andar incierto que se convierte en pasos largos carrera salto: la verdad, si verdad hay, es un ademán. Estás leyendo una búsqueda, un intento de crear, encontrar o volver a un Edén, a un lugar donde ser nosotros mismos, en plenitud de cuerpo y espíritu, en armonía con el mundo, con sus ritmos, sus leyes que no se cuidan del calendario humano, siempre y solo miran al Sol.

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