El fuego estuvo desde el comienzo, la tierra misma era una masa encandilada. Los homínidas lo conocieron a través de los rayos, los volcanes y los devastadores incendios. Con el tiempo, únicos entre los animales, vencemos el miedo: hace 1,4 millones de años aprendimos a controlarlo, transportarlo y mantenerlo vivo. Fascinación y utilidad hicieron que nuestro camino fuera acompañado por las llamas de las hogueras. Finalmente, en el Neolítico aprendimos como encenderlo.
Fue una larga búsqueda hecha por observación, intuiciones, ensayos y errores hasta que dimos con las herramientas adecuadas. Una de estas, fundamental en el proceso de transporte y encendido, ha sido el Fomes Fomentarius u Hongo de Yesca. En esta entrada trataremos como reconocer, recolectar y preparar el Fomes Fomentarius, extrayendo el amadou para usarlo como yesca o para transportar la brasa, junto a un poco de su historia.
Tabla de contenido
- ¿Qué es el fomes fomentarius?
- ¿Cómo se convierte en yesca?
- Evidencias prehistóricas del uso del Fomes Fomentarius
- Conclusión
¿Qué es el Fomes fomentarius?
El Fomes fomentarius, conocido como hongo de yesca o yesquero, es un hongo lignícola (crece y se alimenta de la madera de los árboles muertos o débiles). Este antiguo aliado del ser humano, crece especialmente en ambientes húmedos, en árboles como hayas, abedules, chopos y robles.
Su aspecto es leñoso y puede alcanzar los 30 cm de ancho hasta los 15 cm de grosor. Tiene forma de casco o pezuña con un margen redondeado. La cara superior es muy dura, rugosa, con estrías concéntricas, mientras que la cara inferior está cubierta por numerosos poros diminutos que liberan las esporas. En su interior, entre las dos caras descrita, se encuentra una capa fibrosa y esponjosa llamada amadou. El amadou arde lentamente, sin llama, manteniendo una brasa estable que puede transportarse durante algunas horas. Por esto se ha utilizado durante milenios para hacer una yesca excelente o transportar el fuego hacia una hoguera. Debido a su características y función de yesca, el fomes fomentarius ha sido durante milenios un recurso importante. Otros usos tradicionales del amadou no relacionados con el fuego han sido:
- Medicina tradicional: en algunas regiones se aplicaba seco como hemostático (para detener sangrados superficiales) por su capacidad absorbente y leve efecto astringente.
- Pesca con mosca: pescadores ataban tiras de amadou a su chaleco para secar moscas artificiales (por su gran capacidad de absorción) sin dañar sus fibras.
- Artesanía y vestimenta: Se prensaba y teñía para fabricar gorros, bolsos y adornos de fieltro vegetal.
- Pirotecnia y minería histórica: se empleaba como base para encender mechas y pólvoras

¿Cómo se convierte en yesca?
El proceso tradicional para convertir este hongo en un material inflamable es sencillo:
- Recolección: Se recolecta un ejemplar fresco del árbol utilizando una cualquiera herramienta de corte o golpeando con un piedra o ejerciendo una fuerte presión con los brazos.
- Primer corte: Se procede a cortar una sección del hongo. Se aprecian claramente las tres capas que lo componen: superior, inferior y el amadou en el medio.
- Separación de las capas externa: Se separa una de las dos capas externa pasando una herramienta de corte (e.j: navaja) entre la capa y el amadou. Mejor separar la parte de abajo, es más blanda y fácil de cortar.
- Extracción del amadou: Ahora solo queda separar el amadou de la otra capa, pasando otra vez la herramienta de corte entre el amadou y la capa.
- Secado: Se procede luego al secado, directamente al sol, para eliminar toda traza de humedad y mejorar su inflamabilidad. Cabe destacar que el amadou prende aunque sin secado. Solo necesita una chispa o pequeña llama más fuerte.

Estos sencillos pasos son suficientes para preparar el amadou y encender un fuego, pero existe un método para mejorar su inflamabilidad. El amadou se hierve durante varias horas en agua con ceniza o carbonato potásico. Esto proceso ablanda las fibras y mejora su capacidad para prender. Una vez cocido, se seca cuidadosamente y se golpea o raspa con una piedra o martillo de madera hasta conseguir una textura suave y flexible, similar al fieltro.
Nosotros nunca hemos aplicado este método porque requiere más utensilios y porque habría que extraer el carbonato potásico de algún mineral a través de procesos químicos. Lo que amamos del hongo de yesca es que nos lo proporciona la misma naturaleza, sin ningún tipo de proceso contaminante. Remarcamos que el método tradicional sin cocción es suficiente para tener una yesca de alta inflamabilidad.
Es importante recordar que el amadou no solo sirve para encender un fuego. Cuando recibe una chispa de pedernal el amadou es capaz de mantener una brasa durante horas, permitiendo transportar el fuego sin necesidad de volver a encenderlo desde cero.
Evidencias prehistóricas del uso del Fomes Fomentarius
Cuando en 1991 se halló en los Alpes la momia de Ötzi, el llamado Hombre de Hielo, entre los objetos que llevaba consigo, junto a un hacha, flechas, utensilios de sílex e hierbas, apareció también un fragmento de Fomes fomentarius. Ötzi vivió hace más de 5.000 años, y ese hongo le servía como yesca, puede que fuese uno de los elementos más preciados de su época. Este hallazgo nos recuerda hasta qué punto el conocimiento de la naturaleza ha sido esencial para la supervivencia humana.
Conclusión
En un mundo cada vez más digital, donde la tecnología nos ha arrancado del mundo y la compra de bienes y servicios nos hizo perder muchos conocimientos tradicionales, redescubrir el hongo de yesca fue un gesto de resistencia. La autosuficiencia y el respeto por la naturaleza no son modas, no son charlas: son una forma de actuar en el mundo hecha por ademanes concretos antes que filosofía. El Fomes fomentarius fue también una chispa de historia en nuestras mano, una forma de reconexión con nuestra historia más profunda, con aquellos conocimientos ancestrales que quizás, juntos con las herramientas del presente, nos permitirán construir un mundo nuevo, aquel Edén que quizás nos espera detrás de la cortina del tiempo, en un futuro todo por construir
Texto y fotos de Carmen Ruz Rábade


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