Si alguna vez has caminado por el campo y te has fijado en pequeñas plantas con hojas anchas y flores en espigas alargadas, es muy probable que te hayas cruzado con alguna especie del género Plantago. Su nombre proviene del latín planta, que significa “planta del pie“, debido a la forma de sus hojas, que recuerdan a la suela de un pie humano. Ya en el siglo XVII, el botánico Ambrosini mencionaba esta característica al describirlas.
En esta entrada describiremos las características generales del género Plantago para aprender a identificarlo, su distribución y algunos de sus usos. Para conocer más sobre la recolección de plantas silvestres, hemos preparado esta breve guía de iniciación.
TABLA DE CONTENIDO
- Hábitat y ciclo de vida
- Tallo: sin que se note
- Hojas: simples y fácilmente reconocibles
- Flores: pequeñas, discretas y pensadas para el viento
- Estructura interna de la flor: una arquitectura
- Frutos y semillas: pequeñas cápsulas llenas de vida
- Usos
- Conclusión
Hábitat y ciclo de vida
Plantago es un género cosmopolita perteneciente a la familia de las Plantaginaceae, ampliamente difundido en los cinco continentes, sobre todo en zonas templadas. Según la especie, lo encontraremos en lugares húmedos o secos, en suelos ricos en materia orgánica o arcillosos, a los bordes de arenales, caminos, terrenos baldíos o jardines. El ciclo de vida varía tanto como su distribución, existiendo especies anuales o perennes. En este último caso, pueden llegar a tener una base dura y semileñosa.
Tallo: sin que se note
Una característica común, y buen elemento de identificación del género Plantago, es un tallo corto que normalmente no supera los pocos milímetros, y que solo se ve cuando nos detenemos a mirar estas bellas plantas. Pero, como siempre, aunque la naturaleza presenta patrones, siempre encontraremos excepciones… Cuando crecen en colonia o en terrenos arenosos, las plantas, para sobresalir y encontrar sol, o por adaptarse al terreno, desarrollan tallos largos y finos, con una base dura y el resto flexible.
Hojas: simples y fácilmente reconocibles
Las hojas de Plantago son simples (es decir, de una sola pieza y no divididas) y no tienen estípulas, esas pequeñas escamas u “orejitas” que acompañan a las hojas de otras plantas. Pueden ser finas y alargadas o más anchas y ovaladas.
Suelen brotar de la base de la planta formando una roseta, aunque en algunas especies se disponen a lo largo del tallo. Son espesas y de buena consistencia, normalmente amargas al masticarlas.
Los nervios son muy característicos y, junto con las flores, son uno de los elementos más útiles para reconocer el género. Atraviesan la hoja en toda su longitud de forma paralela, curvándose solo en la base y en la punta. Son muy marcados, sobresaliendo mucho en el envés.
Flores: pequeñas, discretas y pensadas para el viento
Las flores de Plantago son muy pequeñas y no buscan atraer insectos con colores llamativos, porque no los necesitan: la mayoría son anemófilas, lo que significa que utilizan el viento para transportar su polen.
Estas flores suelen estar agrupadas en espigas que se elevan sobre un tallo largo y desnudo (escapo). Estas espigas son tan características que representan, junto a los nervios de las hojas, el elemento principal de identificación del género.
En otros géneros de la misma familia, las flores pueden ser más llamativas o agrupadas de forma diferente, pero Plantago se mantiene fiel a esa estética discreta y funcional.
Las plantas del género Plantago son hermafroditas: tienen tanto órganos masculinos como femeninos, aunque algunas especies presentan también flores exclusivamente femeninas.
En cuanto a su reproducción, estas plantas suelen ser proteróginas: sus flores maduran primero en la parte femenina antes de que los estambres liberen el polen, favoreciendo la polinización cruzada. Sin embargo, algunas especies también pueden autopolinizarse.
Estructura interna de la flor: una arquitectura
Las flores de Plantago se agrupan en espigas, que pueden ser más o menos compactas. El perianto, la parte que envuelve los órganos reproductores, está formado por cuatro sépalos unidos en la base. Cada flor posee cuatro pétalos fusionados en un pequeño tubo, con una textura algo translúcida.
Dentro de la flor se encuentran normalmente cuatro estambres (las estructuras que producen el polen) unidos al tubo de la corola mediante largos filamentos. Las anteras, que son las bolsitas donde se guarda el polen, se abren fácilmente y el viento hace el resto.
En la parte femenina, el ovario es súpero (situado por encima del punto donde se unen los pétalos y sépalos) y está formado por dos carpelos, que son las cámaras donde se desarrollarán las semillas. Del ovario emerge un estilo que termina en un estigma alargado y fino, preparado para “atrapar” el polen que transporte el aire.
Frutos y semillas: pequeñas cápsulas llenas de vida
El fruto de Plantago es una cápsula que se abre transversalmente cuando madura, liberando sus semillas. Dentro de estas cápsulas se encuentran muchas semillas pequeñas —o en algunas especies pocas, pero más grandes— con un embrión diminuto y rodeado de abundante endosperma, que es la reserva nutritiva que ayuda a la semilla a germinar.
Son de formas variadas (alargadas, ovaladas o con facetas) y de color oscuro, entre negro y marrón rojizo. Muchas especies de este género producen mucílagos, una sustancia viscosa que se libera cuando las semillas entran en contacto con el agua. Esta característica ha hecho que ciertas especies, como Plantago afra y Plantago ovata, sean utilizadas tradicionalmente como laxantes. Por otro lado, Plantago lanceolata se ha empleado como emoliente.
Usos
Las plantas del género Plantago se han utilizado desde época remota como alimento —en Europa, especialmente la Hierba Estrella (Plantago Coronopus)— o como planta medicinal; en España, sobre todo el Llantén Menor (Plantago Lanceolata) y el Llantén Mayor (Plantago Major). Su aprovechamiento ha sido silvestre, pero también como planta de cultivo.
Por sus propiedades nutritivas, las escasas necesidades de suelo y agua, y la buena aceptación por parte del ganado bovino, hace tiempo que se utilizan también como forraje.
Conclusión
El género Plantago, con su discreta pero tenaz presencia en campos y caminos, es un claro ejemplo de todo lo que la tierra ofrece espontáneamente para el sustento de los seres que la habitan. Sus propiedades, desde el uso como forraje hasta aplicaciones medicinales o buen alimento, lo han convertido en un compañero más de aquel largo camino que llamamos historia humana.
Más allá de sus características botánicas y usos prácticos, la recolección de plantas silvestres como el llantén representa una conexión real con el medio natural. No se trata de mera observación, sino de una acción real que nos hunde en la tierra, devolviéndonos a nuestro origen: animales que buscan en el entorno su propio alimento.
Buena recolección y un saludo desde Viaje a Edén
Escrito por Gabriele Burchielli
Foto de Carmen Ruz Rábade



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