Viajar siempre tiene un componente de aventura. Podemos planearlo todo, pero al final el camino se encarga de recordarnos que no controlamos tanto como creemos: el viento, la lluvia que aparece de repente, el objeto que olvidamos. Ante esos imprevistos, lo normal sería frustrarse o buscar la solución más sencilla, comprar lo que falta, esperar, cancelar el plan. Pero existe otra manera: mirar el problema desde otro ángulo. Y ahí entra en juego el pensamiento lateral. En esta entrada explicaremos qué es el pensamiento lateral con ejemplos y como emplearlo cuando viajamos. ¡Buena lectura!
Tabla de contenido
- ¿Qué es el pensamiento lateral?
- Pensar de lado cuando viajamos
- Ejemplos de pensamiento lateral en viaje
- Algunos ejemplos históricos
- Conclusión
¿Qué es el pensamiento lateral?
Este concepto, popularizado por Edward de Bono en los años 60, consiste en resolver los problemas de manera indirecta, buscando caminos alternativos que no siempre son los más evidentes. No se trata de complicar las cosas, sino de abrir la mente a otras soluciones.
Pensar de lado cuando viajamos
El pensamiento vertical, el lógico, nos dice que si necesitamos algo en un viaje debemos llevarlo o comprarlo. Pero el pensamiento lateral nos invita a improvisar con lo que tenemos a mano.
Un ejemplo sencillo:
Imagina que, en mitad de una travesía, necesitas un tendero para secar la ropa mojada. No tienes cuerda, pero llevas unas botas con cordones largos. Los cordones pueden convertirse en un improvisado tendedero, atados entre dos árboles o palos. El problema se resuelve no con lo que “deberías tener”, sino con lo que ya llevas contigo.
Ejemplos de pensamiento lateral en el viaje
Durante un viaje, los escenarios cambian constantemente. Y cada nuevo entorno abre la posibilidad de pensar distinto. Aquí algunos casos típicos:
- Cuando no hay cuchara
Olvidaste la cuchara o cubierto y ahora tienes delante un plato delante. La opción lógica es comprar uno nuevo, pero quizá no haya tienda cerca. El pensamiento lateral propone improvisar: usar la cáscara de una fruta a modo de cuenco, tallar un trozo de madera con la navaja o, si viajas con pan, convertirlo en una cuchara comestible (ya nos ha ocurrido alguna vez) - Un filtro improvisado
El agua está turbia y no tienes pastillas potabilizadoras. Antes de desesperar, puedes colarla primero con una camiseta limpia o un pañuelo, reteniendo las impurezas más grandes. No es una potabilización completa, pero es un primer paso que mejora mucho la situación hasta poder hervirla. - Almohadas invisibles
Pasar la noche en una estación, un aeropuerto o en mitad del monte puede ser incómodo. El pensamiento lateral aquí es sencillo: enrolla la ropa dentro de una funda, una chaqueta o incluso una bolsa de tela, y tendrás una almohada improvisada. - Cocinar sin hornillo
Olvidaste el hornillo o se acabó el gas. ¿Y ahora qué? Una solución lateral es encender un fuego, poner unas piedras para sujetar la olla y que las brasas calienten, o cavar un pequeño horno de tierra que concentre el calor. Técnicas ancestrales que resurgen cuando lo obvio falla. - Orientarse sin brújula
No llevas brújula. Lo lógico sería pensar que te perdiste sin remedio, pero el pensamiento lateral recuerda lo básico: el sol y las estrellas marcan direcciones, y hasta el musgo de los árboles podría orientarte.
Algún ejemplo histórico
El pensamiento lateral no solo se aplica en improvisaciones de viaje; muchas innovaciones famosas surgieron de mirar las cosas de otro modo.
- La historia del Post-it
La empresa 3M buscaba un pegamento fuerte, pero un investigador creó justo lo contrario: un adhesivo débil que se despegaba fácilmente. Alguien pensó que ese “fracaso” podía servir para fijar cosas temporalmente. Nacía así el Post-it, uno de esos inventos que terminan viajando en todas las mochilas. - IKEA y los muebles en cajas planas
En el comercio del mueble lo lógico era vender piezas montadas, aunque eso encarecía transporte y almacenamiento. IKEA pensó al revés: venderlos desmontados en cajas planas, y que el cliente los armara en casa. Lo que parecía un sinsentido se convirtió en un modelo revolucionario que ahora imitan muchos.
Conclusión
Viajar es aceptar que lo imprevisto aparece en cualquier momento. Y ahí, más que el equipaje, lo que realmente cuenta es la creatividad. El pensamiento lateral se convierte en un aliado: no necesitas cargar con todo, porque sabes que podrás improvisar con casi nada. Una cuerda se convierte en tendedero, una camiseta en filtro, una fruta en cuchara. Cada obstáculo es también una invitación a pensar diferente.
De Bono decía que no se trata de abandonar la lógica, sino de complementarla. En el viaje, la lógica organiza; el pensamiento lateral, en cambio, abre posibilidades. Ambos se necesitan. viajar no es llevarlo todo controlado, sino aprender a resolver con lo que el camino nos ofrece. Esa mirada, capaz de convertir lo inesperado en recurso, es lo que hace que cada camino sea irrepetible.

Texto escrito por: Carmen Ruz Rábade
Fotografías de: Carmen Ruz Rábade



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