Dos manos juntas recogen agua goteando de una fuente
Agua

La gestión del agua en viaje

El agua es fundamental para la vida y la supervivencia. Es el único recurso que debemos llevar siempre con nosotros, aunque su peso y volumen limitan la cantidad que podemos transportar, y los puntos de abastecimiento puedan estar a distancias considerables. Por eso, cuando viajamos a pie o en bicicleta, o exploramos zonas desconocidas sin mapa, es esencial gestionar bien el agua disponible para reducir al máximo el riesgo de deshidratación. En esta sencilla guía, basada en experiencia reales y orientada a quienes se están iniciando al viaje, la montaña o la supervivencia, trataremos de como optimizar el consumo y la gestión del agua durante un viaje. Buena lectura y buen viaje.

TABLA DE CONTENIDO

La deshidratación y la cantidad de agua necesaria para la supervivencia

Se estima que el cuerpo humano puede resistir entre 3 y 5 días sin agua. Esta media no considera numerosas variables, como las diferencias individuales y el nivel de entrenamiento, el nivel de hidratación previo, las condiciones climáticas, el esfuerzo físico y la sudoración, la comida ingerida. Cada uno de estos factores, que veremos a continuación, puede aumentar o reducir la cantidad de agua necesaria para garantizar la supervivencia, así como el tiempo que podemos permanecer sin beber antes de entrar en deshidratación.

En 2015 pasé una noche en las Cuevas de las Palomas, en Facinas, al sur de la provincia de Cádiz. Al día siguiente me levanté con 1,5 litros de agua, cargando la mochila con todo el material de acampada. Soplaba Levante, un viento seco y cálido. Me puse en camino cerca del mediodía, con temperaturas altas y aire árido. Desde un punto de vista técnico era un paseo para familias, pero el peso, el terreno y la temperatura me hacían sudar. Tras poco más de dos horas ya me quedaba menos de medio litro. Cuando llegué al punto de abastecimiento (un merendero con fuente) tenía apenas unas gotas y estaba sediento. Subestimé la situación, que tampoco conllevaba un gran riesgo por estar relativamente cerca de un pueblo, pero aprendí algo importante: no hace falta cruzar el desierto, en verano, en el sur de Europa, es fácil encontrarse en apuros.

La deshidratación provoca cansancio, nubla la mente, debilita el cuerpo y genera irritabilidad y estrés en sus primeras fases. A medida que avanza, los síntomas se agravan hasta afectar a las funciones vitales y poner en riesgo la vida. No se trata de enfrentar el camino con miedo, pero nunca debemos subestimar la importancia del agua.

Una actitud importante

Cada gota de agua cuenta. Cada gota que ahorras, cada gota que no consumes, cada detalle que evita una pérdida, por mínima que sea, contribuye a reducir el riesgo de deshidratación.

Es importante tener presente que el estrés hídrico no se recupera en un solo día. Cuando viajamos largas distancias, durante varios días y acampando, estamos expuestos de forma constante al clima y al cansancio. Recuperarse de una deshidratación puede requerir varios días de descanso en un entorno protegido, algo que quizá no encontramos durante el viaje.

Hidratarse en cada punto de abastecimiento

Cada vez que alcanzamos un punto de abastecimiento debemos preocuparnos no solo de llenar la cantimplora, sino también de hidratar el cuerpo por dentro y por fuera. Un cuerpo bien hidratado resiste mejor la falta de agua y necesita menos durante el camino para mantener un estado físico óptimo. Bebe, bebe, bebe. Mójate para bajar la temperatura del cuerpo, aliviar los efectos del sol y del calor e hidratar la piel. Sobre todo en climas cálidos, tómate el tiempo necesario para hidratarte bien antes de seguir avanzando.

Una variable en los puntos de abastecimiento previstos

Nadie conoce el futuro. Aunque una buena lectura del entorno o el uso de mapas nos permitan prever el siguiente punto de abastecimiento, siempre existen variables que pueden ponerlo en duda. A veces las fuentes señaladas en los mapas están secas, otras el mapa mismo tiene errores. Puede que la fuente no sea fácil de localizar o que durante el camino tengamos que cambiar de rumbo sin poder alcanzar el abastecimiento previsto. A vece localizamos de lejos un río por la vegetación, pero cuando llegamos está seco.

Al mismo tiempo, el camino también puede sorprendernos con puntos de agua no previstos. Nos pasó en los Picos de Europa: salimos algo tarde y perdimos la senda por un fallo en el mapa del IGN, que la marcaba en un lado equivocado de un barranco de poca hondura. Decidimos hacer noche y reanudar la marcha al día siguiente. Ese imprevisto hizo que el agua que llevábamos, suficiente para alcanzar el siguiente pueblo, resultara escasa. Ya al día siguiente, cuando apenas racionábamos las últimas gotas, encontramos una pequeña tubería de las que usan los ganaderos para llevar agua desde una fuente hasta los pastos. La seguimos durante un par de kilómetros y dimos con un abrevadero.

En este sentido creo de extrema utilidad desarrollar dos habilidades: Como encontrar agua en la naturaleza y Como potabilizar el agua.

Un consumo controlado y medido durante el camino

Bebe en pequeños sorbos, con la frecuencia que permita la cantidad de agua disponible. El cuerpo la absorbe mejor de esta forma que si bebes en tragos largos. También humedecer boca y labios con cierta frecuencia disminuye la sensación de sed y nos ayuda a controlar el consumo de agua. Es útil también calcular el tiempo estimado hasta el siguiente punto de abastecimiento y controlar el ritmo de marcha y de bebida para repartir el agua de manera equilibrada durante todo el trayecto.

Respirar por la nariz y reducir la sudoración

Cuando respiramos por la boca perdemos más humedad que haciéndolo por la nariz; además la boca se seca y aumenta la sensación de sed empujándonos a beber más agua.

Cuanto más alto es el esfuerzo físico más sudamos perdiendo agua. Reducir la sudoración disminuyendo el esfuerzo al mínimo necesario es fundamental. Controla la pisada, ajusta el ritmo de la marcha, evita tensiones musculares innecesarias al cargar la mochila, que la frecuencia cardíaca suba demasiado y controla la respiración. En definitiva, se trata de tener conciencia corporal y concentrarse en el movimiento en función de maximizar la eficiencia. Un buen entrenamiento aumenta la eficiencia del cuerpo y mejora su resistencia a todo tipo de estrés, incluso el hídrico.

Gestionar la marcha en función del agua

Al igual que controlar la respiración y la sudoración, gestionar la marcha según el agua disponible es fundamental. En los recorridos largos encontramos zonas sombreadas y otras expuestas al sol; collados ventilados y laderas de sotaviento donde el calor se acumula; días de canícula seguidos de jornadas más frescas; caminos más largos pero suaves y otros cortos y duros. Evaluar estos factores nos ayuda a planear no solo el ritmo, sino también el rumbo. A veces conviene desviarse o alargar el recorrido para encontrar sombra o aire fresco; en otras ocasiones, esperar la noche o al día siguiente puede ser la mejor jugada. Se trata de evaluar los recursos disponibles y observar el entorno para reducir el consumo de agua.

Un ejemplo personal y geográficamente cercano lo ilustra bien. En agosto de 2025 recorríamos un tramo del GR-15 en dirección a Cataluña, en plena ola de calor con 37 °C. Pasamos la noche en un collado cerca del Pico de Era, a 1.950 metros sin agua suficiente y con una cena a base de chorizo y queso curado. Fue una parada imprevista consecuencia del amor a la belleza y al paisaje: sobrecogidos por la vista de la cordada de 3.000 de los Pirineos decidimos parar la marcha y pasar la noche en el collado. La mañana siguiente nos levantamos tarde, con el sol ya fuerte. Nos pusimos en marcha. Se trataba de recorrer una ancha y plana cresta priva de vegetación hasta el Puerto de Yosa. Desde el puerto la senda baja empinada hacia el despoblado de Yosa, a 1400 metros, para luego alcanzar el pueblo de Broto, donde encontraríamos agua. Tanto por la lectura del mapa, como por lógica, sabíamos que hasta el despoblado apenas encontraríamos sombra, mientras que después, al bajar de cota, probablemente sí. Decidimos acelerar el paso para llegar al despoblado antes de que el calor apretara. Fue una manera de reducir la necesidad de agua. Por suerte poco después del despoblado nos encontramos con un arroyo estacional que sorprendentemente tenía agua todavía.

Almacenar el agua para evitar pérdidas

Asegúrate de que las botellas no pierdan ni se abran durante el camino. Conviene revisar el estado de las tapas y guardar las botellas en la mochila de manera que no se aflojen. Si se trata de botellas de plástico corriente, mejor reforzar el cierre con cinta americana u otro apaño, porque a veces los movimientos de la marcha hacen que la tapa se suelte y el agua se pierda. En Estaca de Vares se me abrió una botella de litro y medio que tenía guardada en el interior de la mochila. Aquella vez el problema no fue quedarme sin agua, a 3km estaba el pueblo con una fuente, sino secar el saco después de que se empapara…

Evitar un calentamiento excesivo del cuerpo y protegerlo

Este aspecto está muy ligado a planear bien la marcha. Aprovecha las sombras y los lugares donde corra el aire o existan corrientes frescas. Siempre que sea posible, haz las pausas bajo techo natural y reduce al mínimo la exposición directa al sol. Una vez que el cuerpo ha sudado en exceso, lo perdido no se recupera: conviene parar antes de sobrepasar el límite, buscar la sombra y dar tiempo a que el ritmo cardíaco y la respiración bajen. Protegerse del sol es una parte esencial para conservar la energía y evitar una pérdida innecesaria de agua.

Elegir la comida y evaluar el agua

Cuando el agua es escasa, o no podemos cargar con la cantidad deseada, conviene adaptar la alimentación. Algunos alimentos como quesos muy curados, salmón ahumado o embutidos aumentan la sensación de sed y obligan al cuerpo a gastar más agua en el proceso digestivo. Mejor evitarlos. Si además planeamos cocinar, conviene elegir comidas que requieran poca agua en su preparación o que permitan aprovecharla en la propia ingesta, evitando una pérdida excesiva por evaporación durante la cocción.

Al mismo tiempo, no toda el agua que encontramos en el camino será igual de útil. En alta montaña, por ejemplo, el agua demasiado pura, que no ha tenido tiempo de mineralizarse, no se absorbe bien en el organismo. Por eso resulta fundamental valorar tanto lo que comemos como el tipo de agua que bebemos.

Conclusion

En la naturaleza, el agua no es solo un recurso: es un hilo que sostiene la vida y acompaña cada paso. Aprender a guardarla, a beberla en el momento justo y a escuchar al cuerpo que la reclama es también aprender a moverse con inteligencia en un entorno que no siempre da segundas oportunidades.

Escrito por Gabriele Burchielli

Aquí está nuestro Boletín de Viaje: cada mes te enviaremos un correo con las últimas entradas que hemos publicado. Buena lectura.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

comenta

Aquí está nuestro Boletín de Viaje: cada mes te enviaremos un correo con las últimas entradas que hemos publicado. Buena lectura.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.