Guía e Intérprete del Patrimonio Natural y Cultural
Guía e investigador independiente en geografía humana, paisaje y autosuficiencia.
Combina la experiencia empírica con el estudio crítico de la relación entre las sociedades y su entorno. Cofundador del proyecto Viaje a Edén.
Italiano de 46 años, adoptado por Iberia a pesar suyo —de Iberia digo—, en la vida he sido estudiante, fontanero, policía, librero, camarero, albañil, pastor de ovejas, músico, guía, vago y vagabundo. Maridé la curiosa exploración del entorno y de los seres que lo habitan con estudios regulares sobre paisaje, patrimonio y ciencias naturales. El objetivo siempre fue el mismo a pesar de las diferencias entre los caminos: entender, a través de las vivencias, la relación entre el ser humano y su entorno, relación que cristaliza en la hermosa variedad del paisaje.
Siempre ha sido curiosidad por saber cómo vives, cómo te ganas el pan, cuáles son tus deseos y tus necesidades, pero a la vez entender cómo crece un bosque, cómo se mueve el mar, cómo soplan los vientos.
Mucho tuvo que ver con la historia: miro al presente y no veo futuro; pienso en el pasado y me pregunto cómo hemos llegado hasta este punto y la forma de tomar juntos otro camino. Pero, sin conocerte y conocer al mundo donde juntos vivimos, nunca llegaré a una respuesta que pueda concretizarse en acción.
En mi mente tiene la misma importancia el nacimiento y caída de un imperio, el funcionamiento de una gran corporación y cómo crece una planta, o los problemas diarios de un agricultor, de la persona que me atiende en un mercado o de mi vecino. Viajar con el cuerpo y estudiar con la mente y los sentidos han sido la forma de encontrar al mundo y a ti; esta experiencia es lo que lees en las páginas de Viaje a Edén.
Para que me conozcas más allá de mis intenciones, te digo que mi ética es sencilla: creo que la libertad es condición previa y anterior para que existamos. Sin la posibilidad de elegir y determinarse no hay seres humanos.
Nunca me planteé un compromiso, siempre acepté las consecuencias éticas y morales de este exceso. Pocas veces tuve valor bastante para actuar acorde a este pensamiento, pero sigo soñando y luchando por un mundo sin jerarquías.
Juzgo sin rabia a mí y a los demás; quien no juzga no toma posición. Pero rehúyo del condenar, por saber bien que alguien podría pedirme que pague por mis faltas. La coherencia es un problema que me preocupa cada vez más: me parece a menudo que la filosofía que aplicamos a nuestras vidas tiene como objetivo justificar conductas poco comprensibles.
Esta incongruencia entre acción y pensamiento estalló poco antes del comienzo de este viaje. Ahora lucho a diario contra la hipocresía, mía y tuya; por favor, no me preguntes por el resultado de esta lucha.
Amo las palabras, pero son fáciles, demasiado: la verdad —si verdad hay— es un ademán.
Me gustan los sabores fuertes y sencillos: queso viejo, carne, café y vino; caminar con rumbo incierto; el mar y los faros; el divagar infinito en compañía de un buen amigo.
Tengo culto del cuerpo, algo casi griego, y me resulta complicado separar lo espiritual de lo carnal. Admito que tuve una adicción casi patética por los dulces y luché largo tiempo para dejar el tabaco, por el cual tengo profunda nostalgia.
Quiero a las personas y no aguanto a la gente.
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