Cuando miramos hacia el pasado, solemos hacerlo con la necesidad de encontrar sentido. Buscamos héroes y villanos, mártires y verdugos; queremos ordenar lo sucedido con una lógica que nos permita explicar lo que somos hoy. Sin embargo, la historia no siempre encaja en esa clara narrativa moral. A veces, una misma figura puede ser recordada como benefactor en un lugar y como explotador en otro. Íñigo Noriega Lasso es un buen ejemplo de ello, y también una buena puerta de entrada para reflexionar sobre los puntos de vista de la historia.
Tabla de contenido
- El indiano que lo consiguió todo
- El benefactor en Colombres
- El explotador en México
- Un olvido intencionado
- Memorias en contraste
- ¿Quién decide cómo se recuerda?
- Fuentes consultadas
El indiano que lo consiguió todo
Nacido en 1853 en Colombres, Asturias, Noriega fue uno de tantos jóvenes que, durante el siglo XIX, emigraron a América en busca de oportunidades, los llamados Indianos. En México encontró no solo fortuna, sino también poder. Dueño de haciendas, minas, ingenios azucareros y líneas de ferrocarril que unían sus distintas propiedades, fue un personaje influyente en los círculos más altos del Porfiriato (1876-1911), llegando a ser amigo personal del dictador Porfirio Díaz. Su ascenso económico fue tan vertiginoso como su dominio territorial: llegó a controlar más de 60.000 hectáreas en el Valle de Chalco, una región lacustre al sureste de la Ciudad de México.
El benefactor en Colombres
En Asturias, su tierra natal, Íñigo Noriega Lasso es recordado con admiración. Financiador de obras públicas, mecenas cultural y filántropo, donó su fortuna para levantar escuelas, modernizar calles e incluso construir la majestuosa Quinta Guadalupe, que hoy alberga el Archivo de Indianos. En Colombres, su villa natal, el nombre Iñigo Noriega adorna la biblioteca pública y es sinónimo de éxito y generosidad. En Colombres, su figura representa la promesa cumplida del indiano que no olvida sus raíces. Se pueden leer periódicos de la zona que hablan de él con titulares como: “Íñigo Noriega Lasso, el indiano que llegó más lejos” o “Un indiano de leyenda”.
El explotador en México
Pero, ¿qué ocurre cuando cambiamos el punto de vista y miramos su legado desde México? En el contexto mexicano, especialmente en los pueblos del Valle de Chalco y Tláhuac, su nombre no despierta simpatía. Para muchas comunidades rurales, Noriega fue símbolo de despojo y concentración de tierras. Fue uno de los principales responsables de la desecación del lago de Chalco, una acción promovida con apoyo gubernamental que afectó gravemente el modo de vida lacustre de miles de personas, en favor de la expansión de haciendas privadas. Actualmente el lago no se ha podido recuperar después de ese desastre medioambiental. Las tierras comunales, los canales, las chinampas y la pesca fueron reemplazadas por monocultivos, estructuras patronales y vigilancia armada. Iñigo Noriega Laso, gran empresario en España, en México fue un explotador, mano derecha del dictador, participó en el asesinato de Francisco Ignacio Madero (un dirigente de la revolución mexicana) y provocó la destrucción de gran parte de la civilización rural mexicana.
Un olvido intencionado
A pesar de haber sido una de las figuras más ricas y poderosas del Porfiriato, tras la Revolución Mexicana (1910-1917) la memoria de Iñigo Noriega Laso fue borrada casi por completo de la narrativa oficial Mexicana. Como tantos otros “científicos” y terratenientes de la era porfiriana, su imagen quedó asociada al abuso, al autoritarismo y a la desigualdad. Sus propiedades fueron expropiadas y repartidas entre campesinos sin tierra; su influencia se desmoronó con el régimen que lo sustentaba.
Memorias en contraste
En contraste con el reconocimiento público que recibe en Asturias, en México Iñigo Noriega carece de homenajes. No hay calles que lleven su nombre, ni placas, ni museos dedicados a su obra. Su legado vive, más bien, en los relatos orales de los pueblos que resistieron la expansión de sus haciendas, en los archivos agrarios que documentan la lucha por la restitución de tierras, en las voces de las familias rurales que tuvieron que emigrar y en los estudios de historiadores como Pedro Salmerón, quien resume la situación con estas palabras: “Los latifundios como el de Noriega desaparecieron en los mapas, pero no en la memoria agraria”.
¿Quién decide cómo se recuerda?
Este contraste entre el Íñigo benefactor de Colombres, quien el archivo de Indianos presenta como: “ÍÑIGO NORIEGA LASO: De Asturias a la cima empresarial de México. De emigrante a magnate. Ven a conocer su apasionante historia ¡No te dejará indiferente!” y el terrateniente cuestionado en México, nos obliga a reflexionar sobre los puntos de vista de la historia. ¿Quién cuenta la historia? ¿Qué se recuerda y qué se olvida? ¿Y quién decide qué merece ser conmemorado?
Quizás el problema esté en cómo nos enseñaron a mirar la historia en la escuela: como una lucha entre buenos y malos, entre vencedores y vencidos, entre héroes sin tacha y villanos absolutos. A veces, una misma persona puede representar el progreso en un lugar y la opresión en otro; puede ser recordada como un benefactor en su tierra natal y como un explotador allá donde ejerció su poder. Y ese contraste no invalida ninguno de los dos relatos: los matices no son contradicción, son complejidad.
El progreso casi nunca es neutro: suele beneficiar a unos y perjudicar a otros. Y por eso, entender la historia requiere abandonar el juicio rápido y observar desde todos los ángulos. Solo así podemos ver el entramado real: no una línea recta de avance, sino un mosaico de perspectivas que a veces chocan, se cruzan o simplemente no coinciden.
La historia, al fin y al cabo, no es un tribunal, sino un espejo roto del que miramos el fragmento que más nos gusta, elegimos el punto de vista de la historia que nos interesa.
Fuentes consultadas
- Salmerón Sanginés, Pedro. Los carrancistas: La historia nunca contada del constitucionalismo en la Revolución mexicana. Debate, 2009.
- Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Registros de patrimonio histórico en Santa Fe Tetelco y San Nicolás Tolentino.
- Archivo histórico del Municipio de Valle de Chalco Solidaridad. Boletines sobre la desecación del lago de Chalco y restitución agraria (1917–1924).
- Fundación Archivo de Indianos – Museo de la Emigración (Colombres)
Escrito por Carmen Ruz Rábade
Fotografías: Carmen Ruz Rábade




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