Velas, fotos y pancarta en los pies de una estatua en la Plaza The Great Siege, Malta, pidiendo justicia por el asesinato de la periodista Daphne Caruana Galizia
Pidiendo una justicia que nunca llegará (Autor: Viaje a Edén)

Daphne Caruana Galizia: cuando la verdad cuesta la vida y es inútil

El 16 de octubre de 2017 fue un lunes. Daphne Caruana Galizia acababa de salir de casa. Montó en un coche de alquiler, un Peugeot 208, y arrancó el motor. Eran alrededor de las tres de la tarde. Unos instantes después, una bomba lapa explotó, quitándole la vida. Tenía 53 años.

La violencia de la explosión lanzó el coche a una distancia de 80 metros, en un campo adyacente a la carretera. Fue ahí donde Matthew, el hijo de Daphne, encontró unos trozos de cuerpo que habían sido su madre.

El lugar exacto del homicidio de Daphne es Triq il-Bidnija. Triq significa calle en maltés, en la aldea de Bidnija, en el norte de la isla de Malta, entre Mosta y San Pawl, a unos 15 kilómetros de La Valeta. Si visitas el lugar, encontrarás fácilmente el punto exacto donde se halló el coche: la gente quiso honrar el lugar del luto.

Daphne era una periodista maltesa, nativa de Sliema. Durante su carrera, se volcó en la investigación y denuncia de casos de corrupción, lavado de dinero, clientelismo y los vínculos entre la mafia, las apuestas online y la política en Malta. Muchos de sus artículos pueden leerse todavía en su blog. En este enlace ofrecemos la traducción al castellano de su último artículo.

Durante sus últimos años de actividad, se centró en las numerosas conexiones existentes entre los Papeles de Panamá y miembros del gobierno del primer ministro Joseph Muscat.

En el momento de su muerte, estaba enfrentando 48 demandas por difamación por parte de políticos, banqueros y otros personajes similares. También había sido objeto de repetidas amenazas, tantas que, en varios momentos, su casa estuvo bajo vigilancia policial. Es cierto que, desde que Joseph Muscat, objeto de sus investigaciones, regresó al poder en 2013, la protección sobre la periodista se debilitó aún más.

Cabe añadir que recaía sobre el mismo Joseph Muscat el deber de establecer una investigación pública sobre el caso de Daphne y determinar si su muerte pudo haber sido evitada. Pero el primer ministro no hizo nada. Fueron los herederos de Daphne quienes presentaron una solicitud formal al primer ministro para que comenzaran las investigaciones.

¿Cuáles fueron las consecuencias de la muerte de Daphne? Ninguna. Vale, vale, cayeron un par de cabezas, y largas protestas de los malteses llevaron a la dimisión de Muscat. El Parlamento Europeo, el Papa, el mundo entero condenaron el atentado. No faltaron minutos de silencio, institución de premios, recogidas de fondos… No faltó nada del gran teatro del mundo. Pero nada ha cambiado, sobre todo en la gente, nada ha cambiado. No hablo solo de Malta.

El pueblo sigue aceptando como normal la existencia de una jerarquía: hay quienes mandan y quienes obedecen. Los que mandan se sienten moralmente legitimados para hacer lo que les da la gana: robar, matar, violar, destruir… sin que nadie al final haga nada, más allá de soñar. Porque el pueblo sigue soñando con los reyes buenos de los cuentos, con una heroína o un héroe que lo salve, donando al mundo aquella “justicia” social que nunca tuvo.

Lástima que se quedará siempre en un sueño, porque un individuo se puede enmudecer, desacreditar, comprar o, en última instancia, simplemente matar, como a Daphne, Constantino Ruiz Carnero o Giuseppe Alfano. En este sentido, cada país tiene sus cadáveres. En este sentido, en todos los países, un individuo solo es inerme frente al sistema.

Escrito por Gabriele Burchielli
Foto de Carmen Ruz Rábade

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