Primer plano de una flor de Rábano Silvestre o Rabaniza (Raphanus Raphanistrum)
Flor ya maduras, Foz de Odeleite Portugal (Viaje a Edén)

Cómo reconocer la familia de las brasicáceas

Hay familias botánicas que se dejan reconocer con facilidad; otras exigen tiempo, detalle y paciencia. Las brasicáceas pertenecen al primer grupo porque están en todas partes —en el huerto, en la cuneta, en el descampado que florece en primavera— también conocida como Crucíferas, reúne aproximadamente 350 géneros y unas 3.500 especies de plantas herbáceas y algunos arbustos. En esta entrada aprenderemos a reconocer las brasicáceas, el hábitat, su morfología, y usos alimenticios y medicinales.
Para conocer más sobre la recolección de plantas silvestres, hemos preparado esta breve guía de iniciación.

Tabla de contenido

Hábitat

Las brasicáceas son, en gran medida, plantas de espacios abiertos y suelos alterados. Aparecen en márgenes de caminos, campos de cultivo, barbechos, taludes, descampados y zonas nitrificadas. Muchas especies son pioneras; colonizan terrenos removidos antes de que otras plantas más exigentes se establezcan.

En la región mediterránea es habitual encontrarlas en primavera cubriendo extensiones enteras con flores amarillas o blancas. Su ciclo suele ser rápido: germinan con las lluvias, forman una roseta basal, florecen y producen semillas antes de que el calor apriete.

No buscan el bosque cerrado; prefieren la claridad, el espacio abierto y el suelo que ha sido tocado por la acción humana.Se distribuyen ampliamente por zonas templadas del planeta, con especial presencia en la región mediterránea, la irano-turaniana y el oeste de Estados Unidos.

Variedad de Rábano silvestre creciendo a orilla del Embalse del Chorro
Variedad de Rábanizas creciendo a orilla del embalse del Chorro, Mñalaga (Viaja a Edén)

Cómo reconocer una brasicácea

Aprender a identificar esta familia es relativamente sencillo si atendemos a ciertos rasgos estructurales. Sus hojas, flores y semillas son clave para reconocer las brasicáceas.

Hojas

Las hojas basales suelen disponerse en forma de roseta; crecen pegadas al suelo formando un círculo que protege el centro de crecimiento y optimiza la captación de luz. Este detalle es frecuente en muchas especies silvestres que encontramos en cunetas y praderas.

Las hojas del tallo (caulinares) son alternas; pueden ser simples o compuestas, enteras o profundamente divididas. La variabilidad es amplia. Algunas especies presentan hojas lobuladas; otras, estrechas y alargadas. La pubescencia también cambia según la especie: hay plantas completamente glabras y otras cubiertas de pequeños pelos que modifican su textura. Este contraste entre la roseta basal y el tallo floral ascendente es una imagen recurrente en la familia.

Hoja de Rabaniza o Rábano Silvestre (Raphanus Raphanistrum)

Flores

La flor es el rasgo más emblemático de las brassicáceas. Presenta cuatro sépalos y cuatro pétalos dispuestos en cruz; de ahí el antiguo nombre de Crucíferas. Esta disposición cruciforme es simétrica y clara, incluso en flores pequeñas.

Los pétalos suelen ser blancos, amarillos, rosados o violáceos, según la especie. Se organizan en inflorescencias en racimo, generalmente ebracteadas, que se alargan a medida que las flores inferiores fructifican y las superiores continúan abriéndose.

Uno de los detalles técnicos más característicos es la presencia de seis estambres tetradínamos: cuatro más largos en la parte interna y dos más cortos en el exterior. Este patrón es diagnóstico en la familia y ayuda a confirmarla cuando observamos la flor de cerca.

dos flores de rúcula (Diplotaxis Tenuifolia) iluminadas por el sol
dos flores iluminada por el sol, Bagni di Tivoli, Italia (Autor: Viaje a Edén)

Frutos y las semillas

El fruto es uno de los rasgos más característicos de las brassicáceas. Se trata de una silicua (alargada) o una silícula (más corta y ancha). Al madurar, el fruto se abre en dos valvas que se separan y dejan visible un tabique central denominado replo; en él quedan insertadas las semillas, generalmente dispuestas en una o dos hileras.

Este mecanismo de apertura facilita la dispersión; cuando el fruto se seca, cualquier vibración puede liberar las semillas. En campo, incluso cuando la flor ya ha desaparecido, la presencia de silícuas es una señal inequívoca de que estamos ante una brassicácea.

Mano evidenciando unos frutos de Rábano Silveste o Rabaniza (raphanus Raphanistrum)
Frutos, Foz de Odeleite, Portugal (Viaje a Edén)

Uso alimenticio y medicinal

Las brassicáceas tienen una enorme importancia medicinal y alimentaria. Dentro de esta familia se encuentran algunas de las hortalizas más consumidas del mundo.

La especie Brassica oleracea ha dado lugar, mediante selección y cultivo, a variedades tan conocidas como el repollo (B. oleracea var. capitata), la coliflor (B. oleracea var. botrytis) y el brócoli (B. oleracea var. italica). A partir de una planta silvestre costera se ha desarrollado una diversidad sorprendente de formas comestibles.

También pertenecen a esta familia el rábano, Raphanus sativus, cultivado por su raíz engrosada y su pariente el rábano silvestre, y el berro, Nasturtium officinale, habitual en ensaladas como la conocida rúcula.

En el ámbito de los condimentos destacan la mostaza negra, Brassica nigra, y la mostaza blanca, Sinapis alba, utilizadas para la elaboración de salsas y aceites. Su sabor característico se debe a compuestos azufrados (glucosinolatos), responsables también del aroma intenso cuando se machacan sus tejidos.

Desde el punto de vista medicinal tradicional, muchas brassicáceas se han empleado como estimulantes digestivas, expectorantes suaves o rubefacientes (aplicadas externamente para activar la circulación). El rábano y la mostaza, por ejemplo, han sido usados popularmente para favorecer la digestión y aliviar congestiones respiratorias.

Además, su riqueza en vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes ha reforzado su valor nutricional en la alimentación contemporánea.

Conclusión

Las brasicáceas no son plantas espectaculares; no dominan el paisaje por altura ni por rareza. Y, sin embargo, están en casi todas partes. En el borde del camino; en el huerto; en el plato.

Reconocerlas es aprender a identificar un patrón: la cruz de cuatro pétalos; la roseta basal; la silicua que se abre en dos dejando ver el replo con sus semillas alineadas. Todo estos detalles nos ayudará a reconocer una de las familias más comunes y que más usamos en nuestras cocinas.

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