Foto aérea de Alejandría en la actualidad con su enorme puerto mayor y grandes edificios. Autor desconocido.
Alejandría actual con su puerto Mayor y numerosos edificios.

El Faro de Alejandría, luz del Mediterráneo

Muchos viajeros hemos soñado con el Faro de Alejandría, arribando a sus pies en una noche perdida en el tiempo. Este breve escrito es un homenaje al mar, a los faros, a los navegantes y a los viajeros.

Fundación de Alejandría y sus puertos

Alejandría… Αλεξάνδρεια, así sonaba en los oídos de su fundador, Alejandro el Grande, la ciudad que vería levantarse el Faro de Alejandría. La ciudad nació en el 332 a.E.C. en la zona más occidental del delta del Nilo, ya en sus inicios contaba con el bullicio de cerca de 100.000 habitantes. Se desarrollaba entre dos aguas, el mar Mediterráneo y el lago Mariout (Mareotis) que se alimentaba de las aguas del Nilo, “río bienhechor aunque cambiante”.

Alejandría se asomaba al Mediterráneo a la vez que navegaba hacia los pueblos del interior remontando las corrientes del Nilo. Una posición estratégica que permitió la construcción de 3 puertos: puerto Eunostus, puerto Mayor y el puerto del lago Mariout. El primero, bañado por las aguas del Mediterráneo, acogía grandes barcos y un comercio internacional; el  puerto Mayor, creado a raíz de la unión de la isla de Pharos con la ciudad, permitía un abrigo seguro de la piratería y se convirtió en el puerto más importante; por último venía el puerto del lago, donde navegaban barcos más pequeños que traían exóticas mercancías desde el corazón de África. Será en la Isla de Pharos que surgirá la gran torre, la luz del Mediterráneo, el Faro de Alejandría.

Dibujo de un mapa de Alejandría durante la dinastía de los Ptolomeos. Dominio Público.
Mapa Alejandría durante la dinastía Ptolemaica.

Construcción del Faro de Alejandría

El Faro de Alejandría se emplazaría en la Isla de Faros, frente al puerto Eunostus. La Isla se encontraba separada de la tierra firme por un brazo de mar de 1.316 metros. Homero ya había mencionado la Isla de Faros por boca del rey de Esparta, Menelao, cuando narraba a Telémaco sus viajes de vuelta de la guerra de Troya:

Hay una isla en el ponto de agitadas olas delante de Egipto -la llaman Faro-, tan lejos cuanto una cóncava nave puede recorrer en un día si sopla por detrás sonoro viento…»Forastero, te voy a informar muy sinceramente. Viene aquí con frecuencia el veraz anciano del mar, el inmortal Proteo egipcio, que conoce las profundidades de todo el mar, siervo de Poseidón…” (Homero, Odisea, Canto IV).

Fue Sóstrato de  Cnido, arquitecto e ingeniero helenístico, quien sorprendió al mundo uniendo el puerto y la isla a través de un puente inmenso llamado Heptastadion (III a.E.C.).

Luego, bajo el mandato de Ptolomeo II (308–246 a. E. C.) en esta épica isla Sóstrato de Cnido, construyó una torre para guiar a los navegantes a puerto. La torre de la Isla de Faro (Pharus Turris) quedó acabada en el  247 a.E.C. y pasaría a llamarse faro. El faro de Alejandría o luz del Mediterráneo como fue conocido, se alzaba majestuosamente hasta una altura estimada de más de 100 metros, imponiéndose como una de las estructuras más altas de su época. Esta imponente altura no solo permitía que su luz fuera visible a gran distancia en el mar, sino que también lo convertía en una maravilla arquitectónica sin igual.

Viajeros de varias épocas y culturas plasmaron en palabras su admiración por el Faro de Alejandría. La luz del Faro asoma entre las páginas de Estrabón (Geografía, XVII,6) y Julio César (Guerras Civiles III, 112, 1), mientras que Plinio describió su uso y costes de construcción (Historia Natural XXXVI,18);  Luciano, Svetonio y Diodoro Sículo lo nombran con admiración.

“… Hay también otro edificio que es sobremanera memorable; la torre que fue construida por el rey de Egipto, en la isla de Faros, en la entrada del puerto de Alejandría. Ellos dicen que el coste de su construcción fue de 800 talentos (n.d.r. un talento eran 6000 dracmas de plata, por lo que su coste fue de 4,8 millones de drac­mas); y no hay que omitir que el rey Ptolomeo mostró su benevolencia en este caso al permitir al arquitecto Sóstrato de Cnidus inscribir su nombre en el edificio [habitualmente no estaba permitido que los ingenieros o arquitectos pusieran su nombre en las construcciones]. Su objeto es, mediante la luz de los fuegos en la noche, dar abrigo a los barcos, de los barcos vecinos y para se­ñalar la entrada al puerto…”

Plinio (Historia Natural, XXXVI, 18)

Estructura y dimensiones del Faro de Alejandría: fuentes musulmanas

En la Edad Media el Faro de Alejandría sigue brillando en las páginas de Isidoro de Sevilla, y resplandece como una estrella en los escritos de los sabios musulmanes, como Ja-Qubí (siglo IX); Al Barrí (siglo XI) y Al-Idrisi, el gran geógrafo y viajero que creía en la esfericidad de la tierra y que fue el primero de su gente en describir la aguja magnética de una brújula. Pero la fuente mejor y mejor conservada, que describe detalladamente el Faro de Alejandría la encontramos en la obra de Ibn-Rustah e Ibn Al Sayj, el Andaloussi, (siglo XII), en su obra Kitaf Alif Ba o Libro del Abecedario. Está descripción junto a nuevos descubrimientos sirvieron a los investigadores del siglo XX para poner en pie las actuales teorías del faro de Alejandría. Así Al Sayj describe el Faro de Alejandría:

“La base de la torre se realizó construyendo los cimientos sobre la roca de la isla. Perimetralmente, se construyó un muro de anchura entre 6 y 8,5 m cuyo lado exterior se encontraba ligeramente inclinado siendo el interior vertical, con una cota de 6,5 m sobre el nivel del mar; que en el lado que miraba al puerto descansaba sobre la roca descubierta y del lado del mar lo hacía bajo el fondo con una protección de escollera, al modo griego, hasta el nivel medio del mar.  Por tanto, el faro descansaba sobre una plataforma ele­vada cuadrada de unos 60 m de lado. Se accedía desde el mar por un muelle que miraba hacia el interior del puerto y desde tierra por un puente, que según nos relata Al Sayj, era de unos 183 m que lo unía con la isla de Faros y cre­cía gradualmente hasta alcanzar la superficie de la plata­forma. El Segundo cuerpo Planta octogonal de 10 pasos de lado, altura de 15 brazas y azotea de 9 palmos de ancho y por último el tercer cuerpo: Planta circular de 40 pasos de perímetro, altura 15 brazas y rematado por una cúpula  de unos 9 metros de diámetro con salida de humo pues era donde se guardaba el fuego.”

A pesar de que cada testigo relata su propia verdad, todos, escritores y viajeros, coinciden que el Faro de Alejandría estaba compuesto por tres secciones principales: una base cuadrada, una torre octogonal en el medio y una parte cilíndrica en la zona superior que estaba recubierta por espejos metálicos que reflejaban la luz del sol indicando su posición por el día y por la noche se mantenía un fuego encendido que según Estrabón se podía ver a 100 millas. Esta estructura escalonada, no solo proporcionaba estabilidad a la torre, sino que también facilitaba el ascenso de los cuidadores del faro, quienes mantenían encendida la llama durante la noche y aseguraban que la luz guiara a los barcos de manera efectiva. Se cuenta que estaba revestido de mármol blanco reluciente y construido en caliza y granito que le otorgaban una apariencia deslumbrante, especialmente cuando la luz del sol se reflejaba en su superficie. En la cúspide de la torre, una estatua gigantesca, posiblemente representando a Zeus Soter, agregaba grandeza y esplendor al conjunto arquitectónico.

Dibujo del faro de alejandría por el musulmán Al sayj (1165)
Faro de Alejandría por Al Sayj (1165)

Plinio nos recuerda que Sostrato de Cnidus inscribió en la carne del Faro su nombre y una dedicatoria que decía “En nombre de los marineros a los divinos salvadores”: quizás la grandeza del faro fuese una ofrenda a los dioses para que cuidasen de aquellos que viven del mar.

Dibujo del faro de Alejandría con las dimensiones más probables. (José María de la Peña Olivas)
Dibujo del faro de Alejandría con las Dimensiones más probables. (José María de la Peña Olivas)

Representaciones del Faro de Alejandría: el mosaico de Venecia

A lo largo de la historia se han hecho muchas representaciones del Faro de Alejandría, se acuñaron monedas, se hicieron pinturas, mosaicos y otros. Pero, según historiadores y arquitectos, la representación, que entre todas, mejor conserva los rasgos más característicos  del Faro de Alejandría, se encuentra en Italia, en otro de los grandes puertos del Mediterráneo. Se trata de un mosaico, del siglo XI o XII, de la capilla Zen, en la Basílica de San Marcos de Venecia. Es el único viaje hacia el Faro que queda a quienes no sueñan con bastante fuerza

Foto del mosaico de la capilla Zen en la Basílica de San Marcos en Venecia. Podemos ver el faro de Alejandría. Dominio Público.
Mosaico de Venecia con el faro de Alejandría. San Marcos Navega a Alejandría.

La caída del Faro de Alejandría: el terremoto de 1303 E.C.

A lo largo de su historia el Faro de Alejandría estuvo expuesto a transformaciones y remodelaciones y sufrió varios seísmos que dañaron las estructuras internas. El golpe definitivo llegó en 1303 E.C. Aquel año un terremoto de magnitud 8 con epicentro en la bella Isla de Creta, provocó un fuerte tsunami y grandes destrozos. El Faro de Alejandría cayó, roto para siempre, en el abrazo del mismo mar que lo vio nacer. Tiempo después, en 1480, bajo las órdenes del sultán de Egipto Qaitbey, a los pocos restos del faro que habían quedado, se le concedió una segunda vida,  engrosando las paredes de un fuerte construido en su misma plataforma.

Foto de la ciudadela de Qaitbay, con el enorme fuerte construido en 1480. Autor desconocido.
Fuerte de Qaitbey construido en 1480 E.C. Desconocido

De la antigua de Alejandría poco nos queda, y es por su “afortunada” posición geográfica: se levantaba justo en medio de dos placas, la del Mar Rojo y la africana-arábiga; los terremotos eran una normalidad. Tampoco la tierra que la sostenía ayudó: su suelo arcilloso estaba sujeto a una progresiva licuefacción provocando el hundimiento de la tierra debido al peso de grandes edificios. En el año 365 E.C. un gran seísmo con epicentro en Creta, acompañado de un tsunami, dejó bajo las aguas del mediterráneo varias islas y ciudades, entre ellas Alejandría, desapareciendo un 20 % de la ciudad y al completo su puerto Mayor. Amiano Marcelino vivió el aquel fatídico día:

«Poco después del amanecer, tras una negra tormenta llena de relámpagos y truenos, toda la superficie de la tierra se vio sacudida y tembló; el mar se abrió y las olas se replegaron, de manera que quedaron al descubierto las profundidades y pudo verse a muchas especies de animales marinos atrapados en el fondo. Fue entonces cuando, según se creyó, valles y montes enormes vieron por primera vez la luz del sol, después de que la naturaleza creadora los hubiera colocado en las profundidades del mar. Así, muchas naves quedaron varadas como si estuvieran en tierra firme y, libremente, entre lo poco que quedaba entre las olas, podían capturarse con las manos peces y otras especies similares. Entonces el fondo del mar, bramando como si estuviera en desacuerdo con ese retiro forzoso, se elevó a su vez y, a través de grandes superficies, se lanzó con violencia sobre islas y sobre la tierra firme, arrasando innumerables construcciones y templos, ya en ciudades o ya donde se topaba con ellas.» ( Amiano Marcelino, Rerum Gestarum Libri)

Cambió la forma de la tierra, cayó la unión de la ciudad con la isla de Faro, se hundieron templos, palacios y colosales estatuas: la Alejandría de Alejandro Magno quedaba sepultada bajo las aguas del Mediterráneo junto con el Faro, su antiguo esplendor entró en la leyenda, poco a poco la ciudad olvidó su antiguo poder, quedando como adormilada a los pies del mar, a los pies del Nilo.

Alejandría y el Faro en el siglo XX: los descubrimientos de la arqueología subacuática.

Pero la historia está llena de sorpresas. Los humanos abrieron la tierra, y el mar Rojo se unió al Mediterráneo a través del Canal de Suez (1859-1869). En 1870 se construyó una escollera que amplió el puerto de Alejandría por la zona occidental, que se convierte en el mayor puerto del Mediterráneo Oriental, acogiendo el 80% del tráfico marítimo exterior de Egipto. Alejandría había vuelto a vivir, los barcos y los marinos ya no eran solo un recuerdo.

En los años 90, el arqueólogo submarino francés Franck Goddio, rescata los restos de la ciudad antigua y da un lugar, en la geografía actual, al antiguo puerto Mayor. Son numerosas las piezas halladas bajo las aguas, desde esculturas de granito hasta la estela real de Heraclión.  Pero, ¿Qué fue de aquella luz del Mediterráneo, el gran faro de Alejandría? Goddio tras más 15 años de búsquedas submarinas, afirma que las ruinas del faro se encuentra en tierra, en el emplazamiento donde se erigió, dando vida a otro edificio.

Conclusión

A pesar de su desaparición física, el Faro de Alejandría sigue siendo una fuente de inspiración y asombro. Su legado perdura en la memoria colectiva de la humanidad. La Luz del Mediterráneo sigue despertando mitos y leyendas, sigue evocando historias de marineros y piratas, tiene color azul y sabor a sal, y dio nombre a todos los faros del mundo.

Vendió cebada picada y a alto precio.
Roma es el reino de los beneficios rápidos. Yo llegue en Abril
y en abril mismo puedo ya irme. No he perdido el tiempo.

No me agrada la alta mar;
ni las grandes nubes que están cubriendo el cielo.
¿Pero que importa eso? Para mi cada roca es una isla;
y la alta mar tan firme como una llanura.

No temo los vendavales.
Me río de las tempestades y de los naufragios.
Alejandría con sus anchas calles.

me espera, y pronto estaré allí. ¡Oh amigos, preparaos!
¡Apartaos de la cuba del vino!
¡Qué audaz se nos revela!
Tras el viaje su espíritu vuela hacia el vino de Samos!

(Mercado en Alejandría, Abril de 1893, Konstantino Kavafis)

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Viaje a Edén es una progresiva liberación, una progresiva perdida de peso, el rechazo a lo innecesario, a la dura presencia de los objetos, en un intento constante de controlar el miedo hasta liberarnos; como un andar incierto que se convierte en pasos largos carrera salto: la verdad, si verdad hay, es un ademán. Estás leyendo una búsqueda, un intento de crear, encontrar o volver a un Edén, a un lugar donde ser nosotros mismos, en plenitud de cuerpo y espíritu, en armonía con el mundo, con sus ritmos, sus leyes que no se cuidan del calendario humano, siempre y solo miran al Sol.

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